El "yeite" era, en esos domingos de 1987 y 1988: se cargaba el cassetito de la Commodore 64, se esperaba en la vereda de 11 (que era tan ancha como ahora y dejaba armar un arco con remeras y el árbol como referencia, sin joder al resto) jugando al "25" con la pelota de gajos rojos de Carlitos... Y, mientras, uno por vez "relojeaba" el contador interminable de la cassetera que siempre pedía repechaje, la muy distante, para darle play antes de que la madre de alguna dijera que la tarde ya era historia, que oscurecía y todas esas "huevadas" que sólo servían para mandarte a hacer los deberes para el lunes.
viernes, 16 de octubre de 2015
jueves, 15 de octubre de 2015
La "idea"
Cambiar, sí; en fútbol, siempre. Pero no "más allá de la idea". Es
"la idea" (sic) lo que tiene que modificarse; "la idea" de un método
unívoco para un juego que es dinámica y cambio constante, que dependerá
siempre de la oposición y estrategia del rival.
Difícil jactar
responsabilidades por igual en el funcionamiento de la Selección si es "la
idea" lo que no cambia: hay responsables adentro (jugadores) en mucha menor
medida que afuera; un técnico responsable de hacer jugar de la mejor
manera posible (ser efectivo y aplicar el plan necesario que el partido pide para convertir un gol más que el rival) a un grupo de futbolistas
"seleccionados": lo mejor entre los mejores.
Si "la idea" es
algo estático, acabado, carente de alguna novedad que sorprenda al
oponente de turno en un juego que es dialéctica pura, no hay excusas.
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miércoles, 16 de septiembre de 2015
Setenta veces siete
Siete décadas se cumplen de la última vez que Estudiantes quedó en desventaja en el historial del clásico en el profesionalismo. Lo emparejó en 12 plenos por bando en agosto del ’45, con goleada en el Bosque, y nunca más fue superado.
Situación y contexto I: terminaba la primera rueda del campeonato oficial de 1939, de irregular presente para ambos equipos, Gimnasia se quedaba con el clásico en 57 y 1 y alcanzaba la que sería la máxima ventaja de siempre sobre Estudiantes: le sacaba 7 de diferencia, con 11 triunfos y 4 derrotas. Desde el ‘31, con su primer pleno en cancha tras quince años y aquel partido inaugural del gol en contra de Pastor en el ’16, el Lobo había empezado a revertir una paternidad adversa por donde se la mire, estirando en esa década su mejor serie en clásicos, estando al frente durante doce años.
Situación y contexto II: la revancha en aquel torneo de recambios y transición para Estudiantes, entre el recuerdo de Los Profesores y los equipazos de los ’40, marcó el principio del fin: el 3-1 del Pincha en el Bosque (dos de Laferrara, uno de Cirico y un penal atajado de Ogando a Montañez) abrió una racha que sólo se replicaría en la Era Verón (del 7-0 de 2006 al 3-1 del Apertura 2008), con cinco victorias al hilo entre 1939 y 1941. Y hubo más: los de Infante, Pelegrina y compañía salieron derrotados del clásico sólo una vez entre el ’39 y el ’48, años en los que Estudiantes revirtió para siempre el historial, sellando diez triunfos en apenas una década; con un imaginario puente a la actualidad: entre el 1-0 con grito de Calderón en la despedida de 57 y 1 en 2005, hasta el reciente 3-1 como visitante, el Pincha suma 12 triunfos (uno por Sudamericana 2014) y una derrota también en una década. Cualquier similitud no es simple coincidencia: historia, de ayer y hoy.
Situación y contexto III: mientras Estudiantes daba el primer campanazo de la década del ’40 después de aquella era dorada de Los Profesores de podios varios pero sin corona, con un tercer puesto en el torneo del ’44 y la conquista de la Copa Escobar, Gimnasia llegaba de la B con el objetivo, único, de mantenerse en Primera en aquel ’45. Las diferencias mostraron credenciales de sobra en la cancha, en una temporada prodigiosa en historia para Estudiantes. Gagliardo, Negri, Infante, Arbios y Pelegrina, marcaron el pulso de una etapa a la que sólo la faltó la estrella para coronarla, en épocas donde los partidos se definían contra rivales que jugaban con once y siempre alguno más de negro…
Los clásicos del ’45 pusieron primera con los choques eliminatorios de abril y mayo por la Copa Competencia (3-3 en cancha de Racing y 2-1 a favor el desempate en el Bosque), serie que le permitiría a Estudiantes clasificarse a esa Copa República luego ganada a Boca en el primer y legendario desempate contra el Xeneixe. El 12 de agosto se jugó el primer clásico por el campeonato regular, en el epílogo de la primera rueda. Ese 4-2 ganado con suficiencia en el Bosque, emparejó el historial del profesionalismo en 12 triunfos por equipo. Sólo cuatro meses después, en la revancha de la segunda rueda que le ponía la tapa al torneo, Estudiantes sostendría en relieve la realidad de unos y otros: le ganó otra vez, 3-1, en cancha de Lanús, pasó al frente en el historial y coronó un año inolvidable mandando al descenso a Gimnasia… y con el hándicap de localía “neutral” por tener la cancha suspendida. Único.
Situación y contexto IV: la paternidad que en este agosto torea 70 velas, tuvo picos de igualdad en diferentes pasajes. En la década del ’50, Gimnasia empardó el choque en tres temporadas, pero perdió siempre el definitorio y siguiente partido: 1955, 1957 y 1958. Tras la efímera “primavera”, Estudiantes estiraría el historial hasta alcanzar la máxima de 7 partidos de diferencia en el ’85 (38 a 31), con el gol de Ponce en el clásico 100 del profesionalismo. El Lobo volvió a emparejar el duelo entre fines de los ’80 y la olvidable década del ’90, en la peor serie sin victorias del Pincha contra su rival de siempre, y tuvo otras tres chances de pasar al frente… Pero replicó aquel cuento de los ’50. Las tres fueron celebraciones del León para, así, poder mantener el orden histórico: en 2001 (2-1 con goles de Farías y Galetti), 2003 (1-0, con Bilardo en el banco y firulete de Sosita) y 2005, en la despedida de 57 y 1, de la que este mes se cumplen exactamente diez años, cuando empezó la inimaginable racha a favor que mantiene latentes aquellos goles de Oroz y Pelegrina del ’45, esa tarde que aún resuena hoy, en 2015, en el umbral del centenario del clásico, con 55 triunfos, 45 caídas y los diez de distancia actuales entre Pinchas y Triperos.
* Publicado en el número de agosto de Revista Animals!.
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martes, 25 de agosto de 2015
Barbarie
Musotto era una de las tantas figuritas difíciles que venían a La Plata; una más de las tantas que pasan entre viernes y sábados por acá. Lo que nos inquietaba era que venía a tocar ahí nomás, a la vuelta del CCC, a presentar un disco que encima gastaba todas las listas rotativas del Zara de la radio: "Civilización & Barbarie". Lo teniamos ahí, a 200 metros. Y éramos varios con entrada para esa noche del Teatro.Una troupe de rebebedores de la barra del centro se dispuso, entonces, apenas pasadas las 12, a seguir las reglas del plan diagramado durante toda la semana, como ese pescador que encuentra la vuelta exacta de la lombriz para que su víctima no pueda resistirse: debían juntarse con los que ya estaban adentro, encarar a Musotto en la puerta y tratar de confirmar lo que al principio era un rumor: que terminaba el recital y el "brasuca" (ese argentino que era el mejor de los parches en la tierra de los Messi de la percusión) se caía al patio del CCC. Sí, ahí mismo, engalanado por las siempre vigentes empanadas todoterreno de Losada. La radio tenía apenas un par de años y la foto con él en la barra de manto negro garpaba el resto.
"Sí, claro", debe haber dicho; algo así (detalles que no hacen al resto). Lo concreto es que fue y no hubo que ni insistir, como si los planes de ambos (la troupe del CCC y el músico) estuvieran pactados de antemano. Le hizo una seña a los productores -una seña que amagaba que esa noche iba a haber algo más que cuelgue- y nunca caminamos tan rápido las tres cuadras que iban del Teatro a 42 entre 6 y 7.
Nunca hubo foto, eso sí; y si hubo, estará en alguna de las poquitas cámaras digitales que asomaban el cuero en ese 2007; o en algún cajón de revelados de los que Nori y Seba manejaban en Kinecolor. Ni idea. Pero mejor sin fotos, creo ahora, ocho años después. Musotto morfó, no renegó de las Palermo, que iban y venían de la cocina del Ratón al patio con velas, y se llevó algo más que un saludo: hay alguien de RES que todavía esconde un beso del tipo como esa foto que nunca revelamos.
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viernes, 14 de agosto de 2015
Vos, siempre tuyo
Pero nunca dudé en esperar el día en que cada mail que usted me mandara, ocupara el inocuo lugar "no deseado" del correo.
Así debían ser las cosas; así fueron. Nada peor que finguir, o seguir esperando, desear algo que no se desea.
Le diré que el dolor mayor no es haberme enterado, tantos años después, para mi, los gestos de aquel mail que la cuenta indicaba que no deseaba recibir, sino haberlo leído en esa breve colección de poemas que su amistad con algunos hombres le "honraron" publicar.
Y no es resentimiento. Nada explica mejor mi impostura hacia usted que el deseo de no seguir leyéndolo en cualquiera de sus formas: en la hibridez de sus impresiones o en las voces del día a día.
Quizás opté por sincerarme y el proceso decantó en hacerse público en Twitter, ahora que lo privado (lo de usted, lo mío) es más público que ficción al fin; lo que le sacó misterio a lo que sospechaba: nunca hubo esas "otras"; tan sólo en su cobardía, para intentar explicar ese viaje del que nunca iba a tener noticias antes de suceder; el que lo alejaría de mi y me acercaría a mis "otros" verdaderos, a los que nunca dejé de recurrir para apagar tanto fuego.
No te cuides. Nunca hizo falta.
Vos, siempre tuyo.
Sophie.
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miércoles, 20 de mayo de 2015
Romper los dientes del engranaje
El primer muerto en una cancha durante el último Golpe Militar ocurrió en 57 y 1. Se llamaba Gregorio Noya y era hincha de Huracán. Fue herido en la espalda tras una represión en la calle y en las tribunas.
“Vayamos a la platea, mejor, cerca de los locales”.
“Vayamos a la platea, mejor, cerca de los locales”.
Algo
intuía Noya; jamás ese final. Se lo sugirió al hijo entre el típico almuerzo
apurado de un domingo de otoño con fútbol y el viaje a La Plata.
El
razonamiento conservaba algo de lógica paterna ineludible: había escuchado que
ese 16 de mayo de 1976, los pinchas buscarían emboscar a los quemeros para
quedarse con algún “trofeo”. Lo repitió, incluso, ya sentado en el tren que los
dejaría en La Plata: que la barra del Globo estaba al tanto de todo y que era
preferible evitar “quilombos”.
Pero
los cruces no serían entre las hinchadas, ni siquiera como insinuación.
“Mejor,
así. Entramos por otra puerta, sin la barra, y después salimos enseguida”, se convenció.
……………………………………
Los
pocos relatos que existen son coincidentes: la Juventud Peronista tenía más que
buena simpatía con un sector de la hinchada de Huracán. Por eso planearon el
viaje juntos y llegaron a La Plata en varios camiones. Se estaban por cumplir
dos meses del Golpe de Estado y Montoneros, ya declarada “ilegal”, mantenía su
clandestinidad desde septiembre de 1974.
En
la previa del Ducó, la barra había acordado cómo sería el ingreso a la cancha y
quiénes lo harían, esa vez, cuidando cada detalle de los bolsos con las
banderas largas.
“Las
blancas van acá, ¿ven?”, prepoteó uno. “Todas confundidas entre las rojas más
finas”. Los tirantes de color se desplegarían antes de empezado el partido,
sobre los paravalanchas.
Los
que lo sabían conocían el dato desde mucho antes: los de la JP custodiarían y
estarían a cargo esa tarde de todos los bolsos pesados. El eventual
enfrentamiento entre las barras de ambos equipos sonó a coartada.
……………………………………
Con
la breve excepción de la edición del lunes 17 de La Prensa, los medios gráficos
publicaron, sin filtros, el parte que el gobierno militar difundió sobre “los
episodios sucedidos en La Plata”; un comunicado escueto, con responsabilidades
ajenas y previsibles para cerrar el caso: Gregorio Noya, argentino, de 38 años,
domiciliado en avenida Riestra al 5900 de la Capital, había sido alcanzado por
una bala disparada por “delincuentes subversivos mediante la utilización de
armas de fuego de forma indiscriminada”, que habían respondido al accionar del
ejército y la policía cuando éstos intervinieron para impedir “que un grupo de
sujetos que se hallaba en el exterior del campo de juego elevara, mediante la
utilización de globos, una inscripción similar a la secuestrada.
“Montoneros”,
en letras negras sobre fondo blanco, se leía en la primera bandera, la que se
alcanzó a ver antes del entretiempo del partido, minutos después de las cuatro
y cuarto de la tarde de ese 16 de mayo, desplegada desde la parte superior de
la torre de iluminación hacia el alambrado, sobre el sector lateral que une la
popular con la platea.
La
crónica de La Prensa puso dudas sobre el origen de los incidentes –aunque
refería “presuntamente a la acción de un grupo de personas subversivas” (sic)-
y narró los episodios a partir del relato de testigos; y bajo el previsible
amparo del potencial: “Los incidentes comenzaron cuando efectivos policiales se
dirigieron a una de las torres de iluminación ubicada sobre la tribuna que da
espaldas a la calle 1, de la que pendía una improvisada gran bandera del tamaño
de una sábana en la que en gruesos caracteres se podía leer el nombre de una
organización terrorista. Dicha bandera, que se hallaba en el lugar desde las
14.30, fue descolgada mientras se jugaba el partido por un policía de civil al
que secundaban otros uniformados (…) A las 16.20, cuando los futbolistas se
hallaban en el descanso, se escucharon una serie de detonaciones de armas de
fuego que provenían de la calle 1 (…) En ese momento, se observó el ascenso de
un atado de globos inflados con gas, con los colores celeste y blanco, que
tenía como misión elevar por sobre el estadio una bandera de un grupo
subversivo, la que habría quedado enganchada en los árboles de la calle. Allí
intervinieron efectivos policiales que se enfrentaron con un grupo de personas
que pretendía desengancharla”.
La
tapa de El Día muestra el que, quizás, sea el único documento fotográfico que
existe sobre los hechos. Se lo observa a Noya recostado sobre una camilla que
fue alcanzada desde el sector de los bancos de suplentes. Ante los gritos y las
señas de los plateístas que lo acompañaban en el parte superior, minutos
después de haber recibido el tiro, los auxiliares subieron por el alambrado la
única camilla disponible del estadio, la que usaban los médicos para los
futbolistas lesionados.
“Incidentes”
o “confuso episodio”, el uso tácito para deslindar eventuales responsabilidades
oficiales, los medios en general (Clarín sólo publicó un recuadro sobre un
“herido de bala” y nunca confirmó el crimen) cerraron el caso, el martes 18,
con el cable emitido por la Policía Bonaerense al mando de Camps. A Noya lo
habían asesinado “delincuentes subversivos” que comenzaron a tirotear a la
policía en el exterior de la cancha mientras intentaban infiltrar una bandera
con “el nombre de una agrupación terrorista” (sic).
………………………………………
No
sería la primera vez en que se aprovecharía un evento deportivo para denunciar
a la dictadura; tres años tardó “el gran golpe” de Suiza, en un partido
amistoso que la Selección disputó contra Holanda. “La revancha”, lo vendieron,
para ser transmitido “en vivo y en directo para todo el país” en ese mismo ’79
de la “Contraofensiva”.
Televisado por ATC, colgados estratégicamente en las tribunas del estadio de Berna, se pudieron leer dos amplios carteles ideados por los exiliados políticos, también con letras negras en imprenta: “Videla Asesino”, armado letra por letra para evitar los controles censores del estadio, y “Los militares son miseria y represión”. Los mensajes se vieron durante buena parte del partido pese a los esfuerzos de los técnicos de control del canal estatal, que apenas pudieron tapar la denuncia con un sobreimpreso oscuro publicitando un show de Les Luthiers. Se lo puede chequear, hoy, a mano en YouTube. El objetivo se había cumplido.
La bandera blanca con las diez letras en negro que reproducía el nombre de la Orga era similar a aquellas. Pero, en La Plata, debía ser camuflada para esquivar el cacheo previo.
Televisado por ATC, colgados estratégicamente en las tribunas del estadio de Berna, se pudieron leer dos amplios carteles ideados por los exiliados políticos, también con letras negras en imprenta: “Videla Asesino”, armado letra por letra para evitar los controles censores del estadio, y “Los militares son miseria y represión”. Los mensajes se vieron durante buena parte del partido pese a los esfuerzos de los técnicos de control del canal estatal, que apenas pudieron tapar la denuncia con un sobreimpreso oscuro publicitando un show de Les Luthiers. Se lo puede chequear, hoy, a mano en YouTube. El objetivo se había cumplido.
La bandera blanca con las diez letras en negro que reproducía el nombre de la Orga era similar a aquellas. Pero, en La Plata, debía ser camuflada para esquivar el cacheo previo.
“Se
cuelga cerca de la ochava. Va atrás de la de ‘Globo Campeón’”.
El
Hugo de la JP dio instrucciones y la ubicaron tapada con la otra más grande que
se sostenía entre la torre de iluminación y el alambrado lateral, en el mismo
sector de la antigua entrada de 57.
Pasadas las cuatro y cuarto de la tarde de ese 16 de mayo de 1976, desplegada desde la parte superior de la torre, un grupo de personas izó la bandera con la inscripción quemera. Segundos después surgió la insignia escondida: “Montoneros”.
Pasadas las cuatro y cuarto de la tarde de ese 16 de mayo de 1976, desplegada desde la parte superior de la torre, un grupo de personas izó la bandera con la inscripción quemera. Segundos después surgió la insignia escondida: “Montoneros”.
……………………………………
Noya
le acercó la mano al hijo apenas recibido el balazo. Los dos estaban de
espaldas, en las filas superiores de la platea de 1, junto al resto de los
plateístas que ya habían empezado a refugiarse al notar el despliegue de la
policía. No había arrancado aún el segundo tiempo.
Sí la cacería: policías de civil y algunos uniformados se movilizaron sobre el
pasillo de ingreso de la visitante, arrancaron la bandera y detuvieron a dos
personas, presuntamente las encargadas del izamiento, entre corridas e
intercambio de disparos.
Todavía
faltaba la segunda parte de la operación, sobre 57 y 1: hacer ingresar una
bandera similar, desde la calle y por sobre la cancha, amarrada con globos.
Los
forcejeos y disparos se trasladaron de los tablones del sector de Huracán a la
esquina. La policía hizo un rápido cerrojo y disparó sobre los sospechosos de
colaborar con la remontada de la segunda bandera.
Algunos de los militantes se escondieron sobre la copa de los árboles, procurando que la operación se completara desenganchando los globos. Pero fueron vistos. Les dispararon desde la vereda de avenida 1 hacia arriba. La altura de los árboles coincidía con la ubicación de las últimas filas de la platea.
Algunos de los militantes se escondieron sobre la copa de los árboles, procurando que la operación se completara desenganchando los globos. Pero fueron vistos. Les dispararon desde la vereda de avenida 1 hacia arriba. La altura de los árboles coincidía con la ubicación de las últimas filas de la platea.
“Me
dieron en la espalda”, alcanzó a decir Noya.
……………………………………
“Estudiantes
de La Plata-Huracán, balazo calibre 9 policial ingresado por la espalda y
disparado por personal que venía a reprimir un acto de suelta de globos
organizado por los Montoneros: Impune”.
Gregorio
Noya emerge como el fallecido número 98 en el listado de “Salvemos al Fútbol”
sobre las más de 300 muertes por la “violencia en el fútbol argentino”, desde
la primera reconocida, de 1922. Es uno de los miles de asesinatos impunes que
quedaron del accionar represivo de la última dictadura; la primera en un
estadio de fútbol.
Con el 0-0 como chapa definitiva, se anunció por los altoparlantes que la policía cerraría los accesos de las dos tribunas populares para evitar la desconcentración del público: serían palpados de armas y se revisarían sus documentos de identidad; uno por uno.
La
denuncia de la ONG tiene un hilo conductor ineludible en la investigación del
periodista Amílcar Romero: a mediados de la década del ’80 publicó el revelador
“Muerte en la cancha”, donde describe, entre otros, el reportaje que le realizó,
años después del asesinato, al hijo de Noya para la indagación de fuentes y la
posterior publicación.
……………………………………
Las
crónicas del partido marcaron la figura del juvenil arquero visitante, Eduardo
Jurkevicious, mérito directo para que el Pincha de Bilardo no pudiera quitarle
el invicto al Huracán puntero en el durísimo cruce de candidatos. Lo revela la -inédita para la época- cantidad
de expulsados que tuvieron los 90 minutos: tres por Estudiantes, dos por el
Globo.Con el 0-0 como chapa definitiva, se anunció por los altoparlantes que la policía cerraría los accesos de las dos tribunas populares para evitar la desconcentración del público: serían palpados de armas y se revisarían sus documentos de identidad; uno por uno.
Los
“sospechosos”, a arbitrariedad militar, y aquellos sin DNI, fueron demorados y
trasladados a dependencias policiales de la zona. Mientras tanto, las radios
que cubrían el partido instaban a los familiares de los hinchas, retenidos en
el interior del estadio, a concurrir a la puerta con las identificaciones de
sus parientes para que fueran autorizados a retirarse. Así de grotesco e
inimaginable.
Ya de noche, pasadas las 20 y abiertas las puertas para que los hinchas desconcentraran en fila de a dos, Noya comenzaba a ser intervenido en un hospital cercano. Agonizaría y moriría después del mediodía del lunes 17 de mayo de aquel 1976.
Con culpables, sin condena.
* Publicado en el número de mayo de Revista Animals!.
Ya de noche, pasadas las 20 y abiertas las puertas para que los hinchas desconcentraran en fila de a dos, Noya comenzaba a ser intervenido en un hospital cercano. Agonizaría y moriría después del mediodía del lunes 17 de mayo de aquel 1976.
Con culpables, sin condena.
* Publicado en el número de mayo de Revista Animals!.
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viernes, 27 de marzo de 2015
La Vela P
El hilo va de punta a la frase del Indio: "Tarde en la noche, Plaza Constitución, sangre rancia de Tramontina rajeador". El disco tenía tres años y algo y conservaba cierta actualidad.
Con el tarareo insistente sostuvimos el trayecto que quedaba hasta Cemento, después de bajar del Roca. Cruzamos en diagonal, buscando la punta oeste. Morfamos seguro algún cuarto en un Ugi's de la zona.
A la ronda de previa en la plaza de la canción se sumó un flaquito de por ahí que invitamos por inercia de estímulo nocturno (Diego es el que tiene memoria), La jarra pasaba y venía y fue fiel hasta la puerta del sucucho. La llenamos en un kiosco, más de una vez, unas cuantas cuadras antes. En el tanteo de juntas, me falta la ficha del amigo de la casa, el Vinicius siempre atento a los extremos que se me pierde en el goteo de muecas.
Nos estusiasmaba la frase. Así la hora y pico de La Plata hasta Constitución; sería por la osadía de saber que había que cruzar por obligación el acantilado que está frente a la Estación, sólo por las ganas de ver a una banda uruguaya que conocíamos por un amigo y que, meses después, musicalizaría un intento de programa de radio con la mayoría de los que fuimos esa noche.
Lo resumían como "La Vela P.". Con el DNI del CUIT, recuerdo sacaba la cuenta de los años de rodeo que llevaba Chabán. Pero siempre me quedé en las coincidencias de ciertos números: Cemento era EE.UU. 1234; y el precio de la entrada y la fecha (14 de junio) en simultáneo formaban un 6146 que era igual al número del ticket, si caprichosamente sumábamos los dos números del centro y dividíamos el número final por la cantidad de veces que éste aparecía: 6773.
Todavía faltaban, ese día de Cemento, un par de años para Cromagnon; la noche de jueves que hicimos el último programa del ciclo que musicalizábamos con La Vela P.
Puerca de puerco. 30 del 12 de 2004.
A la ronda de previa en la plaza de la canción se sumó un flaquito de por ahí que invitamos por inercia de estímulo nocturno (Diego es el que tiene memoria), La jarra pasaba y venía y fue fiel hasta la puerta del sucucho. La llenamos en un kiosco, más de una vez, unas cuantas cuadras antes. En el tanteo de juntas, me falta la ficha del amigo de la casa, el Vinicius siempre atento a los extremos que se me pierde en el goteo de muecas.
Nos estusiasmaba la frase. Así la hora y pico de La Plata hasta Constitución; sería por la osadía de saber que había que cruzar por obligación el acantilado que está frente a la Estación, sólo por las ganas de ver a una banda uruguaya que conocíamos por un amigo y que, meses después, musicalizaría un intento de programa de radio con la mayoría de los que fuimos esa noche.
Lo resumían como "La Vela P.". Con el DNI del CUIT, recuerdo sacaba la cuenta de los años de rodeo que llevaba Chabán. Pero siempre me quedé en las coincidencias de ciertos números: Cemento era EE.UU. 1234; y el precio de la entrada y la fecha (14 de junio) en simultáneo formaban un 6146 que era igual al número del ticket, si caprichosamente sumábamos los dos números del centro y dividíamos el número final por la cantidad de veces que éste aparecía: 6773.
Todavía faltaban, ese día de Cemento, un par de años para Cromagnon; la noche de jueves que hicimos el último programa del ciclo que musicalizábamos con La Vela P.
Puerca de puerco. 30 del 12 de 2004.
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miércoles, 25 de marzo de 2015
Redimir la historia
El hat-trick de Carrillo saldó la cuenta pendiente contra el Barcelona ecuatoriano, aquel de “La hazaña de La Plata” que hizo hito al quitarle el invicto, en 57 y 1, al tricampeón de América de Zubeldía
El récord se defendía sólo, sin necesidad de alegatos que redundaran lo inobjetable de los números: diez triunfos y un solo empate -contra el Millonarios colombiano en la Copa del ’68- chapeaba de local Estudiantes en sus primeras tres participaciones de Libertadores. Una verdadera fortaleza, donde se había hecho del 95% de los puntos, clave a la hora de enumerar razones para el inédito tricampeonato sudamericano: ninguno lo había logrado, de manera consecutiva, en toda la historia. Independiente, River, Universitario, Palmeiras, Peñarol o Nacional, entre tantos, sucumbieron en 57 y 1 sin contemplaciones.
Campeón del ’70 contra el Carbonero en el Centenario, el Pincha se benefició nuevamente con el ingreso directo en el cuadro semifinal de la Libertadores ‘71. De un lado, el Nacional uruguayo, Palmeiras y la U de Perú; del otro, la Unión Española de Chile y Barcelona de Guayaquil, clasificado después de un 3-0 a su clásico rival, Emelec, en el desempate del Grupo 5.
Es cierto que el invicto pertenecía en exclusiva al máximo trofeo de la CSF. Estudiantes tenía tres antecedentes de derrotas en el Hirschi: el partido de vuelta de la Interamericana ’69, contra los mexicanos del Toluca, y los dos choques por la fase de grupos de la Supercopa de Campeones Intercontinentales de aquel mismo ’69, contra Peñarol y Racing Club. Una copa, al tiempo oficializada por la Confederación, a la que Estudiantes no le puso el ojo suficiente por el escaso calendario en el que se jugó.
Basurco, así son “s”, es el nombre, resonante como desconocido por fuera del mundo fútbol, que quedó en la leyenda del fútbol ecuatoriano con el campanazo del Barcelona, el 29 de abril de 1971, contra el tricampeón de América en su tierra y en su casa. Novato en convocatoria y organización (el profesionalismo apenas contaba quince temporadas), la historia le reservó para siempre un lugar en el podio más alto del fútbol de aquel país hasta la clasificación del Seleccionado de Darío Gómez al Mundial de 2002. Hasta Wikipedia lo incluye en un artículo: “La hazaña de La Plata”, tal la magnitud de aquel 1-0 del ’71 contra los invencibles de Zubeldía.
Juan Manuel Basurco Ulacia, español de origen vasco, combinaba el fútbol amateur con los seminarios y el estudio sacerdocio. Recibido y con vocación tercermundista, se hizo misionero en América Latina. De la parroquia y la invocación católica, sin dejar nunca de practicar el deporte que lo llamaba como principal afición, pasó a la incipiente Primera División profesional, contratado por la LDU de Portoviejo. Sí, como se lee: un cura futbolista en una liga sudamericana. Barcelona le vio cualidades y lo fichó para jugar en la temporada ’71. Una corta carrera y un promisorio currículum: ocho partidos y dos goles; uno de ellos, el que coronó sobre el arco de 55 ese 29 de abril después de una jugada por izquierda con el legendario Alberto Spencer -aún hoy máximo goleador de la Copa, de regreso a Ecuador pos paso victorioso por el Peñarol de los ’60- para transformarse en “el padre de los botines benditos”. Ni siquiera su popularidad en Ecuador por la trascendente conquista amainó la equivocada manera de describir su apellido: para todos, Basurco era, y será, con “z”.
Con la serie a favor de diez triunfos y un empate, sumando la victoria de Estudiantes en el partido de ida, el pleno contra Barcelona en 57 y 1 se descontaba obvio, notorio. La revista El Gráfico, en la previa y con la firma de Ardizzone, arriesgaba el resto: “… Por ahí Barcelona es un equipo de tercera categoría, donde el maestro Spencer está jugando la última parada de su gran carrera goleadora (…) En Guayaquil, resolvieron el partido más que con organización para encararlo; con la seguridad y serenidad del equipo que sabe lo que quiere. Que sabe que en este tipo de confrontaciones no se gana sobrando aunque el rival sea de tercera categoría (…) Ya sé que Barcelona es un equipo de tercera categoría, pero el partido era allá, con las tribunas de Guayaquil y con los 35 grados de Guayaquil”.
Nada de eso sucedió. Aunque la clasificación del equipo que ya dirigía Kistenmacher, a las finales con Nacional, hicieron más rápido que pronto borrón y cuenta nueva de este lado del continente. Estudiantes cerró la semifinal venciendo en ida y vuelta a Unión Española. Después, la historia recordada de Lima y la caída en el desempate con los uruguayos.
No sólo se cuenta la plusmarca de tener, hoy, el mejor porcentaje de puntos en la historia de la Copa entre aquellos clubes que disputaron más de una edición (supera, por escaso margen, a los brasileños Cruzeiro y Santos): la serie favorable con Independiente del Valle y la tripleta de Carrillo con Barcelona, aumentó a 42 las victorias como local, en 53 partidos, con 8 empates y sólo tres caídas, aquella con el Torero ecuatoriano en el ’71, otra con Olimpia en la Libertadores 1984 y la más reciente con Cruzeiro en la edición 2011. Una marca tan envidiable como inigualable, todavía hoy.
El récord se defendía sólo, sin necesidad de alegatos que redundaran lo inobjetable de los números: diez triunfos y un solo empate -contra el Millonarios colombiano en la Copa del ’68- chapeaba de local Estudiantes en sus primeras tres participaciones de Libertadores. Una verdadera fortaleza, donde se había hecho del 95% de los puntos, clave a la hora de enumerar razones para el inédito tricampeonato sudamericano: ninguno lo había logrado, de manera consecutiva, en toda la historia. Independiente, River, Universitario, Palmeiras, Peñarol o Nacional, entre tantos, sucumbieron en 57 y 1 sin contemplaciones.
Campeón del ’70 contra el Carbonero en el Centenario, el Pincha se benefició nuevamente con el ingreso directo en el cuadro semifinal de la Libertadores ‘71. De un lado, el Nacional uruguayo, Palmeiras y la U de Perú; del otro, la Unión Española de Chile y Barcelona de Guayaquil, clasificado después de un 3-0 a su clásico rival, Emelec, en el desempate del Grupo 5.
Es cierto que el invicto pertenecía en exclusiva al máximo trofeo de la CSF. Estudiantes tenía tres antecedentes de derrotas en el Hirschi: el partido de vuelta de la Interamericana ’69, contra los mexicanos del Toluca, y los dos choques por la fase de grupos de la Supercopa de Campeones Intercontinentales de aquel mismo ’69, contra Peñarol y Racing Club. Una copa, al tiempo oficializada por la Confederación, a la que Estudiantes no le puso el ojo suficiente por el escaso calendario en el que se jugó.
Basurco, así son “s”, es el nombre, resonante como desconocido por fuera del mundo fútbol, que quedó en la leyenda del fútbol ecuatoriano con el campanazo del Barcelona, el 29 de abril de 1971, contra el tricampeón de América en su tierra y en su casa. Novato en convocatoria y organización (el profesionalismo apenas contaba quince temporadas), la historia le reservó para siempre un lugar en el podio más alto del fútbol de aquel país hasta la clasificación del Seleccionado de Darío Gómez al Mundial de 2002. Hasta Wikipedia lo incluye en un artículo: “La hazaña de La Plata”, tal la magnitud de aquel 1-0 del ’71 contra los invencibles de Zubeldía.
Juan Manuel Basurco Ulacia, español de origen vasco, combinaba el fútbol amateur con los seminarios y el estudio sacerdocio. Recibido y con vocación tercermundista, se hizo misionero en América Latina. De la parroquia y la invocación católica, sin dejar nunca de practicar el deporte que lo llamaba como principal afición, pasó a la incipiente Primera División profesional, contratado por la LDU de Portoviejo. Sí, como se lee: un cura futbolista en una liga sudamericana. Barcelona le vio cualidades y lo fichó para jugar en la temporada ’71. Una corta carrera y un promisorio currículum: ocho partidos y dos goles; uno de ellos, el que coronó sobre el arco de 55 ese 29 de abril después de una jugada por izquierda con el legendario Alberto Spencer -aún hoy máximo goleador de la Copa, de regreso a Ecuador pos paso victorioso por el Peñarol de los ’60- para transformarse en “el padre de los botines benditos”. Ni siquiera su popularidad en Ecuador por la trascendente conquista amainó la equivocada manera de describir su apellido: para todos, Basurco era, y será, con “z”.
Con la serie a favor de diez triunfos y un empate, sumando la victoria de Estudiantes en el partido de ida, el pleno contra Barcelona en 57 y 1 se descontaba obvio, notorio. La revista El Gráfico, en la previa y con la firma de Ardizzone, arriesgaba el resto: “… Por ahí Barcelona es un equipo de tercera categoría, donde el maestro Spencer está jugando la última parada de su gran carrera goleadora (…) En Guayaquil, resolvieron el partido más que con organización para encararlo; con la seguridad y serenidad del equipo que sabe lo que quiere. Que sabe que en este tipo de confrontaciones no se gana sobrando aunque el rival sea de tercera categoría (…) Ya sé que Barcelona es un equipo de tercera categoría, pero el partido era allá, con las tribunas de Guayaquil y con los 35 grados de Guayaquil”.
Nada de eso sucedió. Aunque la clasificación del equipo que ya dirigía Kistenmacher, a las finales con Nacional, hicieron más rápido que pronto borrón y cuenta nueva de este lado del continente. Estudiantes cerró la semifinal venciendo en ida y vuelta a Unión Española. Después, la historia recordada de Lima y la caída en el desempate con los uruguayos.
No sólo se cuenta la plusmarca de tener, hoy, el mejor porcentaje de puntos en la historia de la Copa entre aquellos clubes que disputaron más de una edición (supera, por escaso margen, a los brasileños Cruzeiro y Santos): la serie favorable con Independiente del Valle y la tripleta de Carrillo con Barcelona, aumentó a 42 las victorias como local, en 53 partidos, con 8 empates y sólo tres caídas, aquella con el Torero ecuatoriano en el ’71, otra con Olimpia en la Libertadores 1984 y la más reciente con Cruzeiro en la edición 2011. Una marca tan envidiable como inigualable, todavía hoy.
Derivas:
2015,
bocetos,
primera persona
miércoles, 11 de marzo de 2015
Free
Quizás nunca supe realmente quién era. Y puedo seguir sin saberlo; sí que este jazz libre tocó hace cinco (seis, siete) años en una de las salitas del Teatro Argentino. Y nada de "a sala llena". Poquitos éramos.
Como necesitaban que tuviera calor -dígase la gente lo más cerca posible, nos abrieron la puerta de las primeras filas a todos los de la terraza del tercer piso. Y se escuchó. Mucho más que bien. Privilegios o cosas que pasan. Algo así.
Como necesitaban que tuviera calor -dígase la gente lo más cerca posible, nos abrieron la puerta de las primeras filas a todos los de la terraza del tercer piso. Y se escuchó. Mucho más que bien. Privilegios o cosas que pasan. Algo así.
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viernes, 6 de marzo de 2015
Volver al futuro
Cuatro décadas antes del Mundial de Clubes, el Barsa invitó a Estudiantes a la histórica Gamper de previa de temporada. Campeón del Mundo vigente, los de Zubeldía prepararon la final con el Milan con una maratónica gira que incluyó partidos ante Atlético y el Real Madrid.
Pocos son los clubes del pago propio que pueden imprimir el prestigio de haber jugado la Copa Gamper en el Camp Nou. Y se cuentan con los dedos de una mano: Boca, River, San Lorenzo, Chacarita (aquel de la edición ’71 que tocó su techo eliminando al Bayern Múnich de Beckenbauer en semifinales) y Estudiantes, por si faltara alguna huella en la alfombra roja de la historia.
Finalizado el Metropolitano ’69, con las mieles a flor de piel tras el laureado bicampeonato de América contra el Nacional uruguayo, el Club organizó una extensa gira de preparación – 45 días afuera del país- con la proa en el objetivo de máxima de ese segundo semestre: defender el máximo título de clubes conquistado un año antes en Old Trafford.
La chapa de la victoria en Manchester contra el United y la invitación del Barcelona, fue el amuleto gancho para la CD al mando de Mangano, que dispuso de distintos ofrecimientos para presentarse y jugar amistosos alrededor del mundo: Colombia, Venezuela, Norteamérica, Italia y España. Algunos fueron descartados con el viaje ya comenzado, otros se fueron sumando, acomodándose siempre a los encuentros pautados de antemano en Europa, donde el equipo disputaría cuatro de los trofeos estivales más reconocidos de la península ibérica.
A la Joan Gamper (novata competencia de pretemporada, por aquel entonces, que iba por su cuarta edición) se sumaron los trofeos Fenosa y Festa D’Elig; y la Copa Ramón de Carranza, de la que participaron los dos grandes de Madrid y Palmeiras de Brasil, derrotado por Estudiantes en el desempate del Centenario, para completar el cuadrangular eliminatorio.
La gira empezó el 15 de julio, después de una breve excursión pautada por Brasil para el denominado “Torneo de los Cinco Gigantes”, con una primera escala en Colombia, donde se jugarían más encuentros que los fijados inicialmente, al suspenderse, entre otros, el programado contra la Selección de Venezuela en Caracas.
Un empate ante el combinado colombiano, tres días después de la salida de Ezeiza, fue el inicio del camino que llevaría a Estudiantes nuevamente al Viejo Continente como escala final, ocho meses después de conquistada la Intercontinental en Manchester. La faena en Colombia se completó de manera invicta con otras dos victorias (el 20 y 23 de julio, las dos por 1-0 y con pepas de Rudzki, contra Atlético Nacional y Deportivo Cali) y un empate 0-0, el 31, ante el América.
Suspendida la escala en Canadá, el quinto choque fue el Necaxa mexicano, en Los Ángeles. Un 5-1 que puso blanco sobre negro la real diferencia entre un fútbol y otro hacia finales de los ’60, amén el antecedente de la victoria del Toluca en Argentina en la definición de la Interamericana que el Pincha había hecho propia meses atrás.
“Una nueva versión del fútbol sudamericano: Estudiantes con su sentido práctico”. Así anunció El Mundo Deportivo el arribo del Club a la Gamper, con foto insignia de archivo, tapa de El Gráfico, aquella del abrazo de Zubeldía y el Bocha Flores. Y fueron por más: “Partiendo de cero, el club de la capital de la provincia de Buenos Aires ha llegado a ser ‘grande’ del fútbol mundial. El equipo se prepara intensamente para la disputa de la Copa Intercontinental de Campeones frente al Milan. Y la afición mundial futbolística espera con interés esta nueva confrontación de dos escuelas tan diferentes”. ¿La clave de sus triunfos?, preguntaban los catalanes. “Una conducta ejemplar”.
El Conde Fenosa fue el debut en la escala española, el 17 de agosto, con dos pardas: 1-1 (remate cruzado de Verón entrando al área) contra Celta de Vigo y 0-0 frente al Deportivo, apenas 48 horas después, lo que motivó la queja de Zubeldía: “El calendario favoreció a La Coruña, que descansó un día más”.
Con muchos cambios -rotar y probar jugadores se hizo regla por el apretado calendario- llegó el 23 de agosto y el triunfo contra el Elche, 2-1 (Verón y Conigliaro), que llevó el Fest d’Elx para la sede social de 51. El mismo que hoy se exhibe, junto a tantos otros, en el salón de trofeos donde comenzó a andar el renovado Museo Histórico.
Restaba aún el menú de mayor convocatoria: la llave eliminatoria en el Camp Nou y un eventual partido contra el Barcelona que finalmente no fue por el 2-3 con el Zaragoza en semifinales, goles del Bocha Flores y Rudzki; y el esperado partido contra el Madrid por la eliminatoria de la Ramón de Carranza.
La doble jornada de semifinales de la Gamper se disputó íntegramente el 26 de agosto en cancha del Barsa, con una “perla” de época: en plena dictadura franquista, los equipos salieron al campo con las cuatro banderas de los representantes del torneo, encabezada por otra con los colores y el escudo de la España que hoy Catalunya rechaza. Y se escuchó el himno, claro.
A la sorpresiva derrota del Pincha -a juzgar por la prensa catalana, que incluso marcó como figura al arquero aragonés - le siguió el choque de fondo del Slovan Bratislava con el Barsa, que se tomó revancha de la final perdida, meses antes, en la Recopa de Campeones ante los mismos checos. Apenas un día después se jugó la final, ganada por los locales, y el partido por el tercer y cuarto puesto, en el que Estudiantes volvió a caer, 1-2, frente al Bratislava. Fue insuficiente el transitorio empate marcado otra vez por Flores.
De Barcelona a Cádiz, para jugar a las 72 horas la esperada serie ante el Real Madrid por la Ramón de Carranza. Zubeldía probó con Errea por el Bambi Flores en el arco, que en el segundo choque de la Gamper había ingresado por Poletti. Y Aguirre Suárez y Togneri se metieron por Bilardo y Echecopar; de rigor, otro esquema defensivo para poner freno a la potencia ofensiva del rival. El Real dominó desde el comienzo y sólo pasó algún sobresalto tras el descuento transitorio del tucumano Aguirre Suárez, que promediando el segundo tiempo la metió con un fuerte tiro libre de frente al arco. Sobre la hora, los españoles cerraron el partido de contragolpe y sentenciaron el 3-1.
Eliminado por Palmeiras en la definición de penales, el tercer puesto se definió contra el Atlético de Madrid, de nuevo a estadio lleno, tal la expectativa por ver al campeón del mundo vigente. Al igual que en el amistoso de la Euroamericana 2013, ahora con Simeone en el banco español y el regreso de la Brujita en cancha, el triunfo también se fue para La Plata; hoy con pilcha negra, ayer en España todo de blanco, 2-1 con doblete del Bocha Flores, el goleador albirrojo de la gira.
¿Cuál es el secreto del Estudiantes?, lo consultaron a Zubeldía en el final del vestuario. “No tiene ningún secreto: únicamente el trabajo. El que diga que hace milagros en el fútbol miente completamente o no sabe de lo que se trata”.
Finalizado el Metropolitano ’69, con las mieles a flor de piel tras el laureado bicampeonato de América contra el Nacional uruguayo, el Club organizó una extensa gira de preparación – 45 días afuera del país- con la proa en el objetivo de máxima de ese segundo semestre: defender el máximo título de clubes conquistado un año antes en Old Trafford.
La chapa de la victoria en Manchester contra el United y la invitación del Barcelona, fue el amuleto gancho para la CD al mando de Mangano, que dispuso de distintos ofrecimientos para presentarse y jugar amistosos alrededor del mundo: Colombia, Venezuela, Norteamérica, Italia y España. Algunos fueron descartados con el viaje ya comenzado, otros se fueron sumando, acomodándose siempre a los encuentros pautados de antemano en Europa, donde el equipo disputaría cuatro de los trofeos estivales más reconocidos de la península ibérica.
A la Joan Gamper (novata competencia de pretemporada, por aquel entonces, que iba por su cuarta edición) se sumaron los trofeos Fenosa y Festa D’Elig; y la Copa Ramón de Carranza, de la que participaron los dos grandes de Madrid y Palmeiras de Brasil, derrotado por Estudiantes en el desempate del Centenario, para completar el cuadrangular eliminatorio.
La gira empezó el 15 de julio, después de una breve excursión pautada por Brasil para el denominado “Torneo de los Cinco Gigantes”, con una primera escala en Colombia, donde se jugarían más encuentros que los fijados inicialmente, al suspenderse, entre otros, el programado contra la Selección de Venezuela en Caracas.
Un empate ante el combinado colombiano, tres días después de la salida de Ezeiza, fue el inicio del camino que llevaría a Estudiantes nuevamente al Viejo Continente como escala final, ocho meses después de conquistada la Intercontinental en Manchester. La faena en Colombia se completó de manera invicta con otras dos victorias (el 20 y 23 de julio, las dos por 1-0 y con pepas de Rudzki, contra Atlético Nacional y Deportivo Cali) y un empate 0-0, el 31, ante el América.
Suspendida la escala en Canadá, el quinto choque fue el Necaxa mexicano, en Los Ángeles. Un 5-1 que puso blanco sobre negro la real diferencia entre un fútbol y otro hacia finales de los ’60, amén el antecedente de la victoria del Toluca en Argentina en la definición de la Interamericana que el Pincha había hecho propia meses atrás.
“Una nueva versión del fútbol sudamericano: Estudiantes con su sentido práctico”. Así anunció El Mundo Deportivo el arribo del Club a la Gamper, con foto insignia de archivo, tapa de El Gráfico, aquella del abrazo de Zubeldía y el Bocha Flores. Y fueron por más: “Partiendo de cero, el club de la capital de la provincia de Buenos Aires ha llegado a ser ‘grande’ del fútbol mundial. El equipo se prepara intensamente para la disputa de la Copa Intercontinental de Campeones frente al Milan. Y la afición mundial futbolística espera con interés esta nueva confrontación de dos escuelas tan diferentes”. ¿La clave de sus triunfos?, preguntaban los catalanes. “Una conducta ejemplar”.
El Conde Fenosa fue el debut en la escala española, el 17 de agosto, con dos pardas: 1-1 (remate cruzado de Verón entrando al área) contra Celta de Vigo y 0-0 frente al Deportivo, apenas 48 horas después, lo que motivó la queja de Zubeldía: “El calendario favoreció a La Coruña, que descansó un día más”.
Con muchos cambios -rotar y probar jugadores se hizo regla por el apretado calendario- llegó el 23 de agosto y el triunfo contra el Elche, 2-1 (Verón y Conigliaro), que llevó el Fest d’Elx para la sede social de 51. El mismo que hoy se exhibe, junto a tantos otros, en el salón de trofeos donde comenzó a andar el renovado Museo Histórico.
Restaba aún el menú de mayor convocatoria: la llave eliminatoria en el Camp Nou y un eventual partido contra el Barcelona que finalmente no fue por el 2-3 con el Zaragoza en semifinales, goles del Bocha Flores y Rudzki; y el esperado partido contra el Madrid por la eliminatoria de la Ramón de Carranza.
La doble jornada de semifinales de la Gamper se disputó íntegramente el 26 de agosto en cancha del Barsa, con una “perla” de época: en plena dictadura franquista, los equipos salieron al campo con las cuatro banderas de los representantes del torneo, encabezada por otra con los colores y el escudo de la España que hoy Catalunya rechaza. Y se escuchó el himno, claro.
A la sorpresiva derrota del Pincha -a juzgar por la prensa catalana, que incluso marcó como figura al arquero aragonés - le siguió el choque de fondo del Slovan Bratislava con el Barsa, que se tomó revancha de la final perdida, meses antes, en la Recopa de Campeones ante los mismos checos. Apenas un día después se jugó la final, ganada por los locales, y el partido por el tercer y cuarto puesto, en el que Estudiantes volvió a caer, 1-2, frente al Bratislava. Fue insuficiente el transitorio empate marcado otra vez por Flores.
De Barcelona a Cádiz, para jugar a las 72 horas la esperada serie ante el Real Madrid por la Ramón de Carranza. Zubeldía probó con Errea por el Bambi Flores en el arco, que en el segundo choque de la Gamper había ingresado por Poletti. Y Aguirre Suárez y Togneri se metieron por Bilardo y Echecopar; de rigor, otro esquema defensivo para poner freno a la potencia ofensiva del rival. El Real dominó desde el comienzo y sólo pasó algún sobresalto tras el descuento transitorio del tucumano Aguirre Suárez, que promediando el segundo tiempo la metió con un fuerte tiro libre de frente al arco. Sobre la hora, los españoles cerraron el partido de contragolpe y sentenciaron el 3-1.
Eliminado por Palmeiras en la definición de penales, el tercer puesto se definió contra el Atlético de Madrid, de nuevo a estadio lleno, tal la expectativa por ver al campeón del mundo vigente. Al igual que en el amistoso de la Euroamericana 2013, ahora con Simeone en el banco español y el regreso de la Brujita en cancha, el triunfo también se fue para La Plata; hoy con pilcha negra, ayer en España todo de blanco, 2-1 con doblete del Bocha Flores, el goleador albirrojo de la gira.
¿Cuál es el secreto del Estudiantes?, lo consultaron a Zubeldía en el final del vestuario. “No tiene ningún secreto: únicamente el trabajo. El que diga que hace milagros en el fútbol miente completamente o no sabe de lo que se trata”.
* Publicado en el número de febrero de Revista Animals!.
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