jueves, 11 de mayo de 2017

La importancia de la identidad


Se puede decir que la identidad es un rasgo distintivo que delimita ciertas características, algunas comunes, en sociedad, y otras muy propias y personales; que la identidad es un conjunto de pautas o conductas, nunca estáticas, que se van configurando y alimentando por la propia dinámica cultural de las personas que la ejercen y le inyectan esas características.
En el fútbol, o en los clubes, hay identidades mucho menos permeables, fijas, las que hacen a una forma de ser histórica que a medida que se construye va transmitiendo esos mismos valores de generación en generación, reafirmando la identidad de sus antecesores. La camiseta, los escudos, hasta los apodos, nacen y permanecen: es la identificación primaria y la razón de ser. “La vida por los colores”, reza el himno.
Los colores en nuestro club fueron los mismos desde siempre: desde principios de 1906, y en homenaje a los bravos ex colegiados del Alumni imbatible, el rojo y blanco a bastones marcó el destino de Estudiantes, otro tanto su apodo (“Pincharratas”) y también sus escudos, pese a algún recurrente cambio en homenaje, para siempre retornar a los modelos fundacionales.
Es loable para fundamentar la idea algún que otro ejemplo europeo, allí donde el mercado y el marketing transforman al fútbol como en ningún lado. El Madrid es el Real y siempre lo será “merengue”, completamente de blanco; lo mismo el Barcelona, siempre de azul en sus medias y en sus pantalones, salvo contadas excepciones; o mucho más al Bilbao, empilchado siempre con pantalones y medias negras. ¿Alguien recuerda un Bilbao de shorts blancos? Acá, se ve, el conjunto y la indumentaria lo es un todo, desde la camiseta hasta los botines.
Lo mismo que reclamamos hoy como identidad de Estudiantes: siempre como regla y no como excepción, los bastones en el pecho, pantalón negro y medias oscuras (aunque también supo haber años gloriosos de medias blanca), sean negras o alguna veces grises, como en los tiempos fundacionales de indumentaria genérica común a muchos equipos: allí están las fotos de Los Profesores, más atrás la de los campeones del amateurismo, o más acá los dorados ’60 o el bicampeón de los ’80 para atestiguarlo.
Los casos citados arriba de Europa, pese a las siempre recurrentes, pero excepcionales, terceras equiparaciones, siguen una norma estricta para la vestimenta de sus representados. Decimos: si hay excepciones, deberían ser eso: excepciones a una regla que debería ser cumplida, sin ambigüedades, casi como un mandato estatutario no escrito. Estudiantes no sólo es su manto a bastones rojo y blanco, lo es con su rico en gloria pantalón negro y medias a tono. ¿Cuántas veces, sino, vemos a Boca con pantalón amarillo, al Real difiriendo del blanco o un Barcelona jugando con su clásico remera azulgrana y pantalones blancos o rojos? Nunca o contadas excepciones a la regla. Si cuando por reglamento merengues o culés deben adecuar sus pantalones y medias por un color igual a un rival eventual, la vestimenta la modifican por completo: que alguien cite, sino, algún caso de Real Madrid con pantalón blanco o Barcelona con otro color por fuera del azulgrana.
En el club, de seguro muchas veces por órdenes reglamentarias, se sucede desde 2012 o 2013, un recurrente cambio en la indumentaria que nos identificó y nos identificará, sin necesidad ni obligación: ¿acaso Boca, por reglamento o por pedido de los jueces ante alguna similitud en los tonos de la ropa, modifica sus pantalones (eventualmente, sí sus medias, optando el amarillo sobre el azul) cuando Estudiantes visita la Bombonera o, por caso, cuando lo hace River en cada clásico? Jamás. ¿Por qué Estudiantes lo haría entonces, como el último sábado, debiendo jugar de blanco sin que ninguna reglamentación lo obligase siendo que el rival viste de azul oscuro y medias amarillas?
Sobran ejemplos en este torneo: Independiente visitando a Rafaela con pantalones azules y los santafesinos usando su camiseta tradicional junto a pantalones negros; otro tanto cuando Rosario Central juega con River, y tanto uno como el otro no dejan de usar sus tradicionales pantalones azules o negros.
Estudiantes debería tener una política institucional mucho más rígida y menos contemplativa con relación a estas modificaciones que, en otros clubes, no se cumplen nunca cuando la reglamentación no lo obliga. Debería jugar de visitante utilizando siempre su camiseta tradicional con pantalones negros y medias del tono (vale, acá, la mención a la vestimenta usada, correctamente, en el empate último en Avellaneda, siendo Independiente el obligado a modificarla), sin que ninguna norma o juez lo impidiese porque así lo permite la reglamentación. Y, repetimos, salvo excepciones, debería jugar de local con su camiseta tradicional y tratando de respetar a rajatabla la utilización de sus pantalones negros salvo que se enfrente a un equipo que, eventualmente, tenga éstos de ese mismo tono, como puede suceder cuando a La Plata llegan River, Newell’s, Atlético Rafaela, Belgrano o, eventualmente, Colón.
¿Por qué hacerlo, como hoy sucede más como regla que como excepción, ante Boca, Tigre, Central o, como algunas veces, Godoy Cruz? Ningún juez puede obligar al cambio cuando otros equipos no lo cumplen.
Hay fotos, recuerdos gloriosos, de Estudiantes usando su camiseta titular con pantalones blancos (el título frente a Toluca, la Copa contra Palmeiras o aquella noche de la palomita de la Bruja padre contra Racing en el Monumental por la similitud, con la Academia, con la remera a bastones y el monocromo de la televisación en blanco y negro). Pero siempre como excepción lejana, nunca como regla.
Que la identidad del ADN nos guíe también a la hora de vestirnos.