No
es "La Nación" o "Clarín" a secas, como entelequias inmateriales que no
perciben de objetivos ni fundamentos. Son cuerpos pensantes que
escriben y acompañan sus subjetividades, por acción u omisión...
Periodistas y mi̶l̶i̶t̶a̶n̶t̶e̶s̶ voluntarios independientes (sic),
lobbystas permeables a las emociones de diciembre por el "regreso de la
democracia y la república" y "el fin de un ciclo nefasto";
la hegemonía en la conformación del discurso público mediático que se
prueba el antifaz del "periodismo independiente". Jamás habrá opinión y
fundamento militante en la bajada de línea ("como lo demuestra el
sinceramiento tarifario en la electricidad y las próximas subas que se
esperan en gas"). Y aunque se muestren de perfil en Twitter con vocación
de "republicano-demócrata, nunca populista", contarán siempre con el
beneficio del voluntariado libre desapegado de toda ideología.
Voluntarios. Nunca militantes.
lunes, 14 de marzo de 2016
viernes, 11 de marzo de 2016
Profesores y pioneros
Mientras Zozaya se convertía en el máximo goleador del primer torneo del profesionalismo, aquel equipo sumaría otro hito apenas un año después de aquella marca única: disputar la primera final por un título oficial en la era rentada.
Tiempo de balances y reconstrucciones históricas, a partir de que la AFA reconociera la validez del torneo del ’36 ganado por San Lorenzo y lo oficializara (el primero del profesionalismo que otorgó dos campeones por temporada, como los Apertura y Clausura de esta era); y de que sumara a su página web los resúmenes de los boletines oficiales con los torneos no regulares organizados en distintos períodos, las copas nacionales del fútbol argentino fueron revisitadas por medios e hinchas y tomaron una trascendencia sin precedentes según los logros o clubes que cuenten la historia.
Así, entonces, equipos que históricamente sumaban a su escudo esos “logros menores” en forma de estrella, vieron la posibilidad de “reoficializar” viejas copas y conquistas olvidadas, pero no por ello (y ahí la importancia de quien cuente la historia) menos trascendentes para la época. Ejemplos, casos: nadie le quitará a los tucumanos de San Martín el orgullo de ser uno de los pocos equipos nacionales de tierra adentro en tener un capítulo que exhibe la conquista de la Copa República en los años ’40 (la misma que levantó Estudiantes en diciembre de 1946 contra Boca); a Central Córdoba de Rosario, ganador de la Beccar Varela de los ’30; o, más acá en la historia reciente, Arsenal de Sarandí, ganador de la nueva versión de la Copa Argentina y la novata Supercopa…
La Copa de Competencia que lo tuvo a Estudiantes finalista de la edición del ‘32, se disputó oficialmente en distintas épocas y con formatos discontinuados, ya desde los primeros años del amateurismo; en la era profesional y durante varias temporadas, con equipos jugando llaves a eliminación directa, como en las tradicionales Copas de Liga del continente europeo o los llamados “Concursos por Eliminación” que la AFA celebró desde principios del siglo XX: todos los equipos de Primera División de la temporada en curso, participaban, a la par del campeonato oficial o tras el cierre de la temporada, de un certamen a eliminación directa o con partido y revancha que consagraba un campeón de copa nacional anual.
Los Profesores, aquel de los cinco de memoria (Lauri, Zozaya, Scopelli, Ferreira, Guaita… los cinco, titulares en la final de la Copa que le daría al River de Bernabé Ferreyra y Peucelle la doble corona de 1932) que ya exhibían el tercer puesto del torneo del ’28 y el subcampeonato del ‘30, con la plenitud en alta todavía en 1931 con el mano a mano contra Boca y con chances de coronar luego de golearlo en 57 y 1 a dos fechas del final, también sumarían al palmarés ser el equipo del Club que jugó la primera final oficial del profesionalismo. Ya había sucedido en el ’17, cuando Estudiantes llegó a la final de la ya desaparecida Copa de Competencia (denominada “Jockey Club” en aquel tiempo), aunque todavía en la era amateur.
El Pincha de Los Profesores puso proa a la final goleando a Ferro, 5-3, en la primera fase, en el mes de junio. Después eliminó por los cuartos de final a Tigre (3-1 en el Ducó, el 12 de octubre); y en semifinales obtuvo un resonante 3-1 frente al duro San Lorenzo, en el estadio de Racing, triunfo que lo puso en la definición frente a River.
El partido definitorio se disputó en el Gasómetro de San Lorenzo, como otro guiño a la portentosa historia que luego tendría, en aquel escenario, las finales victoriosas de las Copas Escobar y República en la década del ’40; y la primera estrella oficial de Primera División del equipo de Zubeldía en la goleada contra Racing del Metropolitano ’67. Dicen que no hay dos sin tres…
La importancia del torneo bien podría medirse por la significativa y amplia cobertura que esta edición de la copa tuvo en matutinos como La Nación o La Prensa, que destacaron con grandes titulares la inédita convocatoria de público a pesar de la incómoda y persistente lluvia de aquel domingo 4 de diciembre de 1932 que cubrió a gran parte de la zona metropolitana y la Capital Federal.
“Nunca se registró la cantidad de espectadores que asistieron ayer al estadio de San Lorenzo de Almagro, con un día que pareció exitosamente empeñado en restarle comodidad a la fiesta. Desde las primeras horas de la mañana empezó a caer sobre la ciudad una lluvia que permutó la violencia por la constancia. A pesar de ella, ya a las 12 había una gran cantidad de aficionados frente a las boleterías de la avenida La Plata, decididos a ubicarse bien. Alrededor de treinta y cinco mil personas demostraron que su afición no había sido derrotada por el aguacero. Treinta y cinco mil personas que, exagerando un poco, eran treinta y cinco mil paraguas. El espectáculo total que ofrecían las amplias gradas parecía sacado de una fotografía inglesa. Era, evidentemente, una de esas tardes con perramus en el que la falta de matices en el color queda evidenciada por todos los impermeables…”
“Campeón sin corona” se insinúa de aquellos equipos que pasan a la historia sin lograr tatuar la estrella alrededor del escudo. Si caprichosamente se pudiera trasladar esta máxima (tan discutible como subjetiva al hablar de “merecimientos” en un juego que se define por marcar un gol más que el rival, por sobre formas y tácticas) al mapeo grande de logros de Estudiantes, podría sintetizarse en aquel lustro victoriano de Los Profesores como equipo que hizo historia y trascendió a nivel nacional, aunque sin coronar en título, en épocas donde el monopolio de los torneos se correspondía siempre, salvo contadas excepciones, con los “cinco grandes”.
Mientras La Prensa reafirmaba en su cronista que “el partido se definió a favor del equipo que más méritos hizo para adjudicarse el partido final”, destacando “el trabajo en defensa, el juego práctico y la eficacia” de los Millonarios contra el “juego impreciso” de Estudiantes (se dijo sobre el Pincha: “Fue el equipo que más atacó en todo el transcurso del partido y el que mayores oportunidades tuvo para señalar tantos, pero esto no quiere decir que haya merecido la victoria…”), La Nación le buscó la razón a “un resultado con cifras poco lógicas”, que tuvo un “score injusto” y “el espectáculo del partido” en los vencidos, destacando a Sirne, el arquero de River, como la figura excluyente del partido…
Aún las pocas luces de Ferreira y Scopelli aquella tarde, las mejores chances de gol y la posesión de la pelota fue patrimonio de Estudiantes; pero los goles que definieron el partido y la eficacia, de River, que sentenció el 3-1 para mandar la Copa de Competencia a las vitrinas del Monumental.
Así, entonces, equipos que históricamente sumaban a su escudo esos “logros menores” en forma de estrella, vieron la posibilidad de “reoficializar” viejas copas y conquistas olvidadas, pero no por ello (y ahí la importancia de quien cuente la historia) menos trascendentes para la época. Ejemplos, casos: nadie le quitará a los tucumanos de San Martín el orgullo de ser uno de los pocos equipos nacionales de tierra adentro en tener un capítulo que exhibe la conquista de la Copa República en los años ’40 (la misma que levantó Estudiantes en diciembre de 1946 contra Boca); a Central Córdoba de Rosario, ganador de la Beccar Varela de los ’30; o, más acá en la historia reciente, Arsenal de Sarandí, ganador de la nueva versión de la Copa Argentina y la novata Supercopa…
La Copa de Competencia que lo tuvo a Estudiantes finalista de la edición del ‘32, se disputó oficialmente en distintas épocas y con formatos discontinuados, ya desde los primeros años del amateurismo; en la era profesional y durante varias temporadas, con equipos jugando llaves a eliminación directa, como en las tradicionales Copas de Liga del continente europeo o los llamados “Concursos por Eliminación” que la AFA celebró desde principios del siglo XX: todos los equipos de Primera División de la temporada en curso, participaban, a la par del campeonato oficial o tras el cierre de la temporada, de un certamen a eliminación directa o con partido y revancha que consagraba un campeón de copa nacional anual.
Los Profesores, aquel de los cinco de memoria (Lauri, Zozaya, Scopelli, Ferreira, Guaita… los cinco, titulares en la final de la Copa que le daría al River de Bernabé Ferreyra y Peucelle la doble corona de 1932) que ya exhibían el tercer puesto del torneo del ’28 y el subcampeonato del ‘30, con la plenitud en alta todavía en 1931 con el mano a mano contra Boca y con chances de coronar luego de golearlo en 57 y 1 a dos fechas del final, también sumarían al palmarés ser el equipo del Club que jugó la primera final oficial del profesionalismo. Ya había sucedido en el ’17, cuando Estudiantes llegó a la final de la ya desaparecida Copa de Competencia (denominada “Jockey Club” en aquel tiempo), aunque todavía en la era amateur.
El Pincha de Los Profesores puso proa a la final goleando a Ferro, 5-3, en la primera fase, en el mes de junio. Después eliminó por los cuartos de final a Tigre (3-1 en el Ducó, el 12 de octubre); y en semifinales obtuvo un resonante 3-1 frente al duro San Lorenzo, en el estadio de Racing, triunfo que lo puso en la definición frente a River.
El partido definitorio se disputó en el Gasómetro de San Lorenzo, como otro guiño a la portentosa historia que luego tendría, en aquel escenario, las finales victoriosas de las Copas Escobar y República en la década del ’40; y la primera estrella oficial de Primera División del equipo de Zubeldía en la goleada contra Racing del Metropolitano ’67. Dicen que no hay dos sin tres…
La importancia del torneo bien podría medirse por la significativa y amplia cobertura que esta edición de la copa tuvo en matutinos como La Nación o La Prensa, que destacaron con grandes titulares la inédita convocatoria de público a pesar de la incómoda y persistente lluvia de aquel domingo 4 de diciembre de 1932 que cubrió a gran parte de la zona metropolitana y la Capital Federal.
“Nunca se registró la cantidad de espectadores que asistieron ayer al estadio de San Lorenzo de Almagro, con un día que pareció exitosamente empeñado en restarle comodidad a la fiesta. Desde las primeras horas de la mañana empezó a caer sobre la ciudad una lluvia que permutó la violencia por la constancia. A pesar de ella, ya a las 12 había una gran cantidad de aficionados frente a las boleterías de la avenida La Plata, decididos a ubicarse bien. Alrededor de treinta y cinco mil personas demostraron que su afición no había sido derrotada por el aguacero. Treinta y cinco mil personas que, exagerando un poco, eran treinta y cinco mil paraguas. El espectáculo total que ofrecían las amplias gradas parecía sacado de una fotografía inglesa. Era, evidentemente, una de esas tardes con perramus en el que la falta de matices en el color queda evidenciada por todos los impermeables…”
“Campeón sin corona” se insinúa de aquellos equipos que pasan a la historia sin lograr tatuar la estrella alrededor del escudo. Si caprichosamente se pudiera trasladar esta máxima (tan discutible como subjetiva al hablar de “merecimientos” en un juego que se define por marcar un gol más que el rival, por sobre formas y tácticas) al mapeo grande de logros de Estudiantes, podría sintetizarse en aquel lustro victoriano de Los Profesores como equipo que hizo historia y trascendió a nivel nacional, aunque sin coronar en título, en épocas donde el monopolio de los torneos se correspondía siempre, salvo contadas excepciones, con los “cinco grandes”.
Mientras La Prensa reafirmaba en su cronista que “el partido se definió a favor del equipo que más méritos hizo para adjudicarse el partido final”, destacando “el trabajo en defensa, el juego práctico y la eficacia” de los Millonarios contra el “juego impreciso” de Estudiantes (se dijo sobre el Pincha: “Fue el equipo que más atacó en todo el transcurso del partido y el que mayores oportunidades tuvo para señalar tantos, pero esto no quiere decir que haya merecido la victoria…”), La Nación le buscó la razón a “un resultado con cifras poco lógicas”, que tuvo un “score injusto” y “el espectáculo del partido” en los vencidos, destacando a Sirne, el arquero de River, como la figura excluyente del partido…
Aún las pocas luces de Ferreira y Scopelli aquella tarde, las mejores chances de gol y la posesión de la pelota fue patrimonio de Estudiantes; pero los goles que definieron el partido y la eficacia, de River, que sentenció el 3-1 para mandar la Copa de Competencia a las vitrinas del Monumental.
Derivas:
2016,
bocetos,
primera persona
El hombre de la foto
Rubén Vergara, un ex presidente de Mariano Moreno de Junín, tiene el extraño “privilegio” de ser la última persona en fotografiarse con Osvaldo Zubeldía antes de su fallecimiento en Medellín.
Lo definió él mismo en el homenaje que la Subcomisión de Museo y la CD le realizaron el mes pasado a Osvaldo Zubeldía en el cementerio de Junín en la previa del partido con Sarmiento: “Tengo el triste y raro privilegio, extraño, de ser la última persona en fotografiarse con Osvaldo”.
Fue diez días antes de su muerte en Medellín, en la casa donde Vergara vivía en Junín, el 7 de enero de 1982. Se conoce, fue escrito: Zubeldía moriría en Colombia de muerte súbita, mientras despuntaba su otra gran pasión: las carreras de caballos. Ese “maestro y gestor de la revolución del fútbol mundial…”, como ilumina la placa colocada en el cementerio, que desde ahora conmemora el recuerdo de quien sembró un antes y después, irrepetible, en la historia grande de Estudiantes.
La foto, enmarcada y firmada por cada una de las personalidades del fútbol que visitaron Junín en las últimas tres décadas (de Carlos Griguol y el periodista Cherquis Bialo, a Bilardo, Raúl Madero o el “Tata” Brown, entre tantos otros), fue obsequiada y donada para que, desde ahora, se exhiba en las instalaciones del Museo en la Sede Social.
“A Osvaldo lo conocí en Junín un año antes de su muerte, en una de las habituales vacaciones cuando regresaba en los recesos mientras entrenada al Atlético Nacional de Medellín”, rememora este médico legista y deportólogo, quien en aquel 1982 contaba con otra inusual paradoja: no sólo ejercía la presidencia de Mariano Moreno, sino que también se desempeñaba como médico del plantel profesional, cargo en el que estuvo hasta 1988; y luego entre 1999 y 2000.
“Me lo presentó un amigo en común, Roberto Fij, un ex director técnico de Sarmiento y de Moreno de la década del ’60. Con Osvaldo compartimos muchísimas tardes hablando de fútbol. Y una de esas tantas tardes que Osvaldo pasó por casa, justo antes de irse a Colombia, él mismo me dijo y me hizo acordar que teníamos muchísimas charlas… pero ningún registro fotográfico juntos”.
- Y se te ocurrió la foto…
- “Tenés que llamar a alguien”, me dijo. Y ahí se me dio por avisarle a Gustavo Arqueta, un fotógrafo profesional de la ciudad, muy amigo mío. Vino enseguida. No lo dudó un instante…. Y sacó esta foto -señala el cuadro sobre la parte inferior, donde dejó constancia de los nombres de quienes lo firmaron- que estamos los dos sentados en el barcito que tenía armado en una de las salas de mi casa…
La tragedia (imprevista y sorpresiva, con un Zubeldía de apenas 54 años y con plena vigencia profesional como director técnico, campeón nacional en Colombia), de alguna forma, como él remarca, abrió lazos que aún perduran.
“Permitió unir afectivamente a ambas instituciones. Diez días después del duelo, y yo ejerciendo el máximo cargo institucional en Mariano Moreno, fundamos la primera escuela de fútbol amateur, para chicos de 6 a 12 años, y le pusimos de nombre Osvaldo Zubeldía…”
Aquel 1982 también fue especial en la historia de Mariano Moreno, temporada en la que jugaría por primera y única vez en la Primera División del fútbol argentino. Se clasificó por la zona bonaerense para el Nacional de ese año y jugó 16 partidos. Dieciséis históricos partidos, con 14 derrotas y sólo dos empates… uno de ellos con Estudiantes en 57 y 1, el Pincha de Bilardo que alcanzaría las semifinales (perdió en el ida y vuelta con Quilmes) de aquel torneo y luego obtendría el Metropolitano en el Chateau de Cordoba.
“En el ’81 ganamos el torneo local y nos clasificamos para el Regional provincial. Ahí empezamos a armar otra estructura y prepararnos en serio. Osvaldo, por ejemplo, nos gestionó el permiso gratuito de José Humberto Romero ante el presidente de Atlético Nacional, Hernán Botero Moreno; con un solo llamado y con una simpleza increíble, desde el teléfono de mi casa: lo llamó, le dio el okey enseguida y autorizó al jugador a pasar de Sarmiento a Moreno”, se sumerge en los recuerdos de los mejores años de su club.
Mariano Moreno estaba frente a una chance histórica de llegar al Nacional y Vergara gestionó la conformación de un “selectivo” con los mejores jugadores de la Liga Deportiva del Oeste y el aporte económico de varios socios.
“Se incorporaron cinco jugadores de Sarmiento (Hilario Bravi, López, Alberto Córdoba, Di Gilio y José Romero, ex Central y jugador de Nacional con Osvaldo como DT), dos de Jorge Newbery (Lipi, el actual entrenador de Sarmiento, y Pondal), otros tres de Deportivo Italiano y también de Defensores de Belgrano… entre ellos el histórico ‘Pinino’ Más”, sonríe.
- Y los lazos continuaron en ese equipo bisagra…
- Claro. Le ganamos la final a Olimpo de Bahía Blanca, el 20 de diciembre de 1981 en Sarmiento, y salimos campeones con Raúl Azconzábal (padre de Juan Manuel, un colaborador permanente en la vida social de Mariano Moreno) como entrenador”, destaca Vergara, quien invoca a Zubeldía con una última semblanza.
“Siempre decía que hay sólo tres clases de centros -y sonríe cuando recuerda esa anécdota, que le había contestado a Zubeldía por el centro urbano de Córdoba o de Rosario-: el centro atrás, el centro pasado y el centro rasante, cuando el lanzador tira el buscapié y, en algún rebote, el que viene de frente pesca el rebote. Y no existen más: que no te quieran vender otra cosa…”
La foto, enmarcada y firmada por cada una de las personalidades del fútbol que visitaron Junín en las últimas tres décadas (de Carlos Griguol y el periodista Cherquis Bialo, a Bilardo, Raúl Madero o el “Tata” Brown, entre tantos otros), fue obsequiada y donada para que, desde ahora, se exhiba en las instalaciones del Museo en la Sede Social.
“A Osvaldo lo conocí en Junín un año antes de su muerte, en una de las habituales vacaciones cuando regresaba en los recesos mientras entrenada al Atlético Nacional de Medellín”, rememora este médico legista y deportólogo, quien en aquel 1982 contaba con otra inusual paradoja: no sólo ejercía la presidencia de Mariano Moreno, sino que también se desempeñaba como médico del plantel profesional, cargo en el que estuvo hasta 1988; y luego entre 1999 y 2000.
“Me lo presentó un amigo en común, Roberto Fij, un ex director técnico de Sarmiento y de Moreno de la década del ’60. Con Osvaldo compartimos muchísimas tardes hablando de fútbol. Y una de esas tantas tardes que Osvaldo pasó por casa, justo antes de irse a Colombia, él mismo me dijo y me hizo acordar que teníamos muchísimas charlas… pero ningún registro fotográfico juntos”.
- Y se te ocurrió la foto…
- “Tenés que llamar a alguien”, me dijo. Y ahí se me dio por avisarle a Gustavo Arqueta, un fotógrafo profesional de la ciudad, muy amigo mío. Vino enseguida. No lo dudó un instante…. Y sacó esta foto -señala el cuadro sobre la parte inferior, donde dejó constancia de los nombres de quienes lo firmaron- que estamos los dos sentados en el barcito que tenía armado en una de las salas de mi casa…
La tragedia (imprevista y sorpresiva, con un Zubeldía de apenas 54 años y con plena vigencia profesional como director técnico, campeón nacional en Colombia), de alguna forma, como él remarca, abrió lazos que aún perduran.
“Permitió unir afectivamente a ambas instituciones. Diez días después del duelo, y yo ejerciendo el máximo cargo institucional en Mariano Moreno, fundamos la primera escuela de fútbol amateur, para chicos de 6 a 12 años, y le pusimos de nombre Osvaldo Zubeldía…”
Aquel 1982 también fue especial en la historia de Mariano Moreno, temporada en la que jugaría por primera y única vez en la Primera División del fútbol argentino. Se clasificó por la zona bonaerense para el Nacional de ese año y jugó 16 partidos. Dieciséis históricos partidos, con 14 derrotas y sólo dos empates… uno de ellos con Estudiantes en 57 y 1, el Pincha de Bilardo que alcanzaría las semifinales (perdió en el ida y vuelta con Quilmes) de aquel torneo y luego obtendría el Metropolitano en el Chateau de Cordoba.
“En el ’81 ganamos el torneo local y nos clasificamos para el Regional provincial. Ahí empezamos a armar otra estructura y prepararnos en serio. Osvaldo, por ejemplo, nos gestionó el permiso gratuito de José Humberto Romero ante el presidente de Atlético Nacional, Hernán Botero Moreno; con un solo llamado y con una simpleza increíble, desde el teléfono de mi casa: lo llamó, le dio el okey enseguida y autorizó al jugador a pasar de Sarmiento a Moreno”, se sumerge en los recuerdos de los mejores años de su club.
Mariano Moreno estaba frente a una chance histórica de llegar al Nacional y Vergara gestionó la conformación de un “selectivo” con los mejores jugadores de la Liga Deportiva del Oeste y el aporte económico de varios socios.
“Se incorporaron cinco jugadores de Sarmiento (Hilario Bravi, López, Alberto Córdoba, Di Gilio y José Romero, ex Central y jugador de Nacional con Osvaldo como DT), dos de Jorge Newbery (Lipi, el actual entrenador de Sarmiento, y Pondal), otros tres de Deportivo Italiano y también de Defensores de Belgrano… entre ellos el histórico ‘Pinino’ Más”, sonríe.
- Y los lazos continuaron en ese equipo bisagra…
- Claro. Le ganamos la final a Olimpo de Bahía Blanca, el 20 de diciembre de 1981 en Sarmiento, y salimos campeones con Raúl Azconzábal (padre de Juan Manuel, un colaborador permanente en la vida social de Mariano Moreno) como entrenador”, destaca Vergara, quien invoca a Zubeldía con una última semblanza.
“Siempre decía que hay sólo tres clases de centros -y sonríe cuando recuerda esa anécdota, que le había contestado a Zubeldía por el centro urbano de Córdoba o de Rosario-: el centro atrás, el centro pasado y el centro rasante, cuando el lanzador tira el buscapié y, en algún rebote, el que viene de frente pesca el rebote. Y no existen más: que no te quieran vender otra cosa…”
Derivas:
2016,
bocetos,
primera persona
viernes, 12 de febrero de 2016
Curuguaty
El
límite de Isla de Flores y la Gardel, cruzada por Zelmar Michelini, que
ya sumerge a Palermo en el Barrio Sur, el primero de todos caída la
muralla de la vieja ciudad: la esquina de Curuguaty en la peatonal del
candombe, el mojón de las llamadas que cumplió 60 años, el temple
histórico de cualquier lonja uruguaya, la diagonal del Lobo Núñez, de La
Dominguera de Rada y la Casa Tangó... el mejor faina con oliva en horno
a leña jamás probado, detrás de esa ventana.
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2016,
bocetos,
primera persona
jueves, 4 de febrero de 2016
Cuadrangular
Uno
de los primeros clásicos de verano entre Estudiantes y Gimnasia, por la
Copa Gobernador Alende, jugada en 57 y 1 durante febrero de 1960. Fue
un cuadrangular nocturno que completaron Peñarol y Nacional, que por
primera vez en su historia se enfrentaban fuera de Uruguay. Tan
trascendente, que sólo se repetiría una vez, recién en 2005, cuando los
dos "grandes" de Montevideo participaron del Trofeo Teresa Herrera de
España.
Derivas:
2016,
bocetos,
primera persona
miércoles, 20 de enero de 2016
Amoa
"Héctor
Bossio, tío de Ana María, era lo que se dice un hombre de la noche. En
el ambiente lo habían apodado el Flaco Vela, por su nariz
irremediablemente goteante, que vivía aspirando no sin cierto ruido. En
abril de 1976, era propietario de Amoa, un cabaret de copas ubicado en
la esquina de 7 y 70 (hoy, allí, hay una obra en construcción) donde
solían recalar todo tipo de personas a tomar un trago de madrugada.
Entre policías, chorros, coperas y noctámbulos, también se dejaban ver
por ahí los integrantes de la patota de la CNU que comandaba el Indio
Castillo".
Derivas:
2016,
influencias,
sueltos
domingo, 27 de diciembre de 2015
De Segunda
La mitad exacta y un puñado de meses más de la década del '40 del otro siglo, sintetizó la bisagra política más trascendente; del siglo XX, sin dudas; hoy, diciembre de 2015, más vigente que nunca.
En fútbol, todo era "más de lo mismo" y el monopolio de los "cinco más grandes" se había convertido en un anodino trámite de reparto de ganancias de los "dos más grandes" de aquellos cinco: Boca y River se habían repartido, hasta el quiebre del San Lorenzo del '46, todos los títulos oficiales de Primera División de esa década.
Nada nuevo. Para los "otros", los llamados "no grandes", la cosecha en forma de estrella se reducía a alguna copa nacional discontinuada, no regular, que la AFA organizaba cada vez que a algún "iluminado" se le ocurría ampliar el calendario para no dejar sin competencia a los equipos. Así, hubo premio consuelo para Huracán, Estudiantes o Newell's, ganando alguna edición de la Copa Escobar; o el Campeonato de la República, el antecedente federal de la actual Copa Argentina, que también coronó al Pincha y al impensado San Martín de Tucumán, uno de los pocos campeones argentos de "tierra adentro".
La última fecha del torneo del '45 tuvo un desenlace inédito que jamás se repetiría para el clásico de La Plata: Estudiantes y Gimnasia frente a frente en cancha de Lanús -obligados los pinchas a salir de su estadio por tenerlo suspendido- con la posibilidad, más real que concreta, de que el Lobo descendiera justo frente al rival de siempre en ese domingo final de principios de diciembre. Necesita al menos empatar y esperar los resultados de Chacarita y Ferro para llegar a un desempate. Los triperos empezaron arriba y nadie dudó, ahí, de lo que se especulaba con tanto clamor en la prensa y en el día a día de las calles platenses la semana previa: que el Pincha tendría una actitud "contemplativa", por afinidad institucional, por amistad entre varios de los jugadores de los planteles, para darle una mano al vecino de barrio y evitar su peregrinación a la "B".
La ilusión duró menos que los minutos reglamentarios del primer tiempo. Gagliardo, Pelegrina y compañía se portaron impiadosos, metieron tres, pudieron ser más, y ratificaron la diferencia entre unos y otros que mandaba la tabla.
La derrota contra Estudiantes sentenció el descenso de Gimnasia; por única vez, mano a mano y en un clásico. Quizás, hoy, con la trascendencia que la historia y el tiempo se encargan de tamizar.
Derivas:
2015,
bocetos,
primera persona
miércoles, 23 de diciembre de 2015
Carrefour
La excusa moderna de los milicos fue el comienzo de un "reordenamiento
urbano" general para abrir dos calles que atravesaban los terrenos del
Viejo Gasómetro; y, más falaz aún, la necesidad de que varios clubes
porteños (Vélez, Huracán, el mismo San Lorenzo) se acomodaran a los
"nuevos tiempos" y comenzaran a compartir sus canchas para luego
utilizar los terrenos (ya vacíos de fútbol) con fines sociales o
comerciales.
No hacía falta mucho más: un decreto de expropiación para sacar a San Lorenzo del barrio de Boedo y armar una sociedad fantasma para beneficiar a los amigos civiles de los genocidas de turno, que años después le venderían esas manzanas pensadas para "uso social y comercial" a la empresa francesa, Carrefour, para enhebrar un negociado millonario para unos poquitos.
Ocultas, las verdadaras explicaciones: la vinculación de sectores de la hinchada azulgrana (como los "quemeros" vecinos de Parque Patricios) con Montoneros; y que aquel "Wembley porteño" de Avenida La Plata (escenario de históricos partidos del Seleccionado en la primera mitad del siglo XX, como un Monumental actual) fuera el espacio privilegiado que, en plena dictadura, las Madres de Plaza de Mayo apropiaron para hacer una de sus primeras apariciones públicas.
Boedo, la "restitución histórica", los cuervos vuelven a su cueva...
Justicia. Chapeau.
No hacía falta mucho más: un decreto de expropiación para sacar a San Lorenzo del barrio de Boedo y armar una sociedad fantasma para beneficiar a los amigos civiles de los genocidas de turno, que años después le venderían esas manzanas pensadas para "uso social y comercial" a la empresa francesa, Carrefour, para enhebrar un negociado millonario para unos poquitos.
Ocultas, las verdadaras explicaciones: la vinculación de sectores de la hinchada azulgrana (como los "quemeros" vecinos de Parque Patricios) con Montoneros; y que aquel "Wembley porteño" de Avenida La Plata (escenario de históricos partidos del Seleccionado en la primera mitad del siglo XX, como un Monumental actual) fuera el espacio privilegiado que, en plena dictadura, las Madres de Plaza de Mayo apropiaron para hacer una de sus primeras apariciones públicas.
Boedo, la "restitución histórica", los cuervos vuelven a su cueva...
Justicia. Chapeau.
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primera persona
martes, 15 de diciembre de 2015
Minutero de Viaje
Marielitos
“Mira, Yico… si después al tiempo empezó a aparecer por la costa lo que quedaba, nomás, de los que no habían podido llegar del otro lado…”.
Llevamos (¿cuánto?: ¿diez, quince minutos?) de amistad con Alejandro. Así es acá: cordialidad y sociabilidad por sobre de todo. Los cinco del grupo que nos quedamos estamos sobre la dársena de salida al aeropuerto que desemboca en la estrecha avenida que bifurcacon el distribuidor de acceso a La Habana. Sobre la izquierda se estacionan los taxis “oficiales”, mayormente amarillos y negros. Se mezclan con los “boteros”, los Mercury y Chevrolet de la primera yema de los tiempos revolucionariosque, hoy reciclados con motores de automotrices orientales,sirven servicios alternativos de transporte. Uno de esos gestiona la familia de Alejandro.
El silencio de la madrugada, en esa zona alejada del centro histórico, permite notar los cuchicheosde las charlas de alrededor: los dos empleados del “rentacar” ya sin clientes; la joven de una de las dos casas de cambio que los turistas abordan, sin excepción, apenas pisan Cuba; y los “boteros”, los choferes particulares que “parquean” sobre el ingreso al aeropuerto y se autohabilitan las dársenas, debajo de la arboleda de palmeras, para subir pasajeros sin interferir con el servicio de los taxis oficiales.
Andar “boteando”, manejar un bote americano de los ’50, es uno de los tantos “rebusques” de los cubanos para llegar al peso convertible que se dinamiza con el ingreso del turismo en la Isla: el “cuc”, el equivalente del euro y el dólar norteamericano. Es uno de los laburos de Alejandro y el padre. Mientras su hijo ficha turistas pasajeros que serán momentáneamente “amigos invitados” en territorio cubano para lidiar con el control oficial del aeropuerto, su viejo, ese hombre de espíritu adolescente envidiable, maneja el auto hasta el Hotel Tritón de La Habana, donde nos hospedaremos hasta el sábado.
Alejandro se sentará durante toda la charla en cuclillas, casi delatando el estado de ansiedad de los cubanos que trabajan del y para los extranjeros. La charla se cortaráantes de que subamos al taxi del padre, después de hora y pico, cuando vuelve al principio de todo y hace un intento por imaginar aquel día de “Mariel”; ese “permiso” efímero de la Revolución para salir de la Isla a todo aquel que lo quisiera.
“No son 90 millas, mira: hoy, al primer cabo para quedarse hay menos de 50 y ya ahí puedes ser visto con las balizas y te pueden llevar hasta la costa del otro lado”, dice Alejandro. La costa, ese “otro lado”, Norteamérica. Dice que ya ni piensa en eso y, uno cree, en realidad, que jamás lo pensó como posibilidad cierta y que es apenas un argumento para seguir la charla con los ocasionales amigos argentinos: exhibe con orgullo su título intermedio de ingeniero, mantiene una familia y espera al padre para terminar el viaje que le dejará los 50 convertibles en dólares por apenas dos horas de trabajo.
Eso que le dicen: “el rebusque”.
Mundo paralelo
Las mañanas son al “desayuno caribeño”. Así lo venden los dos o tres carteles, escasos y casi invisibles, que cuelgan en el ingreso del salón donde también se puede cenar desde las siete de la tarde. El almuerzo en la Isla, parece, es nada más que una costumbre de latinos latitud argentina. Y un adhesivo plotea los vidrios en la puerta de entrada: “Aquí se sirve…”.
Los exhibidores de comida forman un semicírculo que uno camina al entrar, de izquierda a derecha, por delante de las mesas que están en un contiguo salón imaginario sin que ninguna pared los separe; sólo unos largos muebles con base de madera y sus manteles decorativos.
Melón, ananá, banana, jugo, panes salados, huevos revueltos o fritos, panqueques para rellenar con ensaladas o salchichas ahumadas, se combinan con las clásicas facturas dulces o el café fuerte, como se lo toma en todo el Caribe. El café se ofrece en una vieja maquinita expendedora, que mezcla el chocolate, el café con leche y el agua caliente, para un eventual té o, en nuestro caso, el mate.
Pasó el lunes, pasó el martes, también el miércoles. Nos acostumbramos al aroma oscuro del agua para mate con esa inevitable y ya bienvenida pérdida del café de la máquina, que hace que, a la distancia, la Rosamonte que trajimos de Argentina tenga algo más de sabor.
“Mejor, si ahora allá los chinos la venden cada vez más seca”, promulgó alguien en una de esas tantas mañanas.
Tenía razón. Le pusimos “matefé”.
Res
Una de las tantas cosas es esa propensión del cubano a iniciar un camino casi detectivesco sobre los modos y usos de "la carne de res", cada vez que uno le confirma que, sí, que es argentino, y la pregunta al inicio del diálogo se hace inevitable por apariencia, gestos y lenguaje.
Eso que le dicen: “el rebusque”.
Mundo paralelo
Las mañanas son al “desayuno caribeño”. Así lo venden los dos o tres carteles, escasos y casi invisibles, que cuelgan en el ingreso del salón donde también se puede cenar desde las siete de la tarde. El almuerzo en la Isla, parece, es nada más que una costumbre de latinos latitud argentina. Y un adhesivo plotea los vidrios en la puerta de entrada: “Aquí se sirve…”.
Los exhibidores de comida forman un semicírculo que uno camina al entrar, de izquierda a derecha, por delante de las mesas que están en un contiguo salón imaginario sin que ninguna pared los separe; sólo unos largos muebles con base de madera y sus manteles decorativos.
Melón, ananá, banana, jugo, panes salados, huevos revueltos o fritos, panqueques para rellenar con ensaladas o salchichas ahumadas, se combinan con las clásicas facturas dulces o el café fuerte, como se lo toma en todo el Caribe. El café se ofrece en una vieja maquinita expendedora, que mezcla el chocolate, el café con leche y el agua caliente, para un eventual té o, en nuestro caso, el mate.
Pasó el lunes, pasó el martes, también el miércoles. Nos acostumbramos al aroma oscuro del agua para mate con esa inevitable y ya bienvenida pérdida del café de la máquina, que hace que, a la distancia, la Rosamonte que trajimos de Argentina tenga algo más de sabor.
“Mejor, si ahora allá los chinos la venden cada vez más seca”, promulgó alguien en una de esas tantas mañanas.
Tenía razón. Le pusimos “matefé”.
Res
Una de las tantas cosas es esa propensión del cubano a iniciar un camino casi detectivesco sobre los modos y usos de "la carne de res", cada vez que uno le confirma que, sí, que es argentino, y la pregunta al inicio del diálogo se hace inevitable por apariencia, gestos y lenguaje.
Lo mismo en ese último viaje de vuelta hacia La Habana, iniciático para descubrir las interminables formas que muta el
ser humano para autoregularse lo que, en apariencia, no está permitido
o, directamente, puede estar prohibido sin ejercicio a la queja.
Carlos me subió en el cruce de Santa Clara. Manejaba una camioneta negra de los '80, cargada de cajas y botellas. No me llevó a dedo ni tampoco lo buscaba. Pero era la manera más rápida para llegar evitando los colectivos del Viazul con turistas. Esos que se consolidan, para los poco inquietos, como la única forma de trasladarse de oeste a este: en Cuba, una ley obliga a todo particular que circula por rutas nacionales a llevar personas que esperan transporte. Un agente los frena y el conductor accede. Es obligatorio. Y sin costo; o cómo maximizar los recursos del Estado, que son los de todos; la nafta, también.
Las botellas, me cuenta, las venderá en un par de mercados durante la semana de estadía en La Habana. Un rebusque más de los tantos cuentapropistas autorizados por el Estado que se las ingenian para sumar dinero al poco peso del sueldo, en valores convertibles, por su puesto de ingeniero civil en lo que sería un equivalente a Vialidad Nacional local.
Por la mitad del camino, me señala unas matas.
"¿Ves los pastos altos?".
Respondo que sí, casi obligado por cordialidad a seguir una conversación que desde la misma pregunta parecía no tener rumbo.
"Siempre muuuy a título personal...", sonríe sin perder el humor del día a día. Sostiene el volante con la derecha, gira la cabeza y me mira: "... los administradores de los campos las usan para esconder a la vaca grande cuando está por tener cría. Cuando el ternero nace, matan a la madre y lo crían escondido ahí mismo entre los pastos. Cuando está un poco crecida y los controles del ministerio hacen el recuento de cabezas, finca por finca, no van a poder notar la diferencia. Pero ya se comieron la vaca".
Y ríe de nuevo: "Ustedes comen la res casi todos los días. Acá te pueden dar casi tantos años como al matar a un tipo. Siempre muuuy a título personal esto que digo".
Carlos me subió en el cruce de Santa Clara. Manejaba una camioneta negra de los '80, cargada de cajas y botellas. No me llevó a dedo ni tampoco lo buscaba. Pero era la manera más rápida para llegar evitando los colectivos del Viazul con turistas. Esos que se consolidan, para los poco inquietos, como la única forma de trasladarse de oeste a este: en Cuba, una ley obliga a todo particular que circula por rutas nacionales a llevar personas que esperan transporte. Un agente los frena y el conductor accede. Es obligatorio. Y sin costo; o cómo maximizar los recursos del Estado, que son los de todos; la nafta, también.
Las botellas, me cuenta, las venderá en un par de mercados durante la semana de estadía en La Habana. Un rebusque más de los tantos cuentapropistas autorizados por el Estado que se las ingenian para sumar dinero al poco peso del sueldo, en valores convertibles, por su puesto de ingeniero civil en lo que sería un equivalente a Vialidad Nacional local.
Por la mitad del camino, me señala unas matas.
"¿Ves los pastos altos?".
Respondo que sí, casi obligado por cordialidad a seguir una conversación que desde la misma pregunta parecía no tener rumbo.
"Siempre muuuy a título personal...", sonríe sin perder el humor del día a día. Sostiene el volante con la derecha, gira la cabeza y me mira: "... los administradores de los campos las usan para esconder a la vaca grande cuando está por tener cría. Cuando el ternero nace, matan a la madre y lo crían escondido ahí mismo entre los pastos. Cuando está un poco crecida y los controles del ministerio hacen el recuento de cabezas, finca por finca, no van a poder notar la diferencia. Pero ya se comieron la vaca".
Y ríe de nuevo: "Ustedes comen la res casi todos los días. Acá te pueden dar casi tantos años como al matar a un tipo. Siempre muuuy a título personal esto que digo".
Derivas:
2015,
bocetos,
primera persona
lunes, 14 de diciembre de 2015
Wikipedia
Se había ganado la copa, esa lata por maltrato externo que se subía a la
sede de los campeones de calle 53 por cuarta vez en la historia. Nos
convocaban a un asado del mítico "Antifierr*" en City Bell. Habían
hablado, se decía, de una sorpresa para todos. Uno imaginaba: "Naaa,
nada que ver... viene el Chapu, el Chavo, alguno, a firmar autógrafos;
algo así..."
Iniciada la tarde, con los bebestibles aún sin consumar y la comida en trance, se acerca una camioneta a la quinta de la misa. Tocan timbren. Bajan dos personas. Llevaban un decorado en la mano; en ambas, por lo pesada que era. Tenía la forma y el volumen de la que días antes habían levantado Verón y compañía en el Mineirao. Era esa: no había dudas.
Sin embargo, mirá, y todavía lo pienso, no me conmovió tanto levantar la copa, fotografiarla o tenerla al alcance de la mano en un simple asado de hinchas del "Antifierr*". Un privilegio de pocos, para ese acotado ámbito de fugaces cofradías. Todavía me mueve ese diálogo ingenuo para ambos, antes de las fotos y de acomodarse para dejar el retrato eterno, cuando la expectativa iba en aumento y el muñeco decorativo de la Copa no precisaba de La Gotita entre la base y la pelotita de arriba.
- ¿Vos no serás el Patricio Lorente de Wikipedia, no?: el que me da una mano con la edición del artículo de Estudiantes...
Le dije.
- ¿Y vos no serás el que lo edita y actualiza: CazadorOculto?
Me dijo.
Nos separaban dos "nicks" de editores anónimos que se hicieron visibles aquel día del asado y la Copa. Estábamos en el mismo lugar, sin saberlo, conociéndonos.
Aún, hoy, seis años después.
Iniciada la tarde, con los bebestibles aún sin consumar y la comida en trance, se acerca una camioneta a la quinta de la misa. Tocan timbren. Bajan dos personas. Llevaban un decorado en la mano; en ambas, por lo pesada que era. Tenía la forma y el volumen de la que días antes habían levantado Verón y compañía en el Mineirao. Era esa: no había dudas.
Sin embargo, mirá, y todavía lo pienso, no me conmovió tanto levantar la copa, fotografiarla o tenerla al alcance de la mano en un simple asado de hinchas del "Antifierr*". Un privilegio de pocos, para ese acotado ámbito de fugaces cofradías. Todavía me mueve ese diálogo ingenuo para ambos, antes de las fotos y de acomodarse para dejar el retrato eterno, cuando la expectativa iba en aumento y el muñeco decorativo de la Copa no precisaba de La Gotita entre la base y la pelotita de arriba.
- ¿Vos no serás el Patricio Lorente de Wikipedia, no?: el que me da una mano con la edición del artículo de Estudiantes...
Le dije.
- ¿Y vos no serás el que lo edita y actualiza: CazadorOculto?
Me dijo.
Nos separaban dos "nicks" de editores anónimos que se hicieron visibles aquel día del asado y la Copa. Estábamos en el mismo lugar, sin saberlo, conociéndonos.
Aún, hoy, seis años después.
Derivas:
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