jueves, 24 de abril de 2008

Koala sin jaula


... siento
deseo
abrazarte, besarte, amarte
tocarte, acariciarte
con labios tu sonrisa
de cerca
ahí
cuando cerrás los ojos
dejás ver
la pasión de tu goce
con el cuello hacia arriba
llegan los labios
pasan
lo humedecen y lo asfixian
lo encierran
no se inmuta:
se deja amar, tocar, manosear;
abajo también
húmedo, cálido
como la sombra de verano...

martes, 5 de febrero de 2008

Una que sabemos todos


Cuestiones que no conocía o me había olvidado de "Snoopy"...

- Quel nombre original de la historia no era ese sino "Peanuts".
- Quel creador se llamaba Charles Schulz.
- Que Reagan era fan del dibujo y se reflejaba en Charlie Brown.
- Quel canario se llamaba "Woodstock" en homenaje a la generación lisérgica de los '60.
- Que fue la tira de dibujos escrita por un sólo tipo más larga de la historia.
- Que la leyeron más de 350 millones de personas en 25 idiomas diferentes.
- Que Charlie Brown no era ficción y el verdadero (Charles Francis Brown), amigo de la infancia del autor, sufrió de psicosis, alcoholismo y homosexualidad reprimida.
- Quel autor reflejaba en los personajes todas sus obsesiones personales, como la pendeja pelirroja de la que se enamoró en 1950 y que los lectores recién alcanzaron a ver en una lejana sombra de un cuadrito de la tira... de 1998.

PD: La nota la escribió Fresán en el cultural de Página. Le iba a marcar esa costumbre de abundar el inglés en un diario argentino, pero después salió con la biografía del dueño de Snoopy.
¡Prendete al anglosajón! Muchos quieren un Fresán en sus vidas.

viernes, 1 de febrero de 2008

La salvación


Suena excesivo hablar de minimalismo en Bioy Casares. Y tampoco creo tener la vocación literaria para encasillarlo en algún lado.
Lo último que leí de él fue "La aventura de un fotógrafo en La Plata", que por momentos me hizo acordar a algunos pasajes de Soriano. Y al Gordo lo criticaban por supuesta abundancia de simpleza. "Vulgar" le decían: también hay insanos en la Academia y los estrados culturales.
Laconismos al margen, dicen que lo bueno si breve, dos veces bueno.


Esta es una historia de tiempos y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extranjeros ilustres, en el extremo de la alameda de los filósofos decapitados, el escultor presentó su última obra: una náyade que era una fuente.
Mientras abundaba en explicaciones técnicas y disfrutaba de la embriaguez del triunfo, el artista advirtió en el hermoso rostro de su protector una sombra amenazadora. Comprendió la causa. "¿Cómo un ser tan ínfimo" - sin duda estaba pensando el tirano - "es capaz de lo que yo, pastor de pueblos, soy incapaz?" Entonces un pájaro, que bebía en la fuente, huyó alborozado por el aire y el escultor discurrió la idea que lo salvaría. "Por humildes que sean" - dijo indicando al pájaro - "hay que reconocer que vuelan mejor que nosotros".

miércoles, 30 de enero de 2008

Siento, existo, pienso... luego


Amanece
la puerta, entreabierta
Espiás
su ropa, sus sentidos, una sombra desconocida
el piso apenas visible
molesto, abrigado, confundido
L
os gestos son huéspedes de tu soledad
y ella se convence

Falsas levedades van de la mano
de esa luz que sube y enceguece
Y en el rincón
su mirada, el goce, su imaginación
Y ya no estás
Tus ojos se robaron el dolor
y la cerrás por última vez


Imaginado en agosto de 2007

jueves, 27 de diciembre de 2007

El viaje


Parados en la mitad de calle 2, mirando la Jefatura desde 55, el contorno que dibujaban las copas de los árboles nos trasladaban a Montevideo.
Aunque era feriado, un viejito de pijama y musculosa blanca volvía de algún lado; sería del kiosco. Nos miramos, cagándonos de risa, pensando con gestos que no podía ser, que era imposible: había amanecido y era Navidad.
Nos quedamos parados como quince minutos sin que perturbe ningún auto. El primero que se dio cuenta de la secuencia volvió a sentir al mismo viejito, ahora algo más transpirado, a diez o quince metros. Teníamos el cuerpo saturado, como surfeados por un shock uniforme de los dedos a los pies.
Fuimos y vinimos varias veces. Volvimos al Bosque y después otra vez a la puerta de lo que era la cancha de Estudiantes. "Era" porque la están
remodelando hace unos meses y ahora no hay nada: ni tribunas, ni techada, ni color. Nada. Parece un campo fértil a punto de insumirse.
Distraídos, mirando la hora, se acercó un flaco algo cansado, de vaquero por las rodillas. Nos pidió que secáramos la nostalgia y apenas lo entendí. Seguíamos ahí, inmóviles, sobre las rejas de calle 1, imaginando un Industrial nítido, apenas cubierto por los despoblados árboles de la 57; y del otro lado, los tablones apilados, uno sobre otro, en el medio de la visitante: ahí hizo goles Simionato; el Turco Asad; Insúa; Saturno, el de Huracán de la moda de las calsas, esas que usaba él, Mohamed y otro mediocampista que no me acuerdo el nombre...
Derivó la charla, estacionados otra vez en el mismo banco de un rato atrás pero ya sin imágenes. Alguien pidió fuego varias veces. Lo ignoramos; lo evitamos; lo perdimos. No sé. Lo vimos irse, zigzagueante, por detrás nuestro. Esquivó cuatro tipos que corrían en cortos y se metió al zoológico. Estaba cerrado y entró igual. Lo escuchamos, sollozando, decir que era de "seguridad". Se perdió enseguida y se transformó en dos policías, frescos, con la cara de quien se levantó hace un rato, que no sabemos si nos evitaron o nunca nos vieron.

Volvimos por 54 como a las dos horas. Descubrimos la torre escondida del Club Español que de noche apenas se asoma; la de la Continental de 6 y 49 con ese reloj que ya no marca la hora; y los neón del Rocha y el San Martín, ese lugar que parece no salir nunca de la rígida custodia del masetero de la esquina. El sedante fue un Arsenal - Manchester de alguna Copa. De las galletitas quedaba nada más que la mermelada de arriba; estaba ácida.

lunes, 3 de septiembre de 2007

De Redondos a Virus: rock, poesía y poder


Las trayectorias artísticas de Los Redondos y Virus confluyen en un punto fundacional para las coordenadas de la Cultura Rock en el país y su posterior evolución: el comportamiento del rock argentino, “nacional”, desde su legitimación institucional con la guerra de Malvinas.
Es que, tiempo de conmemoraciones del desembarco en las Islas al margen, para el rock, la pregunta por el comportamiento de los artistas que componen el movimiento sigue siendo el interrogante por su distanciamiento y su postura respecto de las estructuras de poder.
En ese marco, tanto Los Redondos como Virus se desvincularon del circuito que protagonizó la “nueva ola del rock argentino” desde comienzos de los ’80: formados en La Plata, y pese a que el grupo del Indio trasladaría su “comando de operaciones” a la Capital a partir de 1983, “los dos mitos en apariencia estéticamente opuestos”1 (nunca más aparentes) compartieron un origen común; una misma banda: Dulcemembriyo, aquel lugar de confluencia rockera platense de comienzos de la década del ’70.
Aunque con un inicio artístico disímil (Virus grabó su primer disco en el ‘81; Los Redondos, en 1984), preguntarse por el distanciamiento de las estructuras de poder de dos de las experiencias musicales de la ciudad, es responder sobre los caminos que configuraron su inclaudicable postura artística cuando el Estado visualiza y busca incorporar al actor social “que mayor crecimiento había demostrado durante el Proceso, al menos hasta 1980”.2
Malvinas “nacionaliza”, institucionaliza y masifica el rock argentino desde los medios de comunicación, en parte por la prohibición militar de seguir difundiendo música anglosajona en plena guerra.
De esta forma, como señala Rodríguez, todavía en dictadura “el rock nacional tuvo la posibilidad de circular masivamente por las emisoras locales”3; y fundamentalmente, por la televisión, en vivo y en directo, cuando el gobierno permitió transmitir y difundir el “mensaje de paz” del Festival de la Solidaridad Latinoamericana al que concurrieron las principales figuras del rock y la canción popular argentina (desde Miguel Cantilo y León Gieco, hasta Charly García y Spinetta) para recaudar fondos, ropa y alimentos para los soldados que luchaban en el Archipiélago Sur.
Aunque discutible la mención, buena parte del público, como afirma Daniel Amiano4, “fue a vivir una especie de Woodstock y a ver a sus artistas quemar los DNI como protesta por la guerra; pero todo estuvo lo bastante limpio como para que se entendiera (externamente) que todos los argentinos estaban de acuerdo con la guerra”.


En ese contexto, para Pujol, “las pequeñas alianzas”5 que productores y músicos sellaron con el Estado y el gobierno militar comprometieron al rock en una situación contradictoria. Porque el rock argentino (como movimiento, como Cultura) ingresó en un camino sinuoso al aceptar la autentificación externa propuesta por las instituciones que puso al “otro”, al enemigo, en el seno mismo de su cultura; cuando con Malvinas, “el rock vende el stock y sale al balcón”6, como denunciaba Virus en la voz de Moura.
Es a partir de ese episodio cuando empiezan a comulgar las carreras artísticas de Los Redondos y de Virus en los albores de su trayectoria. “Tributarios de una moralidad libertaria y autonomista (…) reinventando la sociabilidad más allá de la política (…) cuando el rock se convierte en un espacio de encuentro para miles de jóvenes y el estado intenta formar parte de aquella fiesta”7, la alternativa contracultural para ambos fue el distanciamiento del poder, de su estructura y sus reglas.
Acusados de “frívolos” y “livianos”, Virus fue el único grupo que rechazó la invitación oficial al festival. Mientras el Indio, a su vez, despegándose de una experiencia que a su entender no podía involucrar a la Cultura Rock en su totalidad, decía no entender cómo gente que se había nutrido de información totalmente contestataria y enfrentada con el sistema fuera a pedir la bendición del mismo.
Según Solari, esa actitud, "
la de ir a pedir la aceptación y buscar la recompensa", solía percibirse entre la mayoría de los músicos. "Pero hay circuitos", afirmaba, "que son inconmovibles y no hay que recurrir a ellos (…) Por eso hay que diferenciar bien aquello del rock contestatario (por donde se desplazaba una serie de informaciones que el sistema tenía encubiertas o negadas) del ‘rock business’, que tiene más que ver con las decisiones o jubilaciones personales de algunos músicos pero que no pueden involucrar al rock en su totalidad”.8

El poder de la ambigüedad
La negación de Los Redondos y de Virus; su imposibilidad de ser parte de la estructura al descreer de la epopeya consagratoria del rock nacional que había abandonado su espacio reservado en el under, se sustenta en la oposición al discurso de la canción de protesta que emerge y se masifica de la mano de la aceptación institucional del rock en castellano con Malvinas.
En plena efervescencia rockera de posguerra, Federico Moura valoraba la actitud de Virus de no decirle a la gente qué tenía que pensar, priorizando el uso de la poesía a través de la canción para el ejercicio de la mente. “Como el psicoanálisis”, decía, “que no dice qué hacer, las letras deben servir para que la gente piense; que tome lo que quiera, pero que ejercite la cabeza, sabiendo que las cabezas fuertes pueden llegar a superar los hipnotismos que promueve el sistema”.9
Lejos de la linealidad que acompañaba la retórica y las certezas que emergieron con las canciones de protesta hacia el fin del Proceso, a contramano, Virus y Redondos simbolizaron la experiencia artística como requisito de la seducción y la ambigüedad, porque las letras, lejos de aclarar, “dejaban sus emociones al alcance de la mano de quien quiera arriesgarse”10 para transformarse en la condición de placer del individuo que las recepciona y sobre el cual resuenan.
Para Solari, la retórica de la seducción “tiene que ver con la ambigüedad, no con que vos le bajes línea a la gente". El planteo, dice, "es el asunto, no la resolución. Los artistas o la gente que se dedica a hacer canciones no estamos para develar el misterio, sino para generarlo. Si yo te pongo un revólver acá arriba, ¿vos estás a favor o en contra?… Un cuchillo no es verdadero o falso; el asunto es si uno lo agarra del mango o si lo agarra de la hoja. Aquel que genera algo para que haya una resonancia está diciendo: esto es la calle, esto nos pasa. No estoy diciendo si esto está bien o está mal…”


Así, según Eduardo Berti11, durante el ciclo III de la historia del rock nacional, que se extiende desde 1976 hasta la caída de Galtieri en 1982, lo psicobolche se definía como la izquierda del rock y la música popular, simbolizada en la canción de protesta de función socializante y opositora a la dictadura; con buena parte de la retórica sonora y visual del denominado “rock progresivo” comulgando, ya hacia el final del Proceso, con un lenguaje que predicaba y apostaba por un cambio social que previamente determinaba y definía el comportamiento del público.
Afirmar esto, sin embargo, no implica asegurar que Los Redondos y Virus se manifestaban contra el cambio, sino todo lo contrario. Es reafirmar la comulgación con otro tipo de cambio, ese que, por sobre la tarea pública de modificar las instituciones o la política, buscaba la liberación psíquica y espiritual del individuo; de sus facultades perceptivas y sensitivas.
Entonces, en contraste con los rockeros y los músicos que pontificaban certezas que se presentaban como respuestas o sentencias que ponían las cosas en orden, Solari y Moura, citando conceptos de Paul Valéry12, pusieron en práctica el arte de profundizar la discontinuidad entre la poesía y la prosa o el lenguaje cotidiano, sabiendo de antemano que el objetivo de la prosa es perecer y ser comprendida, porque su universo práctico se reduce a un conjunto de fines, a partir de los cuales, lograda su meta, la palabra siempre expira.
La poesía, en cambio, aporta interrogantes, no es clara ni sencilla y abraza la ambigüedad y el detalle, abriendo el camino para una interpretación infinita. Así, como sostiene el Indio, conjugando la retórica de la seducción, “la lírica o la poesía se trata de un cosa simbólica que explica algo en términos estéticos”. Por eso dice no creer en las letras que son explícitas: “No me interesan los panfletos, (…) porque la letra es lo que hace envejecer una canción y cuanto más poder enigmático tienen, menos rápido envejecen; y la lectura personal de cada individuo es siempre la que vale y la que conmueve”.13
De la misma forma, al considerar la obra o la canción no ya como una estructura de significados, sino como un espacio infinito de significantes, no resulta complicado tampoco para Moura desarrollar un concepto artístico con una estética que no extinga jamás, desconociendo “el verdadero sentido de un texto o autoridad alguna, y haciendo de la obra un aparato que cada cual usa a su antojo”14; pues habrá tantos sentidos como intérpretes y todo es interpretación.
Abrazando la ambigüedad, Moura destacaba, en una entrevista para la Rock & Pop en 1987, la magia de la resonancia y la poesía, “que puede ser tan amplia al punto de tener lecturas diferentes”, mientras criticaba ante el periodista la posibilidad de sacar conclusiones: “Eso lo hace la gente, sino sería una limitación absoluta”; y arengaba sobre la tapa de Superficies de placer: “Nuestra idea no pasa por ese encasillamiento, ni por otro tampoco (…) Vos lo decís por el culo de la tapa, pero eso puede expresar muchas cosas. Además, no se sabe si es un culo masculino o femenino; y a mi me parece precioso que la gente polemice y discuta sobre un concepto”.
En cierta forma, negándose como una autoridad capaz de ejercer el poder por medio del discurso poético sobre el público que recepciona la obra como una herramienta para ampliar el campo de su imaginación, y pese al riesgo de aún hoy ser encasillados como pesimistas apolíticos al estilo foucaultiano, Redondos y Virus, unos y otros, se despojaron del sueño de resolver el enigma de la historia, pero reconociendo que rechazar el evolucionismo garantista sólo es rechazar la teología; no la posibilidad de democratizar el cambio.

Notas
1 Riera, Daniel; Sánchez, Fernando:
Virus. Una generación. Buenos Aires, Sudamericana, 1995, p.152.
2 Pujol, Sergio: "Rock y dictadura. Crónica de una generación (1976-1983)". Buenos Aires, Emecé, 2005, p.188. Citado por Esteban Rodríguez en Rock y Estado. Encuentros con el diablo, www.rodriguezesteban.blogspot.com.
3 Rodríguez, Esteban. Idem.
4 Amiano, Daniel: "Luces y sombras del rock nacional". Suplemento Enfoques del diario La Nación, Especial Malvinas 25 años, abril de 2007, p.11.
5 Pujol, Sergio. Ob. cit.
6 Ver la letra de "Ay qué mambo", del disco Recrudece, Virus, 1982.
7 Rodríguez, Esteban. Ob. cit.
8 Solari, Carlos:
El rock no es ideología, 1982. En: www.mundoredondo1.com.ar.

9 Riera, Daniel; Sánchez, Fernando. Ob. cit., p.95.
10 Chitarroni, Luis: "A Ultranza". En: "Los Redondos". Compilación de varios autores. Buenos Aires, Editora AC, 1992, p.48. Citado por Patricio Cermele en Yo no me caí del cielo. Redondos, medios y contracultura. Genealogía de una postura. Tesis de Grado realizada en la FPyCS, UNLP, junio de 2006, p.65.
11 Berti, Eduardo: Rockología. Documentos de los ’80. Buenos Aires, AC, 1990, p.17. Berti afirma que, ya en democracia, durante lo que el simboliza como el ciclo IV de la historia del rock nacional (1982-85), el pop moderno (caprichosamente, entran en la categoría como referentes Los Redondos y Virus) se esforzaba por desmarcarse de la función socializante y opositora que había cumplido el rock durante la dictadura. Y muchos se animaron a calificar esa actitud de “liviana”.
12 Valéry, Paul: “Prólogo al cementerio marino”. Madrid, Alianza, 1987. Citado por María José Melero en Esbozos para una estética de la recepción. Revista Cuadernos de la Patagonia, n°11, marzo de 2002. En: www.paginadigital.com.ar/articulos.
13 Declaraciones del Indio Solari al programa ¿Cuál es?. FM Rock&Pop, abril de 2000. Citado por Patricio Cermele. Ob. cit.
14 Melero, María José. Ob. cit.

* Publicado en la revista Tram(p)as de la comunicación y la cultura: "Rock, Cultura y Comunicación". La Plata, FPyCS, UNLP, año 6, nº52, mayo de 2007.

jueves, 2 de agosto de 2007

Extraños privilegios


Con ojos de lechuza
contemplo la belleza
Siguen abiertos
resisten el refugio

Qué envidia, ojos
que podés tener
ese extraño privilegio
de imaginar su mirada,
los gestos
acariciarla con la vista

Qué envidia, ojos
que pintan su cuerpo
los pies
hasta ocultar su boca
cómplice de la mirada

Como lechuzas
caminás el deseo
con ojos de horizonte
subiendo para siempre
esa imagen de dolor
con tus ojos

Qué envidia, ojos
que sabes
que con mis manos
puedo seducir
lo más hermoso
a ella
la vida

martes, 24 de julio de 2007

Sequía de verano


Cómo nadar en aguas secas
acostumbrado a la profundidad
cuando navegamos en barcas frágiles
que no reman nuestro dolor

Cómo haré para bucear
si no hay almas que encontrar
las que escapan de la sequía
y sólo mojan de dolor


Imaginado en noviembre de 2003

miércoles, 4 de julio de 2007

Lejos de la percusión

En la sala Ocre, Verbitsky presentaba con Pigna y un limado de voz gruesa algo como "Cristo vence". Me enteré porque se lo promocionó en su diario (calificativo que usó durante la conferencia para hablar de, justamente, "su" diario). Lo escuché ser crítico del Gobierno, pero construye hacia el movimiento y le marca errores a la gestión como forma de superarlos.
Pensaba si Walsh hubiera sido como él; casi la misma pregunta sobre Perón: ¿qué hubiera hecho en los '90? También me sorprendió no ver tanta
freakseada; debían estar haciendo cola en el Bafici.
Enfrente, en la entrada a la sala Amarilla, se amontonaba un montón de gente. Dos minitas cortaban el aire con algo de feminidad. Eran dos contra casi veinte hombres: padres; solteros; caras de "qué carajo hago acá un domingo a las 7 de la tarde": estaban mirando CASLA-Chicago en el stand de Multicanal.
Es que todo en la Feria se mide por stand: stand de esto, de lo otro, de aquello; el que no tiene stand no está; no tiene entidad; casi que no existe. Por eso lo tiene Clarín, la Ñ, La Nación, Lanata, Savater: todos, todas; la llamada "cultura".
Después de muchos años esta vez fui con un
mango: metí uno de Polimeni: "Bailando entre los escombros", una crítica de la historia del rock latinoamericano: de Mutantes y Matogroso, a Cazuza, Tacuba y Prisioneros; "Cuando el arte ataque", de Omar Emir; "Tartabul", de Viñas; y tantos otros.
Cuando me iba, en el pabellón Verde, otra dos minitas, igual que las dos de antes, las del partido, regalaban Fernet; y una vieja con pinta de
gorila comentaba en voz baja "qué buena la charla de Horacio".
Libros caros, muy caros; otros baratos, muy baratos... algo de basura... Eso, la Feria del Libro.

domingo, 1 de julio de 2007

Odio los quiebres


Eclipse
En el arcón de los recuerdos
busqué tu nombre
hallé unas letras borroneadas
descoloridas y tristes
¡Cómo pudo el tiempo
cometer esa insensatez!

Si éramos un solo abrazo
en otro abrazo,
una sola sombra larga
en aquellos atardeceres
que juntos caminábamos
queriendo descubrir
el misterio de los astros
que por siglos de los siglos
están ahí, siguiendo siempre
las mismas órbitas.

Creíamos ser lo mismo,
pero una noche nos eclipsamos,
y somos sólo una marca en
un papel.


Anónimo
Mirar el mundo y encontrarme en él,
distendido, sereno, transparente...
Así quisiera dormirme por última vez
dejar algunas canciones de mis últimas
lágrimas, compartidas con vos...
Acariciar la dulce rugosidad de las pieles que
fuimos soñando en nuestros momentos sin dolor.

Yo sé que a veces me encierro en el desencuentro,
que entretejo con alambres de púas algunas de
las palabras antiguas que me han sembrado
Pero al desactivar mi temor, en el medio de
este silencio, sólo puedo recordar las caricias
de las arboledas perdidas en la música de
tus labios...

Mirar el mundo y comprender que este infierno
ha sido sólo un triste recreo en este único
vuelo que algún día tendremos que lograr.
Recuperemos las alas olvidadas, sacudiremos
los últimos temores y llevaremos nuestras
húmedas alegrías hacia la libertad...


PD: Dos momentos del último número de La Doblada, unos manuscritos del sur que se reparten en varios lugares de la ciudad.