viernes, 5 de septiembre de 2014

Dal Masetto

La primera vez (la primera en serio) que escuché hablar de este tipo no contaba 22, 23. Y hay dos virutas: o en los entuertos de jueves que armábamos después de FM Récord con esa cerveza que le decíamos MP, en el kiosco de 57 de un tal "Uruguayo", asomando la cervecería Alemana; o en el pasillo verde de 50 casi 6, codo en equilibrio entre la Farmacia Berri y el Bazar X. Ahí está la casa, aún; el kiosco enfrente, aliado de Don Satur's, Philip's y más cervezas; su pasillo, el ventanal frentista y, al fondo, el ascensor testigo de prácticas hoy irrepetibles.
Entre esa banda, había un par de amigos y conocidos que ya despuntaban el lenguaje del html previo a blogs, redes y comunidades 2.0. Juntacadáveres punto algo le habían puesto a la página. Y Dal Masetto asomaba para unos cuantos.


Drama sobre drama
(...) "Otro vaso.
'Tal vez lo mató la tristeza y la impotencia. Me había olvidado del episodio, pero con el psicoanálisis volvió a aparecer todo'.
'Suele suceder'.
'No me gusta haberlo recordado'.
'¿Su psicoanalista qué le dice?'.
'Nada, nunca dice nada'.
'Ya le dirá algo algún día'.
'Eso espero'.
'Tenga fe'." (...)


viernes, 29 de agosto de 2014

Conurbano


Aún recurriendo al facilismo de "googlear" el nombre del libro, su autora y algún que otro dato, pocas son las críticas escritas sobre la historia en cuestión. Y todas se vuelcan insistiendo sobre el lugar común: los prejuicios sobre una autora ganadora del "Emecé" y el precio de saldo de la novela, instancia repetida en el mercado masivo de la literatura.
Después, se sabe, todo lo que venga será lectura: uno y el libro, nosotros y la historia, la implicancia con el devenir de la trama y las vivencias de personajes que, en este caso, fuerzan unidad en esteteotipos, a veces necesarios, dentro de una barriada del Gran Buenos Aires.
Entonces hay un momento en el que se aproxima el cierre del círculo, cien veinte páginas más adelante: "A veces pasan cosas así. Es sólo un instante en que todo cambia sin explicación. No son cambios que duren pero ilusionan en que todo va a empezar a andar mejor", incita la autora.
Un reencuentro, una noche de Reyes entre copas que parecía olvidada en la cotidianeidad de Turdera para Laura y Germán, el breve goce, la escapada a la Costa que se presume iniciática para la pareja, poco más; el enojo de Germán, su caminata en madrugada buscando la soledad de los bares, la ceguera inocente de Laura que prefiere oler insomnio en los gestos de una relación terminada...
Como se sospecha, la trama vuelve a los otros personajes. La autora invita a inferir el futuro de lo que omite con la facilidad de desentenderse en el nudo de la trama, cuando más actitud demandaba; y Laura y Germán, a mitad de camino. Poco y nada.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Despedida, dolor dulce


Lo que queda es el rito ese del final, que apenas asomaba como una mueca más del “principio del fin” que amagaba el Indio (bardo mediante) desde los Villa María de la curva final de los '90. Pero fue Córdoba el último: el ahora “viejo Chateau”, 40 mil tipos que hoy se antojan la nada con los encuentros del espectáculo y el Indio de la posmasividad solista, y “Un ángel para tu soledad” como último acorde, anticipando lo que estaba al caer; la soledad que los ricoteros tradujeron en el grito de guerra que ancló con Skay en Mar del Plata al otro año: “Sólo les pido que se vuelvan a juntar”.
Pero no se juntaron. Y está bien. Y lo compartimos entre muchos: colegas, amigos y hasta conspicuos redondos. La historia del grupo se refleja perfecta y el eventual retorno no sería más que otro callejón sin salida.
Más de uno guarda aún el recorte del “Sí” que anunciaba a Los Redondos tocando en Santa Fe en el diciembre que después se grabaría en el 19 y 20. El anticipo que quedó en eso. Días antes, el Indio, Skay y la Negra Poli firmaban una carta que ofrecían en exclusiva, y en tapa, a la revista La García (el mejor “refugio” en medios gráficos que la banda encontró en su último traspaso generacional) para contar que “la situación del país” obligaba a cancelar el show previsto para aquel diciembre. Aunque los excedía el país, claro. No es difícil oler, tanto nervio después bajo el melodrama, que la cocina del “año sabático” anunciado y la definitiva separación ya se sentía a punto hervor.
El recorte/afiche no es el único tesoro que aún queda de aquella parábola Córdoba/Santa Fe de cuatro meses; los “piratas” lo fueron y lo siguen siendo para cualquier redondo con años encima (Paladium, Stud, el Cemento con Prodan, Barco María, los Obras, los inéditos de las noches de escape en el Go! marplatense: infinitos) y batallas de días descolgados. El de ese Córdoba 2001 guarda uno casi único. “Cómo la están pasando”, pregunta Solari entre tema y tema. Para la respuesta, mejor auriculares y el “pirata” al mango hoy a la mano en YouTube. Lo sinceran de abajo: “Una cagada, Indio: no venden vino en la villa”.

Todo muy celoso, de antemano se sabía que prohibirían vender cerveza, fernet y lo que venga cerca del Estadio. Venta, no. Alcohol, sí. Y mucho. El bondi que fletó Leo en 48 casi 13 se cargó el viernes temprano. Salimos con demora de ahí mismo, sobre la vereda del Consulado italiano en La Plata. En el pasillo, después de la primera doble fila donde más de uno ya roncaba de la caravana del mediodía, se estacionaban cuatro heladeras repletas que debíamos ir saltando simulando una rayuela para llegar al fondo. La cafetera, sobre la puerta del baño, no tenía café ni agua; olía uvas. Los del fondo habían hecho el imaginable trasplante.
Varios todavía pedimos la captura de Leo. Despojado de interés en Los Redondos, organizó un almuerzo “a la canasta” en un descanso entre Rosario y Córdoba para sumar en la caja final. El cuelgue y la siesta casi nos deja sin nada: llegamos a la puerta del Chateau una hora antes, con la avanzada de la policía en pleno auge.
Para los que la evitaron, hubo un recital: el festejado arranque a puro saxo con “Golpe de suerte” (Unos pocos peligros sensatos); mucho Momo Sampler por ser el último CD editado; y los históricos al final: “Juguetes perdidos”, “Preso en mi ciudad”, “Noticias de ayer” y “Jijiji”, que no coronó la noche. Se sabía. No eran ni venían tiempos de sonrisas duras.

* Publicado en la edición de agosto de Revista Mascaró.
 

sábado, 2 de agosto de 2014

Oler a tigre


Alguna mente afriebrada en ricota sabrá bien la fecha, que para mi no sale de 1999 y 2000. Ya había internet, existía una página bien de culto (patriciorey.com) que permitía no extrañar las recorridas desde el 1000 de Corrientes a la caza de Pelo's y Generaciones X, los correos se mandaban por cuentas como Uol o Topmail, pero ni por asomo las dinámicas audiovisuales que todavía se hegemonizaban en la tele de cualquier comedor o living. Y, entonces, en ese '99 o 2000, una agrupación de Bellas Artes presentaba no sé qué carajo para las elecciones con un gancho en la convocatoria: podíamos ver "ese recital que había hecho el Mono" cuando Los Redó' todavía tocaban en La Plata. Y fuimos, y nos preparamos, y llegamos tempranísimo para que nada, ni nadie, pudiera afectar e intervenir los nervios durante los 30 y pico de minutos que estaban al caer. Esos minutos, que serían horas para nosotros, que encima colgaban yapa: el detrás de escena de Grafikar para el montaje de la navajita de "Ultimo bondi" y los amuletos de "Momo". Ya no hace falta hacer la cola en La Vitrola.
 

viernes, 18 de julio de 2014

Yicas


Lo pronunciaba con la misma tonada; siempre. Fruncía los labios, desgastados por años de calor misionero, y amagaba una mentirosa resignación cada vez que lo contaba.
“Las yicas no eraaaaaaaaaaaan mías. Si io apenas que miraba cómo alquilaaaban ese cuartito”.
El secreto era de los iniciados, los que lo conocieron cuando laburaba la parrilla en el tablón encajado al costado de la doble puerta grande.
Cuando Mario llegaba cada mañana de Gorina, el frigorífico que le canjeaba chorizos, achuras y tapa para que el negocio le cerrara, Silvia era la última en irse. Se tenían confianza. No había desamor ni ánimos de reconciliación, pero era la única que cumplía la orden nunca ordenada de desconectar las bombitas rojas que ambientaban el bulo, entre el baño y la barra de adentro, al enfocarse imbatible la luz externa.
Antes de Silvia, Irma, Florencia y la hija de una de las vecinas de la GNC de la entrada, salían a las cinco, cuando llegaba el Dueño a buscar lo suyo y no había chances de rastros sobre la ruta, que era eso que suelen llamar “boca de lobos”.
El día que empezaron los aprietes con la cana de la zona (no por benevolencia con las mujeres, sino por baja de colaboraciones), supo que la forma de seguir era subcontratar el espacio para otras actividades. Lo remarcaba, incluso a grito pelado (lo que le costaba muy poco) si su noche lo exigía, generando esa falsa expectativa de la iniciativa permanente: “Ampliar el negocio; renovarse siempre. A esto le falta una lavada de cara”, sugería.
Mario lo ubicaba de la salida de Corrientes. Una casualidad de terceros los cruzó esa madrugada de poca Gendarmería en la frontera de Libres. Salía con el camión a primera hora y le subió lo suyo en la parte de atrás del acoplado. Estaban las cuatro, flacas, muy cambiadas al aspecto que Mario fue viendo con los años cada una de las mañanas que entraba con los ganchos, el carbón y la carne para activar el segundo turno del bulo. Ahí estaban: Silvia, Irma, Florencia y Paola, la más jovencita de todas, la que se enamoró del corredor de caños de Brandsen: los distanciaba la edad de padre e hija, pero la necesidad los llevó a fundar la primera GNC de la zona, cuando las conexiones truchas de gas se hegemonizaban en talleres y gomerías.
El Dueño siempre se mostró convencido, aún después de la separación que dejó una muerte de pocas explicaciones. “Método casero, hombre”, decía. “Es el futuro que viene: con lo que costará la nafta dentro de poco, cuando Sadam derroque a los yanquis tirando los ‘caza’ contra las Torres Gemelas, el que no tenga este tubito – y cada vez que lo hacía señalaba el motor- y este tanque, no tendrá piernas para juntar tantas pedaleadas”.
Husein no ganó la guerra ni los norteamericanos fueron derrotados. La parrilla, hace años, funciona sobre el terreno de la antigua GNC, ya sin bulo y con las mujeres exiliadas tras la revuelta y la repercusión en los diarios regionales.
Mi viejo aún rinde cuentas por las fotos de aquella tapa.

jueves, 22 de mayo de 2014

Zimmerman

La acción de salir, viajar, desplazarse, orienta un precepto -y no hace falta hurgar en la literatura de rasgo nómade más contemporánea- que se antoja habitual: la migración personal supone el raje instintivo y primario para desnaturalizar el "hábito o costumbre de hacer algo maquinalmente", según el laconismo RAE; en términos de obligación, todo lo que no queremos.
Así, se transforman cotidianos los saludos que tres o cuatro en una moto le infieren al vecino llevando cada mañana los pibes al colegio, como los reducidores de esas mismas rutas que hacen de la Caminera una AFIP paralela con anuencia provincial: cinco controles en algo menos de 300 kilómetros incitan la benevolencia recaudatoria.
Puede darse que un Zimmerman sexagenario sea descendiente de dos desconocidos hermanos empresarios de Zapallar, secuestrados cincuenta años antes por el protagonista del ensayo que venías leyendo, cuando el tipo, aquel familiar, te alzó al pasar la rotonda hasta la ciudad que corona a Solari como capitán de otro tiempo.
Pero la ricota también se pudre: es en esa misma novela donde se tientan de actualidad inconclusa los mismos quilombos sociales de ayer.
"En las áreas algodoneras el cultivo de algodón es reemplazado por el cultivo de cereales, especialmente maíz y trigo, que requieren una menor cantidad de mano de obra y cuyos precios son más remunerativos. La consecuencia social de este proceso es la desocupación creciente y la aparición de villas miseria en los alrededores de las ciudades chaqueñas y santafesinas (...) La economía doméstica tradicional crea, así, nuevas ataduras con el mercado donde el indígena concurre periódicamente a ofrecer sus productos y cambiarlos por mercancías que la nueva sociedad ha hecho indispensables para al nativo".

Roberto Carri, "Isidro Velázquez: Formas prerrevolucionarias de la violencia".

miércoles, 14 de mayo de 2014

Ese vocablo


Una palabra -mística- que resuena tan intangible como su caprichosa existencia, como un legado "sobrenatural" que no soportaría, ni siquiera, la explicación racional más ordinaria; un modo, más necesario que común, para tratar de entender la lógica de eso que ocurre en un momento determinado, en algún lugar, con infinidad de situaciones. Quizás hasta sea más simplista: creer y alcanzar lo que parece imposible.
Se la puede buscar hoy mismo. Podría estar, lo sabrán ellos, en la afonía de los citizens de Manchester reimprimiendo la historia de una ciudad en eterno colorado; o, acá a la vuelta, en el Prado montevideano, a punto el Wanderers de Francescoli de dejar sin nada a los que siempre ganan todo por allá.
O resumirse en un abrazo; el genuino que nace de los golpes que más se recuerdan por dolorosos. Difíciles, pero nunca definitivos: son los que anuncian la victoria que más se disfruta. De eso se trata el reloj del día a día: la convicción para levantarse y revertir lo escriturado. ¿"Nunca hay que dejar de creer", era, no?
Aquel gesto de 2006, contra los mismos de siempre, aunque se antojen con colores, bandas y franjas, en direcciones opuestas.


lunes, 28 de abril de 2014

Debuts


"... por último, el hijo de la "Bruja", que con sus 18 años jugó su primer partido en primera dejando una muy buena impresión".
El "otro" debut del 11, un año antes del oficial en torneos regulares... y en cancha de Gimnasia, contra todas las paradojas; con los titulares de huelga, una Reserva de juveniles contra Central por la ronda repechaje de la Centenario '93: Soria, Gaitán, Mauro Amato, Diego Capria, ¿Serfaty?, ¿Mazzucco?, Squadrone, Verón y no mucho más.

domingo, 9 de febrero de 2014

Olympique


Marsella es origen del Raval. Y, de seguro, para esa mayoría nocturna que practica la reincidencia, el barrio debería llevar el nombre del bar que sirve absenta hace casi dos siglos; el del letrero pintado en décadas que sugiere bailar en mute: "Prohibido cantar".
Dos leyendas, entre tantas, encubren el revés de la zona inmigrante -mitad Balvanera, mitad San Telmo, en patente porteña- en el límite justo entre el delito de sobrevivencia, la trampa y el producto de ciudad turística: el mito de "barrio chino" va de su condición de senda comercial de importados como baratija oriental, al arte punga de "chinar", con leves cortes de gilletes, las carteras de los estimulados turistas que buscaban extender la noche con la oferta y el susurro que asomaba de los cordones.
Pakistaníes, indios y marroquíes pueblan sus piezas y son la imagen de la (necesaria) contradicción de un sistema irreversible también en Barcelona: pueblan lo que la Comuna exhibe como gesto turístico; la excusa de una latente patriada de desalojo.
No muy tarde, once y pico, la rambla simula temporada de caza. Mientras los estudiantes y extranjeros se infieren por el asfalto, intentando ubicar el hostel que abonarán indefectiblemente con plástico en un español principiante, pibitas incómodas en antifaces de adultos, ojean, miran e insinúan una veloz compañía al idioma inglés.
Más cerca, padres o hermanos ofrecen cervezas en lata a precio vespertino. Las pastillas y polvos estimulantes aventuran poseerlos haciendo una indisimulable mueca, extendiendo la nariz hacia arriba a la vista del peatón sin distracción.

jueves, 23 de enero de 2014

1714


Catalanes, españoles y turistas, siguen el coro iniciado por los hinchas de Barcelona en cada partido de local: cuando los Seikos horizontales -esos que coronan, por encima de los arcos y de la última fila de gradas, el Camp Nou que pronto sería antiguo y recuerdo- marcan diecisiete minutos, catorce segundos, se escucha el único grito de la tarde en idioma original: "In-de-pen-den-cia, in-de-pen-den-cia", enturbian.
Los catalanes conmemoran la Diada cada 11 de septiembre: el último día de la resistencia de Barcelona contra las tropas borbónicas de Castilla en 1714.
Este año, a 300 del final de la Guerra de Sucesión, buscarán la autodeterminación económico/política a través de un referéndum que pretenderá ser vinculante y definitivo.
Creen que sí.