martes, 19 de noviembre de 2013

El otro siete



Convocados por la Fundación Eva Perón, en 1948, los equipos de Primera se enfrentaron amistosamente con sus clásicos rivales. En 57 y 1, Estudiantes le ganó a Gimnasia 7 a 2: una paliza sin equivalencias y, acaso, la siembra histórica de 2006

Hay contextos, impensados de antemano, que pueden determinar y modificar las características de un acontecimiento y su posterior trascendencia. En el fútbol, esas particularidades redundan en hechos extraordinarios que le abren el baúl a los mojones y los hitos de la historia. ¿O Aldosivi, por caso, no sigue tipeando historia grande con lo que debió ser un partido más de liga local cuando Alvarado lo enfrentó en una última fecha y, paradoja del destino, necesitaba que su rival lo venciera por goleada para repetir el título y habilitarle un repechaje para el Regional? Insospechado, sí. Pero real: mandaron a la cancha un once de 4ta. y 5ta. y no hay pozo para el arrepentimiento: fue 0-13.
“Picón”, picado como en la plaza, “match vermouth destinado a despertar el apetito para deglutir con más ganas el manjar por venir”, inferían los comentarios periodísticos de época por lo fuera de lo común del encuentro, anticipando además la revancha al caer por el campeonato, siendo que era el tercer partido amistoso entre pinchas y triperos, que no se enfrentaban en esta condición desde… 1917.
Amistoso u oficial, Estudiantes jugó a sus anchas esa calurosa tarde y le puso fibrón rojo al calendario del 17 de agosto de 1948, tanto por causalidad de presente como por peso de la historia: hasta el lustro mágico del regreso de Verón y los cinco al hilo con el 7-0 como punta de lanza, la del ’40 era la década de mayor diferencia en el historial entre uno y otro (8 victorias y sólo dos derrotas, con descenso incluido para el Lobo cayendo en la última del ’45 contra el Pincha en Lanús) y había marcado un período de prepotentes donaciones con los logros en las copas Escobar y República y el tercer puesto del ’44. Y, en adición, como en extraña deuda, Estudiantes refrendaría el 7-2 tres semanas después, también de local, con un 6-1 y otra goleada implacable a Gimnasia. Lee bien: 13 goles al clásico en 18 días.
No hubo equivalencias de ningún tipo: un equipo que llegaba al amistoso con el Lobo con un Infante encumbrado en la tabla de goleadores, que peleaba el torneo y había perdido el liderazgo sólo un par de fechas antes frente a River, y marcaba la mejor campaña entre el hito de Los Profesores del ’31 y el inicio de la gloria toda en el ’67; y otro que terminaría aquel 1948 en posición de descenso, luego anulado tras la huelga de los profesionales que determinó la suspensión del torneo y su continuidad con juveniles.
Además de los siete goles, si algo extraordinario acumuló el partido, que se jugó a la misma hora que los otros clásicos programados por la AFA y el Gobierno para colaborar económicamente con el organismo de asistencia social del Estado, se dio por la inusual fecha de disputa (feriado de martes por la tarde) y por la posibilidad de cambios ilimitados que tuvieron los técnicos de ambos equipos, lo que obligó (ver aparte) a suspender el tradicional partido de Reserva para cuidar jugadores y mecharlos en Primera. Y hay más: la ausencia del entrenador tripero en el banco de suplentes… el mismísimo Nolo Ferreira, en una de las efímeras experiencias como entrenador que tuvo el crack pincha del amateurismo, reemplazado ese día por el volante central, Roberto Scarone, que trocó pilcha de futbolista por saco de DT, de posterior y luminosa carrera como entrenador en el Peñarol de los ’60.
Ausentes Ogando y Arbios en el albirrojo, y sólo el zaguero Charini en Gimnasia, los equipos bajaron en cancha lo mejor disponible -aun habiendo jugado por campeonato 48 horas antes- para no restarle interés a un partido cuyo objetivo era lograr concurrencias de las amplias por su estricto sentido benéfico. Por eso el triunfo y su trascendencia, pese a la inusual disposición de permitir suplentes y el varieté de cambios: el 5-0 parcial del primer tiempo se produjo con las formaciones base que uno y otro venían mostrando en el torneo oficial. Como en 2006, un año sin equivalencias…
El primer gol llegó apenas iniciado el partido, sobre el arco del Industrial: una asistencia pasada de Gagliardo, desde la derecha, sobró a Menella y Barreiro cabeceó, sin marca, para el 1-0; el segundo, obra de Alberto Pogliani, titular en lugar de Arbios, capturando un rebote largo del arquero Poggi; el tercero y el cuarto, a través de centros sinónimos de Gagliardo, que, como en el primero, hizo malabares con sus desbordes, abrió el espacio y cedió, respectivamente, para Pelegrina e Infante, autor también del quinto con una atropellada furibunda antes de terminado el primer tiempo.
El complemento mostró a las dos escuadras con varias modificaciones y un Estudiantes que, pensando en el domingo siguiente contra el animador Racing, bajó la guardia en un clásico que se había cerrado en apenas 45 minutos. Garcerón y Gagliardo aumentaron números, José Santiago descontó después por dos, pero los goles triperos apenas sirvieron para decorar un 7-2 que, por momentos, midió elevar la cifra y fundó un marcador reapropiado por los pinchas de ayer, y extendido hasta hoy, como mandato místico.

* Un escrito para el número 81 de Animals!.

jueves, 7 de noviembre de 2013

De valor nudo... nada



Concepto Cero x Concepto Cero: El Compilado
Concepto Cero
(2013)

Será la ubicación de los vocablos la que define las valoraciones conceptuales del sello: si el cero ubicado a la izquierda de un número entero no modifica su valor, a la derecha lo decuplica. Y, entonces, lejos del final de algún recorrido, el cero actúa como el principio de todo en CC y el sello independiente puede mutar, así, en un compilado de temas de los músicos y bandas a las que edita; o ser un engranaje más del Tica Red (que con Concepto Cero, integran Dice Discos, Tomas del Mar Muerto, Serial Música, Desde el Mar (Mar del Plata), DDP (Tandil), Spin Conectora y Uf Caruf!) que aglutina a una porción importante de los catálogos independientes que trascendieron, en el último tiempo, en minestrones culturales como La Plata y otros polos bonaerenses. Uno de los tantos colectivos destinados a trocar la lógica comercial de la cadena donde la parte del león se impone como lucro para discográficas y distribuidoras: invirtiendo las matrices hegemónicas de producción, lo que predominará, ante todo, será el artista y su obra.
El compilado propone dar muestra de todo esta ecléctica (sobre todo, eso: de diversidad hablamos) “nueva energía” que transmite el sello desde su particularidad: siete bandas (Shaman y Los Pilares de la Creación, Mostruo!, Excursiones Polares, El Perrodiablo, Casimiro Roble, Brahman Cero, Tata Laxague) que no sólo dejan su corte de difusión, “como una forma de introducir a Concepto Cero a nuevos mercados: radio, festivales, revistas, catálogos”, a decir de uno de sus mentores, Nico Madoery, sino que los propios artistas del sello se versionan entre ellos. Así, en el inicio de un hipotético Lado B de seis temas, decantarán los Perrodiablo versionando el folk de nervio psicótico que proponen las guturales formas de Shaman Herrera; ellos mismos, en la imagen blusera de “La guerra psicológica” propuesta por Excursiones Polares; o la interpretación experimental desde las tomas electro que patentan los Brahman Cero en “Tiempo ahorrado” de Excursiones Polares.
La producción, que contó con el apoyo del Instituto Cultural bonaerense vía el Catálogo de Sellos, decanta, también, a través del collage gráfico diseñado por Emmanuel Orezzo sobre imágenes de Corina Arrieta, Francisco Laxague, Cata Moncal y Valentino Tettamanti.
“Dejame que crea que son para mí, imágenes tenues huracanadas”, presagia el Doma en “Algo sobre estar vivo”, tema que abre El espíritu, el último laburo de los Perrodiablo y que integra el compilado. Ampliando la subjetividad al interpretar la metáfora, de esa manera, quizás, se pueda resumir el devenir de un sello, con posturas y estilos diversos, que se propone (Madoery txt) generar una escena que trascienda los géneros al producir y pensar las producciones musicales emergentes.

* Un escrito para el número cinco de Estructura Mental a las Estrellas.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Ollas


La "Manka Fiesta"; "la Manka", a secas, vincula al norte jujeño durante la tercera semana de octubre en la frontera de bolivianos y argentinos. Cada año, se celebran aquellas reuniones de intercambio, originarias del camino de los incas, donde sólo se establecía permiso para el trueque -el cruce directo sin dinero ni valor entre los productos que se ofrecían- según las necesidades de cada uno de los pueblos de la zona.

domingo, 28 de julio de 2013

Terrenos


De Bohemia, en Checoslovaquia, tierra de gitanos. Nómades por naturaleza, dirán -pero por imposición socio-política anclados en Francia para ser llamados "bohemios" por su origen, Atlanta la bohemió (?) por más de cinco barrios de Buenos Aires hasta dar con unos terrenos de Villa Crespo, a cuadras de la antes calle Corrientes, y echar definitivamente a sus rivales funebreros del otro lado de la General Paz. Atlanta tiene algo de checo y era uno de los equipos más complicados de llenar en las "Canchita": las "A" salían poco y nada.

viernes, 3 de mayo de 2013

“Todo lo que hicimos extramusicalmente boicoteó nuestra música”


Con el disco homónimo, coquetearon, con crudeza, el placer de los excesos con un anagrama de su propio nombre. Los Crema sentarían, así, las bases de una conducta social patentada en el grito de guerra de Espíritu de clase: “Negro de alma”, clamaron. Hoy proponen su Plan para Todos: Apostasía, tanto título como declaración de principios en la era del Papa criollo.

Hay una cama que no conoce. Recién cuando despierte notará que, ni esa madrugada ni las que vendrán, será la suya; tampoco la habitación: el techo del espacio que comienza a familiarizar tiene las medidas de un entrepiso que conduce, por una exigua escalera del lado izquierdo, a la parte de abajo. Allí hay dos personas que hablan; también un pequeño velador como centro de mesa y una luz tenue que se antoja desde la antecocina, tratando de disimular, para los ahora tres presentes, el sol otoñal que irremediable llega tipo seis y pico. El que se sumó último a la reunión no recuerda haber escuchado los temas del cierre de los Crema del Cielo la noche con Valle; respira la agitación y le agradece la gauchada al más alto de los dos que siguieron caminando la madrugada después de terminar el recital del Galpón.
“¿Qué gesto, hermano? Chabón, lo haría cualquiera”. El músico alardea; mira al compañero compinche de la seguidilla que ancló en la casa del entrepiso escaso, buscando complicidad en ese vértigo interno que el momento le exige.
“Tiene razón. Estabas agachado cerca de un cantero, con el móvil ahí cerca, regaladísimo. Te subimos al auto y te trajimos”, dirá Mauro.
Hay otros quiebres que pueden anticiparse, que no son de una noche o del corto plazo; son rupturas que se cocinan a fuego lento, como esa relación que resiste a lo irremediable de la separación hasta que lo que unía se corta por lo más ingrato. Ese necesario e irremediable cambio puede significar, también, una instancia vocacional de ir a más. “No creo que sea algo nuevo. Sólo nos enfocamos más en hacer música que en descontrolar. La vida de todos cambió; la de casi todos. Así que eso lleva a un cambio en lo general”, despunta el Boya, el cantante que supo pararse en una esquina céntrica de La Plata con un cartel oficialista, tan sincero como provocativo, en los primeros intentos de marcha campestre de 2008; es uno de los dos Rulli sentados alrededor de la mesa, en ese jardín al fondo de Meridiano V. El otro es Daniel, el percusionista: “Este vive como un rockero de los ‘60”, lo señala. “Yo, en cambio, vivo como un anciano de los 40 y sigo igual”.
Aunque prefieren no hablar de rupturas a secas, hubo una noche de 2011 de antes y después. Era viernes y, a las horas, Gimnasia se jugaba la permanencia en Primera frente a Boca. Fue la última vez, con el conocido desenlace de los partidos con los sanjuaninos, que nombraron al Lobo en directo. Ni tocaron los días del hincha por venir (Boya supondrá luego, contra su voluntad, que fue porque escasean las invitaciones). Primero fue un amague, después la concreción: el Rulli de los coros sacó una bandera con la franja azul frente a la batería, ya de Edu Carreras, el único pincha del grupo que, hasta su llegada, hacía del rojo y blanco lo más parecido al repelente.
Boya: Lo que está hecho, está hecho. Si me preguntás ahora si le pegaría de nuevo la cachetada a ese que le pegué la cachetada (NdR: el show con Mataplantas en el Pasaje Dardo Rocha donde los porteños alteraron la paciencia del vocalista) y fue un papelón para todo el mundo, le pegaría de nuevo. No cambiaría nada. Pensándolo un poco, más que un quiebre es un cambio dialéctico: pequeñas cosas que van variando en cada uno y eso hace que varíe todo en general. Son pequeñas cositas que un día dan un vuelco y de repente te das cuenta que las cosas funcionan de manera muy diferente a hace algunos años.

La personalidad y el “prontuario” del grupo siempre dijo más que su música o su poemario. No se hablaba de Crema desde la obra…
Boya: Eso siempre fue un boicot contra nuestra propia música.

El único que reconoce el espíritu autodestructivo que definió a la banda y empalagó los gustos musicales de tipos como Manuel Moretti, es el Laucha, el bajista del gorro con visera eterna, el hermano del Ramírez (el más grande: Mariano) de la radio comunitaria donde el grupo rozó la disolución; y de Nacho, siempre cercano a dar una mano por la banda. “Yo creo que en algún punto nosotros queríamos un poco todo eso”, acepta.
Daniel: No sé si lo queríamos. Pero somos responsables totalmente. Éramos muy desbocados con algunas cosas.
Boya: Fuera de joda. Y te lo digo a modo de título: todo lo que hicimos extramusicalmente boicoteó nuestra música. Se le prestó más atención a todas esas giladas que a las canciones. Pero la verdad es que no me arrepiento de eso: no tuve nunca una pose. Siempre hice lo que tenía ganas de hacer. Entonces no me puedo arrepentir, porque ahora estoy haciendo lo mismo.

Como la lógica futbolera aplicada a la música: ¿se toca como se vive?
Todos: Sí. Totalmente.
B: El momento que tenés de composición o de armar los temas, estás solo. No vas a estar yendo a buscar a tu hijo a la escuela y haciendo una canción. Así que básicamente eso no cambia mucho…
D: Igual eso no lo entiendo. Hay gente que se sube a un escenario y cambia de personalidad: ¿cómo funciona? Lo detesto. No quiero ni pensarlo. ¿Cómo puede ser que haya gente que para tocar sea de una manera y para vivir sea de otra?
B: Tiene que ver con el escenario…
El baterista interrumpe. Es el que más habla siempre después del grupo de hermanos. Será así a lo largo de la tarde: “Pará, pará (sic). ¡Ney Matogrosso se travestía para tocar y es un groso!”.
B: ¿Vos vas a ver a los Stones y qué preferís: a Keith Richards y Jagger con pelucas puestas o que aparezcan en silla de ruedas y pelados como están en la casa?
D: ¡Si no están en silla de ruedas y pelados…!
B: El pelo de Jagger no es real, dale… No se puede tener ese cabello a los 70 años. Lo nuestro no es hacer espectáculo; es hacer música, nada más.

En ese ida y vuelta de casi diez años, la resignificación de una inercia de ensayos, siempre en el límite de lo que toleran las noches que rompen en madrugadas, completó el combo y se trasladó al intento de otras búsquedas musicales. “Por eso no es un quiebre, sino una evolución. No es lo mismo componer a los 15 años que a los 40, porque a los 15 no tenés ninguna experiencia. Si me decís que compongo diferente que hace cuatro años, te digo que sí. Pero eso tiene que ver con el paso del tiempo y con las ganas o las necesidades que tenga uno. Mientras las cosas te fluyan… no te tenés que poner a pensar nada; sólo en componer”, sugiere el Boya. “Pero claaaro”, apura Eduardo. “Evolucionar también es eso: que lo que vos tengas para decir, lo digas de manera posta, lo traduzcas fielmente. Ser profesional no significa ser un ortiva: es organizarse y hacer las cosas. Nada más. Es eso. Estamos más enfocados en el arte y no en todo lo que lo rodea”. “Por eso. En el primer y segundo disco buscamos nuestro sonido. Ahora creo que estamos encontrando nuestra música más original; nuestro Crema del Cielo; más nosotros mismos y no tanto una repetición de cosas que venían, sino que eso maduró dialécticamente como para que ahora tengamos una identidad menos identificable con otras cosas”, suma el cantante.
La casa de la reunión tiene una pileta enrejada, algunos arbustos bajos que amagan dar sombra y, curiosamente, una medianera más corta de lo que aconseja el tiempo cotidiano filtrado por los medios con imagen; sobre la mesa, un Fernet del original, una tónica -también de la original, antes uruguaya- y algún cuelgue blando. Esa tarde, Cristina pasa en helicóptero hacia el regimiento de Arana para “supervisar ayuda para los inundados”. “Yeeeeeeeeegua”, imita el Laucha a los opositores con el sarcasmo propio de la banda. El que va más allá es, otra vez, el Rulli de los coros. Se imagina un 18A infiltrado como grupo soporte de las cacerolas. “De la única manera que podría tocar en un lugar así, sería con un cinturón lleno de explosivos; básicamente, para hacerlo detonar una vez terminado el acto sin ningún problema de entregar mi vida. En un 90% de lo que vi, era gente despreciable. Yo no tengo una postura decididamente oficialista, pero lo que más me convierte en oficialista es ver la gente que se manifiesta en contra del gobierno. Ese es el mejor aliado que tiene el kirchnerismo. Es gente desagradable y sin fundamento. Quise ir a sacar fotos y no pude porque me deschavo. Me cago a trompadas a los dos minutos”. Entre la risa general, el Boya sugiere no ser tan explícito. Pero se arrepiente: “Es que ahí correría riesgo tu vida. Podés reaccionar, pero te agarran entre 50 mil y te matan. Tenés que ir enfierrado y bajar a un par”.

Sí hay una marcada continuidad en cómo expresaron su lugar dentro de este contexto político, cada vez que han tenido que decir algo… ¿Compromiso, necesidad?
B: Cuando fui a la marcha del centro y aparecí en el diario con el cartel -contra mi voluntad, porque no había un periodista en ese momento- me acuerdo que me llamaron de una radio y les pedí que no dijeran que era el cantante de Crema del Cielo; que me hicieran una nota como un pibe que estaba ahí para contar la reacción violenta de esa gente. Quería mostrar el discurso vacío. No quería hacerme el héroe, ni que la gente me conozca por eso. Se suele mezclar con la banda porque pongo mucho el cuerpo. Pero no voy en nombre de Crema del cielo. Soy militante.

Aceptabas, aunque sin remordiendo sino todo lo contrario, que siempre se dijo más de ustedes por lo extramusical que por la obra. ¿Cómo logran, entonces, no “contaminarla” por afuera?
B: … Es que se va a contaminar igual. No me quiero comparar, pero Discépolo era un genio y los antiperonistas lo mataron, lo hicieron concha. ¿Y qué iba a hacer Discépolo: escribir otras canciones o decir otras cosas para dejar contentos a todos? Si hacés eso, no sos un artista. No tenés personalidad…
D: Hay gente que escribe la música pensando en a quién le va a desagradar o a quién se la va a vender. Lo que más tenemos al alcance es eso. Las bandas que uno reconoce como grandes acá en Argentina lo hacen. ¿Qué dudas hay?
B: Lo que no puedo ponerme a pensar, es eso: cómo actuar para agradarle a los demás. No puedo detenerme en eso. No me sale. No lo voy a hacer nunca.

“Apostasía” tuvo un nombre sustituto que quedó en la nada (El hipotético “Pinamar” coincidió con los trámites de desfinanciamiento colectivo de la Iglesia iniciados por los hermanos Rulli) y su anticipo causal, vía web, el pasado 18 de abril. Horas antes, la marcha. Horas después, como Estelares o Encías Sangrantes en Duro de Domar, “Volver en taxi” (“Se puede fantasear llamando la protesta ‘popular’ con cuadra y media de cola para volver en taxi…”) se convirtió en el fondo sonoro de los informes por venir en 678. “Apareces”, “Día a día”, “Proyecto tu”, “Plaza Sarmiento”, “Un éxito” (“México” de cuando era aún inédito), “Palabras”, “Occidente” y “Entra en pánico” se sumarán a la lista total de trece temas. “Más o menos compusimos veinte y quedaron once”, dice Fernando. Glombovsky es el guitarrista de apellido estridente y el que durante la entrevista apenas dirá algo más que el ausente que completa el sexteto: Leo Giordano, el de las teclas. El disco tendrá su presentación durante junio o julio, dos temas instrumentales y los aportes de Manza Esaín (Valle de Muñecas), Shaman Herrera y la ex Lumilagro, Valeria LaFerrara, en voces; y la gráfica, de la que no adelantan conceptos, para el ex Crema, Marcelo Pilegui (“Convivió con nosotros tres años. Conoce nuestro entorno y nuestra historia. Sabe todo”, fundamenta Boya), hoy instalado en Francia, con el que registraron “Espíritu de clase”.

¿Cómo los interpela la Catedral?
B: Yo tomé la comunión y la confirmación.
L: Con Fernando quisimos entrar a robar de noche (risas), pero no nos llevamos nada. Subimos hasta la cruz y pusimos un deseo cada uno; era una cosa que queríamos para nuestra vida. Escribimos “Lobo campeón” y “Noe te amo por siempre”. Y, hasta ahora, Gimnasia nunca salió campeón y Noelia se casó siete veces…

Oriundos de la ciudad donde han hecho toda su experiencia musical, con excepción de giras por Córdoba o alguna localidad bonaerense, siguen viendo como una cuenta a saldar la difusión más allá de la 32. “Para eso se necesita que nos hagan contactos, salir y poder intercambiar fechas”, ensaya una respuesta Dani. De esas pocas salidas, hubo una que se multiplicó sin límites precisos; un “secreto de sumario” que prefieren llevarse a una tumba alejada de Los Toldos y que sólo tiene a favor el recuerdo sarcástico del Laucha: “La pasé bomba”.
B: Fue la definición de lo que es el infierno. Dame ese día y esa combi todos los días de mi vida y eso es el infierno… A la ida comimos con un mono; el Laucha le mostraba el culo a los gauchos…
D: Se puso así en la barra (actúa una pose, se pone de espaldas en 90 grados, gira la cabeza hacia el grupo e imita una bajada de pantalones con ambas manos) y le mostraba el culo a los gauchos…
B: Después a la noche nos trajeron un lechón adentro de una caja de cartón sin cubiertos y lo comimos con la mano. Así nomás, ahhhh, desquiciados, sin un repasador y con todas nuestras barbas largas engrasadas con cerdo. Tocaba una banda heavy atrás de otra. Era como el infierno; un club de motoqueros que daban vueltas; un calvario. Hacían “buabuabuabuabua” y giraban, iban y venían…
E: Cantaban “rock duro, rock duro, a esos wachiturros me los como crudos…”.

El Boya deja la entrevista. Aprovechará el Laucha, entonces, para retomar la noche del CCC de 42 que Crema pudo no ser Crema por un bardo traducido en enojo con el sonido de los organizadores. “Le dijimos: ‘vamos a ser Los Pericos sin el Bahiano. Andate’. Ese día fue el peor…”, se ríe. “Pero tuvimos otros: fuimos a tocar para no sé qué mierda, a un acto, y estaban con todos los bombos afuera. Tuvimos que ir a pedirles que paren. No se escuchaba nada”. “En todos los actos de militancia peronista que tocamos nos mete él”, carga Dani, entre bromas generales, con la complicidad de Eduardo. “Definitivamente, en los peores lugares donde tocamos siempre nos metió Gabriel Rulli”.

* Un escrito para el número 62 del Diario De Garage.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

La abuela de Nazareno


Por arriba y por abajo, desde el borde del asfalto, se olía calor. Venía de comprar el Página que en la tapa inmortalizaba parte de la historia contemporánea: un coreano saqueado la tarde anterior en la puerta de lo que sería insignia de la década por venir: los súper chinos.
Era un mediodía más.
Movimientos, trabajadores, muchos estudiantes postergando la vuelta al pago, militantes, de los clasistas y los reformistas -como definían aún ahí los primeros a los segundos-, juntos como nunca antes. Contra lo que se escribiría, la sensación policlasista dominante negaba la imagen excluyente de clase media y cacerola como vanguardia de la inminente rebeldía: el enemigo, ese verano, a esa hora aún sin muertos, vestía para todos un mismo uniforme. Consecuencia directa del final de ese día inquisidor de diciembre, no volvería a suceder.
De la primera fila llegaban los coros de los que llevaban la bandera grande: blanca, letras negras, desplegada horizontal a la altura de las rodillas. No había manera, ese 20 cuando amanecía la tarde, de disciplinar o regular nada. Todo se precipitaría: al es-ta-do-de-si-tio, clamaban, se lo meterían en el orto.
Se había acordado concentrar y caminar alrededor de la plaza. La "plaza" en La Plata es la San Martín; la del homenaje a Walsh; la que diez años después sigue descansando, sin embargo, a O'Higgins. La consigna era caminar y movilizarse: cualquier actitud que denotara movimiento. La decisión oficial de la noche anterior prohibía las reuniones.
No alcancé a percibir el principio de la Reacción, que impaciente de actuar avanzó sobre la puerta de Gobernación por 54. Dimos algunas vueltas por las calles y retrocedimos. Estaciona en la memoria un diálogo corto, una insinuación que sólo era un monólogo de orden, de varios milicos con algunas de las Abuelas o Madres que encabezaban la patriada. Instaban a desconcentrarse.
Fueron apenas unos minutos de distracción buscando el kiosco de la diagonal: Jijiji; un agua; una gaseosa. Se dispersó la vista por un póster
de Boca campeón en Japón, apenas enganchado y agitado por el viento que formaba la contracorriente de las puertas; y un pibito, de seis o siete años, con una excedida camiseta de Racing (un talle L voluntariamente obsequiado del cajón de algún hermano mayor) con la que días después, pese a todo, festejaría la vuelta olímpica de su equipo. La madre lo apuraba y no escuchaba. A esa edad y ante vital elección, la cabeza permite evitar o desoír ciertos contextos extremos: crema y chocolate, cucurucho o helado de agua.
Al volver, la fila se había desintegrado, saturada de corridas; las primeras, por 6 hasta Plaza Rocha. El refugio más cercano era la Facultad de Trabajo Social, que, se presumía, quedaría con las puertas abiertas. Los separaban más de diez cuadras.
Todavía apretaba en la mano derecha la botella sin pagar de minutos antes. El grupo grande subió por la rambla de 60. La avenida no estaba cortada. Aún ésto, no circulaban ni autos ni colectivos. Llegaron a 11 y doblaron. A mitad de cuadra, hacia 62, se asomó una señora, bajita, la edad necesaria para ser abuela, de un pasillo angosto con portón verde.
- "No pueden entrar, acá, de ninguna manera. Sigan (brotó un silencio brevísimo de duda)... los están mirando de ese auto".

Era un Fiat de chapa blanca, síntomas de recién pulido. Jamás retuvo el modelo.
La chica que lo acompañaba por casualidad de huida llevaba una remera clara. Decía "Hijos".
La mujer con edad para ser abuela y una vecina que llegó del primer piso, insistieron en sacarlos de ese pasillo que permitía evitar el presente. La pareja de ocasión ignoró palabra sobre el ocasional refugio.

Fue cuando la mujer lo sumergió en otro tiempo: era la que de pendejo, insistente, patrona de cuadra, los echaba -ese era su barrio, el de jugar al fútbol contra las paredes de la vereda con Diego, Manuel, Carlitos o Nazareno- a patear a la Plaza Tacuarí. Idéntica, años después, la vio con su hija y unas cacerolas del Campo en 7 y 50.
Era la mamá de Nazareno.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

El Interior


"Me gusta escuchar: viajar es, más que nada, un ejercicio de la escucha (...)
 Escuchar -no digo oir, digo escuchar-
necesita una atención muy especial:
esperar lo inesperado
todo el tiempo"
 El Interior, 2006

A Caparrós se le dio hace seis años por recorrer el país; cada uno de los múltiples sentidos que generan las regiones, a excepción forzada por editorial de La Pampa y Patagonia, en un R12 que, después sabría, había pertenecido a Osvaldo Soriano.
A mi se me dio, hace dos veranos, en principio por obra de la casualidad -si es que, por azar casual, entendemos encontrarse con una edición de segundamano del libro a mucho menos que el alto costo que tenía al salir-, diseccionar algunos de esos tramos a medida que divagaba en las bánquinas y pasaba las páginas del ejemplar en cuestión.
Sin saberlo, el borrador con algunas de las anotaciones había quedado en pausa; sin publicarse. Y entonces Tucumán, la que eligió por el voto popular al militar al mando del terrorismo de Estado en esa provincia; otra vez: la inocultable complicidad de la hegemonía político/judicial en la trata de personas al amparo de la "falta de méritos y pruebas": "El Interior".

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"Este país se ha especializado en dividirse. Pero he dado con una división que me interesa: están por un lado, al norte de Buenos Aires, las regiones que crearon la Argentina; y, por el otro, al sur, las regiones que la Argentina creó".

...

"Algo que me llama mucho la atención es cómo los progres les piden a los indios que no progresen, que mantengan los usos y costumbres de sus bisabuelos y se perpetúen como estampas de buenos salvajes. En una circunstancia, a raíz de esto, le pregunté a una persona que no es aborigen y que vive en un pueblito del Chaco: ¿acaso vos te ponés polainas y galera y vas en sulky a la iglesia con tu mujer vestida con corsé y miriñaque? ¿Por qué ellos tienen que hacer, entonces, lo mismo que sus bisabuelos?"

...

"Yo quise ver si hay cosas que nos hacen argentinos. Y creo que la conclusión más defendible a la que he llegado es que lo que más argentinos nos hace es esto (hace el gesto típico de quien pide un café en un bar). Un gesto con el que uno se puede hacer entender en cualquier rincón de la Argentina, pero no en Bogotá, París o Kishinau. Supongo que ese tipo de cosas, eventualmente, constituyen lo que somos los argentinos. Cosas en las que no dejo de ver una cierta pobreza".

...

"Esta mañana, la quebrada que sale del valle de Tafí hacia la tierra chata tucumana, es una explosión de sol, de verdes y de chanchos sueltos. En el medio, un arroyito cantarín. Después de tantos días de aridez, el despilfarro de hojas se me hace casi obsceno. Tentados por tanta espesura -y por la supuesta combatividad de los habitantes al pie del monte- aquí trataron de instalarse hace treinta años militantes del ERP y de los Montoneros. Sus intentos de guerrilla tropical fueron un fracaso rápido y sangriento".


...


"Lanata quiere ir a las selvas de los Yungas: está escribiendo un libro sobre unos muchachos guerrilleros que vinieron a morir a estos montes, año '62, y quiere conocer sus escenarios. La burbuja avanza, se mantiene. Nos han dado unos auriculares para taparnos los oídos; de todas formas, el ruido haría muy difícil cualquier conversación (...) De pronto, allá abajo, la cultura se acaba y el mundo se hace selva: árboles y más árboles y muchos más árboles, una textura verde imprenetrable y el suelo más allá, supuesto. Acá, hace cuarenta años, esos muchachos decidieron que iban a hacer una revolución en la Argentina. es raro, visto ahora, que creyeran que para hacerse con el país tenían que alejarse de él lo más posible, encerrarse en su lugar más inhumano. Muchos creían, en esos años, esas cosas".

...

"Purmamarca es preciosa en medio de los cerros, con su plaza rodeada de casitas bajas, su iglesia encalada, sus árboles de siglos. Purmamarca siempre tuvo vocación de postal, sólo que hasta hace poco pocos querían sacar la foto. Ahora Purmamarca se ha vuelto un lugar bastante fashion: un pueblo boutique, un museo de sí mismo. Los locales están muy conmocionados: desde hace tres o cuatro años (N de R: 2002, 2003) resultó que lo que siempre habían tenido -y que no valía nada- se volvió mercancía muy vendible.
El pueblo se transformó. La mitad de las casas son bares, alojamientos varios, ventas de artesanías, comidas regionales. A una cuadra de la plaza, un albañil cincuentón está terminando el muro exterior de su casa de lajas (...) Me dice que desde que son patrimonio -dice: desde que somos patrimonio- tienen que hacer las casas igual a las de antes, con piedra y con adobe, de una sola planta, con su techo de barro -ni losa de chapa.
Ahora Purmamarca tiene que parecerse todo lo posible a lo que los forasteros imaginan de un pueblito quebradeño. Una cosa es mantener las tradiciones por convicción o por desgana; otra porque se venden bien.

Pero peor fue la discusión interminable en un bar frente a la plaza de Tilcara con un criollazo de bigotes sombrero y pañuelito al cuello, que me explicó que pertenecer al pueblo indígena no es una cuestión de raza o de color sino que consiste en abrazar una visión del mundo; y que ese pensamiento indígena o visión cósmica se opone a las otras dos formas ideológicas, que son el individualismo o visión liberal y el homocentrismo o visión marxista, porque considera que es la naturaleza la que rige las cosas y el hombre debe respetar y adaptarse a los cuatro elementos -aire, tierra, agua, fuego- y que, como esos cuatro elementos no compiten entre sí sino que colaboran, el hombre de pensamiento indígena se organiza de forma comunitaria, todo lo cual sonaba muy amable hasta que me dijo que la concreción de ese ideal era Chalala. Y yo le pregunté si no le incomodaba que en Chalala hubiera mujeres tan pobres como Nelly, con dos piezas, velas y media hora de caminata para el agua junto con mujeres como Rosa -la casa grande con ventanas, el coche, generador de luz y tanque de agua. A partir de ahí todo desbarrancó, pero la caída duró más de dos horas. El criollazo me decía hermano todo el tiempo, nunca me contestaba una pregunta e insistía en que yo no entendía el pensamiento de ellos los indígenas; que entre los incas no había ninguna forma de poder más allá de la comunión con la naturaleza; que entre los incas no había guerras, aunque se hayan combatido tan brutalmente que Pizarro los encontró tan débiles que pudo conquistarlos; que el pensamiento indígena americano tenía sesenta mil años aunque ningún historiador piense que el hombre lleva más de veinte o treinta mil en estas tierras. Todo porque yo no era capaz de asimilar la visión indigenocósmica del mundo, porque yo estaba completamente atravesado por el liberalismo y el marxismo".

...

"La Falda es la patria peronista, el apogeo del turismo sindical. Recuerdo cuántas veces hablé o escuché hablar en mi adolescencia militante de los programas de La Falda y Huerta Grande, un conjunto de propuestas del peronismo revolucionario de los sesentas. Y nunca relacioné esa Falda con el pueblo dormido donde había pasado unos días bien chiquito.
La patria peronista es la que quiso edificarse contra esa idea de colonia inglesa: La Falda, desde abajo, pelea contra La Cumbre. En la entrada del pueblo hay un monumento a la Madre -busto de una mujer con un bebé colgándole del busto- y una avenida principal que parece de Munro. Es un paisaje muy urbano: el triunfo final de la ciudad sobre el lugar donde van los ciudadanos para olvidar que lo son. El problema de los lugares turísticos masivos en la Argentina es que se convirtieron en ciudades demasiado parecidas a las ciudades que sus visitantes dejaban para ir a disfrutarlos. El problema del peronismo en la Argentina es que se convirtió en un régimen demasiado parecido al que sus seguidores dejaron para sumarse a él".


viernes, 7 de diciembre de 2012

Quiero (oir) mi ciudad


I’m from La Plata
Compilado
(2012)

En un viejo ensayo de Casas, Eugenio Montale replica a Pasolini cuando lo acusa de burgués por escribirle al paso del tiempo en lugar de reflejar con su arte las injusticias sociales: “Querido Malvolio, no hay que cambiar lo esencial por lo transitorio”. Debe haber excepciones, las hay. Acá (el compilado de bandas platenses producido desde Francia por el músico Marcelo Pilegi), ambas se homologan y complementan, más por convicción que por simple casualidad: lo trascendente hace de lo transitorio algo igualmente esencial.
Lo esencial, el disco, por contenido y forma: dieciséis canciones grabadas durante el último año y medio por varios de los grupos más representativos de eso ya patentado como “escena platense”, que serán recopiladas para su edición en… vinilo. Un doce pulgadas en la era de las descargas gratuitas, los enlaces y el mp3 en el oído. Y trascendente como ésto, lo transitorio, el lugar elegido para su presentación y financiamiento, en abril pasado, por las bandas que conformarán el disco de pronta edición europea: Pura Vida, uno de los primeros bares en clausurarse este año tras el despertar acelerado de controles municipales sobre los espacios culturales de La Plata.
Tal vez sea el reverso del Mickey Rourke de “La ley de la calle”, el retirado villano de la moto que se aleja de su hermano para que aprenda esas leyes barriales sin su reflejo. Pilegi dejó la batería de su banda, Crema del Cielo, se radicó en Bordeaux y llevó en adopción, con la anuencia de los padres, las mejores criaturas del rock local para replicarlas por otros continentes.
I’m from La Plata será el primer compilado de música independiente platense en difundirse y comercializarse en el extranjero. Enseguida, derivan de la mente ensayos similares como el homenaje a Virus o al disco Oktubre, editados la década pasada por FM Universidad; o aquel La Plata ‘99 de fin de siglo, una experiencia análoga pero con proyección limitada, que logró plasmar y difundir más allá de la 32 los primeros testimonios musicales del Mister América de Gustavo Astarita o la orquesta dandy de Sergio Pángaro.
En toda recopilación existe un “otro” inevitable: son trabajos sujetos a los gustos o criterios que el autor experimente al editar: que al LP lo llenen de contenido bandas que grabaron el último año es una buena instancia de partida y lo rescata de la crítica por las ineludibles ausencias.
Crema del Cielo, con su oda al turismo de los márgenes (“Playa negra”, de Espíritu de Clase), y normA (con “Frezzer”) destacan en el lado A por antecedentes, convocatoria y proyección: ambos lograron el premio Mister E al mejor disco nacional de música independiente. Siguen La Patrulla Espacial, Thes Siniestros, Villelisa, Güacho, los relanzados de The Falcons y la progresiva propuesta del directo de Radio Interstellar. Hay más: el B conjuga a Mostruo! (con tres discos y alcance porteño, otra referencia necesaria) con Hojas Secas, Shaman y los Hombres en Llamas, Camión, Milano, ex bajo en Canoplas, Hongo, Mono’s Giornos y Pérez, con el coreado “Libros y gente”.
Quizás sea momento, si no se ensayó aún -arriesgo que sí-, de despojarse de las clasificaciones musicales por lugar de origen o procedencia. Que se haga. Pero no así sobre la escena o el movimiento cultural que urbes como La Plata renuevan en vigencia por el carácter interdisciplinario de sus formas, sus ritos, sus ideas, y los eclécticos contenidos que mixturan los “inmigrantes” universitarios que la pueblan año a año. Y con una marca: sin prejuicios ni a la espera de la devolución políticamente correcta.
Le preguntaron al periodista Diego Morales, en Diagonales, por el ADN del rock platense: “La atmósfera que percibí siendo adolescente en la previa de La Rosa Cobre, la Trastienda de calle 45 o el Boulevard del Sol, es el mismo ambiente que percibí en un recital de El Mató hace pocas semanas, veinte años después. Aroma a libertad, identificación del público con la banda, curiosos encandilados, y la sensación de que esa noche iba a ser especial. Sólo música y gente disfrutándola, absorbiendo por los poros canciones y una mirada sin codicia de un momento cultural”. Eso mismo.

* Un escrito para el número cuatro de Estructura Mental a las Estrellas.

martes, 24 de julio de 2012

Día del Deporte


No encuadra otra acentuación valorativa para las conquistas de 2004 en las disciplinas de equipo más trascendentes del deporte: aquel doble oro de fútbol y básquet en los Juegos de Atenas. Décadas y contingencias de espera, la moneda exigió de las consagraciones la presencia de una misma tarde con escasas horas de diferencia, la del domingo 28 de agosto.
Fue cuando el fútbol, relevante en handicap y sin rivales en aristas de popularidad, revisó errores y saldó la cuenta de los mayores que habían soltado, semanas antes, la Copa América en los instantes finales ante el inevitable karma brasilero y los penales errados. Oro inédito, 52 años después, repetido luego con Messi y la redentora goleada de semifinales ante el mismo rival, Brasil, en Pekín 2008.
Pero el básquet convoca, por lo extraordinario de lo alcanzado y por aproximarse el último debut olímpico de la llamada Generación Dorada: el triunfo ante Italia para trepar al escalón dorado en Grecia, obliga, sin atajos, a considerarla la actuación más importante en la historia del deporte argentino.
Detrás de los éxitos, devino una camada de profesionales conducidos por Magnano y Hernández que, en Londres, cerrarán un círculo de participaciones mundiales y olímpicas con los resultados más destacados en más de un siglo de competencia nacional: oro en Atenas con la cuesta de doblegar a los norteamericanos por segunda vez (único país en vencerlo dos veces, hasta hoy, con plantel profesional NBA), impensado sin el envión del subcampeonato 2002, que era victoria a dos del final y con siete de ventaja, frente al multicampeón Yugoslavia y el guiño del peso FIBA en el manotazo del cierre contra Sconochini; el cuarto puesto en Japón 2006, con caída en la campana ante el campeón España en semifinales (74-75 con chance de triple para Nocioni); el bronce de Pekín 2008 ante Lituania; y el 5to. lugar en el último Mundial de Turquía. Aun "subestimando" para estas líneas las actuaciones en Preolímpicos de esta misma Generación, con subcampeonatos contra Estados Unidos y el título de 2011, de local, ante el ahora Brasil de Magnano.
Los calificativos abundan, son cliché, instan al escape en tiempos de sobreinformación mediática. La mayor expresión colectiva de la historia del deporte argentino, obliga: 28 de agosto, Día del Deporte.

Derrotas de Estados Unidos en básquet con plantel NBA (1992-2011)
Mundial 2002: Argentina (Primera fase), Yugoslavia (Cuartos de final) y España (5to. puesto)
Atenas 2004: Puerto Rico* y Lituania (Primera fase); Argentina (Semifinal)
Mundial 2006: Grecia (Semifinal)

* Primera en la historia de los Juegos Olímpicos con jugadores profesionales, con los antecedentes de Munich 1972 y Seúl 1988 frente a Unión Soviética.











domingo, 15 de julio de 2012

7 de junio


Periodismo era agarrar las tarjetas del PRODE de la agencia Luisito y jugar en el patio de mi abuela a comentar los partidos que la boleta indicaba cada domingo. Porque se jugaban todos ahí, de tarde, a la misma hora, lloviera o no fuera a la cancha, como sucedió en el apretado final de las últimas temporadas.
Entonces, la imaginación de precoz relator radial que llevaba iba de un estadio a otro: del Bosque a Tucumán o de Santa Fe a La Boca; hasta que llegara mi abuelo del ritual de salchichas y chucrut que acompañaba con Imperial en La Modelo de 5 y 54, no sin antes obedecer la rutina de espiar algún salto de caballo del Club de Ajedrez de la esquina.
Después vino la Repman roja que le pedí a mi viejo como regalo de cumpleaños para ver el Mundial '90. Es que era así: se veía oyendo. Cuando la maestra no miraba y se distraía corrigiendo, nos sentábamos alrededor de ese aparato de antena corta para saber quién era un tal Higuita o la figurita difícil del arquero de Checoslovaquia que me faltaba para llenar el álbum.
Esas tardes alumbraron también otro descubrimiento: entre alfiles y tablas, a cien metros de aquella cervecería de inocentes visitas preadolescentes, un fusilado vivía y habría quien escucharía y narraría aquella masacre. Ahí supe, con ingenuidad, que iba a ser periodista.