miércoles, 18 de mayo de 2011

El aroma de las masas


El perfume de la tempestad
Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado
(2010)

En tanto el mito trepaba alrededor de Los Redondos, hubo múltiples axiomas que se transformaron en manifiesto. Axiomas que Solari esmeriló estratégicamente para marginar siempre la obra del personaje; el arte del hombre; a Carlos del Indio. "Yo hablo a través de la estética, de la poesía; trato de no confrontar con mi obra", decía, palabras más o menos, inoculado de asepsia ante la posibilidad de tener que "explicar algo" sobre el arte redondo: las letras, la música, la producción, el detrás de algo.
Eso era Redondos. Diez años pasaron. ¿A través de qué nos habla hoy el Indio con el disco verde que completa la trilogía? Una hipótesis: si la obra y la multiplicidad de interpretaciones que interactuaban entre el personaje y las bandas vagaban libremente haciendo infinitas lecturas del fenómeno ricotero, hoy Solari parece hablarnos, o decir, mucho más en directo que por el espejo de una nueva obra.
¿Implica eso que su arte en formato CD no tenga ya más que decirnos? Nada más alejado. Aún con tres discos en seis años (desde el luzbelitiano y perpetuo Tesoro de los inocentes, a El perfume de la tempestad), el detrás de escena de cada convocatoria con Tandil como bandera no puede menos que eclipsar todo lo que venga.
Hoy Solari, su mito, su arte, el del hombre que en el escenario es un Jekyll con nick "Indio", nos interpela a través de su convocatoria: un vehículo de arte popular, de masas, que logra convertir una ciudad (me permito una licencia de diciembre hasta acá) en un Woodstock de 48 horas, con 80 mil personas interpelando a su modo aquel axioma iniciático del trip redondo, dejando que la vivencia y la poesía de Solari sean la herramienta para el viaje particular de cada uno de los ricoteros, de los antiguos y los nuevos. Aún sin entrar al estadio...
Con El perfume de la tempestad, de guiños redondos indisolubles en tracks como "Ceremonia en la tormenta" o "Black russian", Solari vuelve a la carga con su inalterable ambivalencia. Juega con esas posturas, tan contraculturales y posmodernas a la vez -posmodernas como norma indivisible de “no traducir la obra a códigos ideologizados”; prueba el gusto de lo prohibido; el aroma de la tempestad; el perfume del cambio. El Indio nos grita "Todos a los botes". Suplicio, prédica, que, como principio ambiguo que busca cuidarse de no confrontar con la obra, no sabemos aún si es una tempestad que augura nuevas estéticas en el futuro del artista o la esperanza de que el cambio social pueda traducirse más allá de las imaginarias revoluciones de antaño.

* Un escrito para el número tres de Estructura Mental a las Estrellas.

lunes, 2 de mayo de 2011

Siempre nos quedarán las hojas (amarillas)


A dónde va?
Qué?

El destino
dónde los anhelos?
Van?

Si perdemos cuando encontramos
y tenemos cuando perdemos

Surcan
¿Sabes?
Si anhelamos
cuando efímero
ahí damos cuenta

Van detrás de las hojas
amarillas
Sigo
abstraídas de tu camino
(otoño)

Corrés esa sombra
Mirás
(verano)

Van detrás de labios
que veo, lejos
Consuelo
las hojas
ciegan, enamoran
Las sigue
apresurado, ansioso
Doy cuenta
cuando las busca
aún doradas
(invierno)

Ese final
eran tus huellas
Las veo
(primavera)

Las flores
¿abrazan?

miércoles, 20 de abril de 2011

67



Los años. O 67: el año.
El de Estudiantes. El de "la primera vez" de los que la jugaron por afuera y la remaron contra todo; contra los Boca y los River, los que por mandato ganaban a fuerza de árbitros, nacionales o extranjeros, a fuerza de ser "los elegidos": "Los chicos", como lugar común para muchos.
Hubo una tarde. Fundacional. Una que prefirió espiar hacia otro lado. Primero, clasificación y paseo a Gimnasia: 3 a 0 y a semifinales. Después, el eterno 4-3 a Platense. Goles ahí y en la final, la primera de todas, en la histórica goleada a Racing del Gasómetro. El mismo rival al que le recordamos con ironía qué es eso de "padres e hijos".
Y vendrían varias. Muchas. Inéditas para los tiempos que corrían. Acostumbradas, luego. Con Racing también, justo Racing, ese del invicto, de José, Perfumo, Basile y el Celtic; el campeón del mundo. Y vos ahí, para hacer bronce, cuando ni pensabas que tu apellido cruzaría la frontera 40 años y se grabaría en esos brazos que le ofrendaron al cielo la Copa en el Mineirao.
Y la Libertadores, la del '68, el año del Mayo Francés, los Beatles... la contracultura, las verdades demolidas... y Estudiantes. Sí: Estudiantes en la historia. En ese empate que fue victoria en el Monumental con tu chilena, cabalgando y aguantando el empuje de los que se creían invencibles y cayeron vencidos. Una vez más. Por vos y diez más que nos llevaron a la inédita final contra el Palmeiras de San Pablo.
Y ahí, sí. No hay videos ni imágenes que puedan ponerte a la par de aquel grito de Maradona a los ingleses con Víctor Hugo de fondo. Sólo algún recuerdo cuadro por cuadro blanco y negro de El Gráfico y no mucho más. O sí: el boca en boca de los que estuvieron. El boca boca de padres, abuelos, tíos mayores. La noche que nos tatuamos eso de "la mística" que ahora quiere ser monumento, la del 0-1/2-1 en siete minutos en los tablones de 57 y 1. La que cuentan los padres como ese inequívoco relato de medianoche.
- Vos no lo viste.... yo sí.
- Pero lo vi a la Bruja....
- La Brujita. Este es "Bruja". Y mirá: gambeteó, pasó a uno, a dos, de derecha a izquierda... los colgó a todos en la escoba. Fue Maradona antes de Diego; fue el gol a los ingleses antes de México. Y fue la Copa. La primera de todas. Antes que todos los "grandes". Antes que Boca, antes que River. Fue Verón. Fue la Bruja. Es Verón, la Brujita. Estudiantes. ESTUDIANTES, flaco, así, con mayúsculas.

martes, 15 de marzo de 2011

¡David, andate ya!


Cito a Emebé sin permiso

Para los que vieron Malajunta de Alivertimeaburrís, recordarán el tramo de entrevista en que David Viñas hablaba del exilio (o el no-exilio en este caso). No recuerdo textual, pero decía que no se podía ir. "Yo no soy argentino, soy porteño. Y si me apurás, te digo que ni siquiera soy porteño, soy de la esquina de San Juan y Boedo". Y recordaba "las recomendaciones de mis amigos, que me decían '¡andate ya! ¡David, andate ya!'"
Y se fue...

PD: Debe haber sido, ésta, la última entrevista que le publicaron; en la Ñ de Clarín, bajo la sugestiva recomendación del Grupo: "Un intelectual no puede ser oficialista". Y, acá, la mordaz -pero no por corrosiva, ingeniosa, cruda como el que homenajea- despedida de Asís.

lunes, 7 de marzo de 2011

Historia de un imeil para un amigo


De ese lado, ellos. Que son ellos un sábado, un domingo, un día de semana de esos que pueda jugarse algún postergado. Porque, mirá, la ciudad hace que lo compartamos todo. Y de eso no escapan ni los colores ni los amigos.
Ellos, los que como tantos a principios de siglo tuvieron milicos y curas entre los fundadores; dogmáticos, tipos de pistola y armas levantar, el ejemplo para “la alta”. Por eso lo de la esgrima, el cuerpo sano y los floretes, y nada de conversos pibes populares con ideas foráneas. Después los cuadernos en el tiempo quisieron interpretar otra página: la de los frigoríficos, la inmigración y una supuesta mutación de valores e ideales de una vereda a la otra. Humos.
De este lado, al frente, los que resistieron; los que por mandato de la historia se opusieron, vehementes, lacónicos: la generación que rompió con esos padres de olores conservadores que ya no los representaban para hacer una ciudad de fútbol, con un club de fútbol; para eso, ni más ni menos, y rumbear a los gustos deportivos y populares de antaño.
De ahí será –caprichoso: virtuoso para unos, fatídico para otros y cuentan los años- que eso que mencionan con la certeza de lo que nada explica (el destino) puso las trascendencias futboleras en el rincón de los bastones que homenajean a los primeros campeones del fútbol nuestro.
¡Si hasta vos sabés que llegaste a mi tierra para espiar qué era eso de la gloria! ¿O no fue recién en el ’24 cuando asomaste por ese lugar que colonizamos en 1907 y coronamos meses después? Ese año en el que vos apenas si aprendías a inflar pelotas y nosotros ensayábamos las vueltas que nos espiaste siempre, como esos nenes que miran con admiración al hermano mayor; esa y todas las que vendrían. Y mirá que fueron muchas…
Y como te vuelvo a cruzar, te cuento. Te cuento que una vez hice de local en tu casa, mucho antes del Estadio, cuando me diste tu cabecera un día de semana; o la tarde que hicimos tres y te llamaba, te decía, “vení, hermano, quedate, si compartimos hasta la cuadra”, y vos hiciste de la deserción la postal de la sombra. Y no me lo contaron. Si estaba ahí, viendo correr el aire de verano entre los tablones vacíos, mientras adentro gritaba un tipo de rulos, y un Pelado que después contó hasta siete se abrazaba con amigos al lado mío, sí, al lado mío, con el sol de frente, en el lateral de calle 60.
Hubo… no me acuerdo de todos aunque duerma con canas. Pero los asumo con revistas, videos, el cuento de sobremesa de algún amigo o familiar.
Porqué, mirá, los siete son un mojón. Enorme, único, irrepetible: lo sabés. Tanto que hasta hubo un tipo de negro que pensó en vos -lo repito porque ese día me dabas la espalda en silencio y a los padres no se los desprecia- y lo terminó un rato antes. Mirá: hasta un flaco alto, rubio, con raya al medio cruzada, iba y venía, aburrido el hombre, queriendo adelantar relojes.
Te decía de la goleada. Esa, mirá, es… qué se yo: la gente, las cámaras... nunca te noté tan dolorido como ese octubre. Pero, ¿y las del ’32 y el ’48?. O cuando metieron casi siete pero en tu casa, tiempito después de la olímpica en el Gasómetro. Ni los campeones de todo quisieron ser menos y también te mostraron cinco al hilo una tarde, en el ’71.
Porque hay cosas que me ponen tímido, que contártelas parecen de tipo fanfarrón… pero… trato que me entiendas… te aprecio y nos necesitamos, que entiendas la distancia... los siete partidos... uno en cinco años. Otros me dieron un cuaderno con fotos del día que quisimos apiadarnos, te jugamos en Lanús (ese del ’45) y ni así pudiste evitar que viéramos como volvías al lugar de segunda que más cómodo te queda. O cuando pensaste, ingenuo, que 57 y 1 te tenía reservada una vuelta…
Porque, mirá, yo quise explicarte que la razón es otra cosa y que los fundamentos tienen que comprobarse, viste -un amigo en común le dice base empírica-, no sea cosa que tengas que seguir creyendo que un grito aislado puede mover una ciudad como dijo un edificio de diagonal 80. No sea cosa que tengas que convencerte que la gloria no es tu fuerte. Por eso, acá estoy de nuevo y te doy la mano. Te la di hace 65 años, cuando tropezaste y quedaste debajo mío; para siempre; desde que nos vemos la jeta pelotazos de por medio y te dije "juguemos".
¿Qué más podés pedir?

miércoles, 5 de enero de 2011

Escanlar, el de la Montevideo enchufada


Oí de él hace cinco años por uno de sus últimos cuentos, publicado en La Mano. Pero mejor que el cuento, lo que me quedó de aquella nota fue su escupida titulada "Montevideo Bizarro", una especie de manifiesto antibucólico de todo lo que el argentino espera encontrar del otro lado del río, esa Montevideo cándida, inocente, provinciana y con humores del hippismo más demodé de Polonio. Ese que, decía, o interpreto que decía porque nunca se lo oí gritar, iban a buscar las almas desenchufadas bienpensantes y comprometidas de Palermo y el correctismo argie de clase media en general.
Ahora, en estos tiempos de más que uno se fabrica en verano, leo contar la muerte de ese "pibe cabeza". Así lo homenajeó Martín Pérez en la nota de noviembre que encontré perdida entre la pila de Radares que se acumulan al costado del Aiwa. 48 años, nada más, los de este uruguayo que supo bajar del sacro cuanto toro mitificado quisiera poner los límites absolutos de lo bueno y lo malo, de lo "progre" y la barbarie, de la cultura de izquierda adquirida por herencia y lo políticamente incorrecto.
Su víctima predilecta pareció ser el intocable Mario Benedetti; recién amanecido y terminando una de sus habituales giras de noches demolidas, gordo, peludo, sin camisa, encaró el pupitre que le habían preparado al viejo oficinista en aquel Congreso de Casa de las Américas: “Cómo se atreve a aconsejar a los jóvenes si usted nunca lo fue. Usted cree que la vida se divide en blanco y negro, usted escribe puras mentiras”.

...

"Gané un concurso de periodismo en Brecha y mirá que mezquindad: el primer premio lo declararon desierto. Me dieron la primera mención (...) No nos entendíamos. Querían que escribiera y pensara igual que ellos. Y yo leía la Cerdos & Peces.

...

“Justo cuando dejé la facultad, el semanario Aquí publicó una entrevista a Benedetti donde decía no sé qué de los jóvenes, medio que los puteaba, decía que estaban en otra. Y yo, que había leído al viejo en libros forrados para que los milicos no supieran que lo leía, que me había emocionado con La tregua y con Montevideanos, esperaba que hubiera vuelto un poco más generoso con nosotros, con los pendejos que lo llegamos a adorar y no tuvimos más remedio que comérnosla acá y que tratábamos de conseguir todo lo que hacía en Buenos Aires, o con algún amigo que viajara a Europa. Me calentó esa soberbia de don Mario y escribí una carta diciendo todas las cosas que estaban haciendo los jóvenes y que los viejos ninguneaban desde revistas como Brecha, sobre todo.”

...

“Estoy podrido. Cada vez que un diario o una revista argentina habla de Uruguay, lo hace con una mezcla de paternalismo y ternura, de piedad y buena onda (...) Primos del otro lado del río, están equivocados. Ese Uruguay de foto sepia y calma chicha que les vendemos y que ustedes, satisfechos y sonrientes, compran, ese Uruguay no existe (...) Pero si querés venir, vení. Montevideo Bizarro te espera con las luces apagadas. No vas a encontrar nada que no hayas visto allá, corregido y aumentado. Vas a encontrar, eso sí, un Uruguay más parecido a ustedes de lo que te gustaría. Más embarrado, más berreta. Y, también, más auténtico.”

jueves, 30 de diciembre de 2010

Sumo x Pettinato


... ¿Vos leíste Castaneda? - fue una frase de Sokol que desencadenó una aventura increíble en busca del cactus de La Rioja.
- Yo sé preparar esas cosas - dijo Germán.
- ¿Estás seguro? Si los sabés preparar, nosotros vamos.
- Sí, hay que hervirlo durante horas...
Decidimos suspender los ensayos durante dos días.
A la mañana siguiente, Sokol y yo nos preparamos. Iríamos a dedo.
Y así fue (...)
Tras varios coches que pasaron de largo, una camioneta se detuvo y dijo que nos podía ir "alcanzando" hacia "la zona" (...)
En el trayecto nos enteramos de que funcionaba por ahí un centro de la Fuerza Aérea o de Investigaciones. Nos dimos cuenta de que no saldríamos de ese automóvil así como así. Llegamos a una comisaría. El bolsito que llevábamos quedó adelante y nosotros pasamos. Nadie lo revisó.
- ¿Qué vinieron a hacer a nuestra ciudad?
- Vivimos en Nono y vinimos aquí a conocer - respondí.
Pero mi mameluco naranja no era lo suficientemente turístico para la gente del lugar.
Ahí me apresuré a contestar:
- Bueno, en realidad, vinimos a... soy periodista.
La frase no intimidó a nadie.
- Soy periodista, él es amigo mío, y hemos venido a estudiar... a estudiar... la flora y la fauna de La Rioja.
- ¡Ah! ¿Sí? - dice uno de los ya cuatro oficiales que nos observan como si hubiésemos venido de regalo dentro de un asteroide.
- Y dígame... ¿no lleva cuaderno de anotaciones ni nada?
- No. Lo llevo todo aquí - dije, señalando mi frente.
- Muy bien. Arremánguense las camisas.
- ¿Qué buscan? - respondí mientras ellos nos miraban las venas.
- Son drogadictos.
- Para nada. ¿Qué dice?
- ¿Son Montoneros? - dijo otro.
Dos de los policías lo miran a Sokol fijamente, intentando ya con desesperación encontrar una respuesta al misterio.
- Y usted, ¿por qué no tiene documentos?
- Porque me los olvidé.
- Hummmm... ¿Y qué le pasó en la nariz?
- Me llevé un pino por delante.
Suficiente.

...

"¿Saben lo que me dijo Luca hoy? Dijo: 'La mejor manera de morir, Roberto, es con heroína... Porque pasás al otro lado sin sentir nada de nada... es como un sueño'."
Toda la vida imaginando lo que el destino nos deparó... Nada crece allí... (...) Pero Luca dijo eso. Me lo dijo a mí. Lo dijo de su propia boca muchos años antes de morir. El destino, amigos, escucha muchas solicitudes... Y después decide.
Estamos tocando en la cancha de Los Andes. Un nombre del que Luca se burla, como cuando decía "¡Chivilcoy!". Estamos en Los Andes o en un campo de fútbol viejo, de mierda, de esos en que uno ni siquiera puede reconstruir la cara de sus dirigentes. ¿Saben lo que hay en el último lugar del mundo habitable? La cancha de Los Andes.
Una semana atrás le dije a Prodan, saliendo de la CBS:
- Luca, acabamos de firmar un contrato por cuatro discos más... ¿sabés lo que es eso? ¡No te podés morir ahora!

...

La luz ilumina los casetes. También la alfombra. Para Mollo o Germán o Diego... ilumina el cuerpo de Prodan, ahí caído, como una exhortación en vano, mitad de su cuerpo sobre el colchón, la otra mitad en el aire.
¿Qué decir? Mollo lloró. Germán dijo: "Al fin, ¿lo conseguiste?".
Timmy agregó: "Fuck you" (...)
Detrás de la espalda de Mollo, alguien luchaba por la campera de Prodan. Sí, la famosa campera inglesa sucia, comprada usada. ¡Esa! La campera que te gustaría tener a vos... y a mí. Alguien entró y Mollo dijo: "Ese bajo no es tuyo. Es nuestro". Y esa persona que pedía por el bajo violín de Prodan (sí, igual al de Paul) se fue por la escalera. Y todos sacaron algún recuerdo antes de que llegásemos, como beatíficas botellas, como arrancar el influjo de lo convivido (...)
Un periodista de Crónica está en la casa. Nadie entiende cómo llegó tan rápido. Nadie sabe qué decir. ¿Por qué murió? ¿De qué murió? Era la pregunta más adecuada para un rockero, ¿no?
¿Saben lo que dijeron todos los Sumo? Que la sonrisa de Prodan parecía hundirse en el rumor de la tormenta, que su sonrisa era de paz. De, como dijo él...

"Irte al otro lado... sin sentir nada... sin dolor... como un sueño."

Lo dije. Se lo dije antes... El destino escucha todas las solicitudes, y sus decisiones se cumplen.

...

De aquellas discos siempre recordaré a los dueños. Eso sí que era un trailer de película de Tarantino... pero real. Te mandaban a buscar porque "el dueño quiere conocerlos" y no se podía decir "no, gracias". Ibamos Germán y yo. Eramos los que sociabilizábamos con los que nos iban a pagar: más te vale caerles bien. Esas habitaciones (la "oficina del boliche") eran increíbles: sillones seudolujosos, luces bajas, dos pendejas ahí tiradas, amigos gordos del dueño y un gran escritorio en donde este tipo a veces de camisa abierta y cadenas de oro, te preguntaba, en una voz entre cálida y acelerada:
- ¿Qué quieren tomar?
- Lo que sea
- ¿Lo que sea? ¿Champán o qué?
- Lo que sea... No sé... Bueno champán.
No había charla. Esto era increíble. El tipo hablaba por teléfono, daba órdenes, entraban y salían otros tipos vestidos de negro, y no mucho más. Una demostración de poder que hoy, después de ver tantas películas, más o menos puedo entender, aunque en aquel momento no sabíamos qué era lo que se nos venía en el horizonte. ¿Un saludo? ¿Una chica como obsequio? ¿Una bala en la frente?
En muchos casos s nos quedaban mirando. Eso era lo peor. Silencio. La música de la pista a lo lejos. Vos y todos esos tipos ahí, callados, esperando quién sabe qué comentario.
"Qué linda discoteca tenés."
"Qué calor que hace"
"Está bueno el lugar"
"¿Es tu única discoteca?
"Qué linda oficina"
No sabias qué decir. Sólo te limitabas a mirar alrededor y estudiar cuál podría ser la salida más sencilla y directa. O mejor aún, ¿cuál era la frase que te devolvería al cuarto con el resto de tu banda? (...)
Sumo atraía a este tipo de seres, era un imán para este tipo de trato, como si fuésemos parte de una mafia pesada a la que le habíamos agregado un poco de música. Nunca me imaginé a los Soda Soda Sterero o a los Virus o muchísimo menos a Pipo Cipolatti en una situación así. Pero era nuestro karma. Los pesados del mundo, los densos sin futuro, los "a punto de morir" nos querían conocer, querían tenernos a sus pies por veinte minutos, querían demostrar que el show empieza cuando ellos quieren y no cuando la gente ya estalla en puteadas por la demora. Y les digo algo: los conocimos a todos. Y todos eran así: miembros patéticos de una familia de violentos solitarios, maltratadores y drogotas que ahora mismo prefiero olvidar.

* Sumo por Petinatto (2009) es la continuidad o parte final de La jungla del poder, la biografía del grupo que el músico y periodista escribió en 1993.

jueves, 23 de diciembre de 2010

El otro lado


No hay que esforzarse mucho para pensar La Plata como la ciudad de los clichés, de los lugares comunes. Tanto para quienes la conforman en lo cotidiano, en ese "día a día", como para los que la cuentan extrañados en exterioridad.
Aquello de "ciudad cuadrada" por su lógico perímetro, los masones, el impulso civilizatorio, el "triunfo" de los europeos sobre la barbarie nunca resuelto, los túneles para imaginar vaya uno a saber qué tipo de misión estratégica con aroma a secta, el sueño higiénico de los criollos...
Pero está la otra; una ciudad diferente, esa que de generación en generación se alimenta y repite, como la historia, de lo que escriben y anhelan sus propios actores; la que no habita guías telefónicas o folletos con imprenta de municipio; la hubo, la habrá: los errantes de Pura Vida; las tardes de Estación Provincial; las madrugadas obligadas de Mulata, Gabi y sus "Bowies" en formato emepetres; lo que nos contaron del Tinto y el Bar de 47; el CCC, la Fabriquera o la Salamanca de 9; las madrugadas que se hacen mañana en los centros de estudiantes, Barro, el Boulevard...
Para ello, este libro presentado hace una semana en La Grieta y compilado por Celina Artigas. Con un necesario giro ecléctico de 80 autores, desde artistas plásticos hasta periodistas, alumbran ensayos, poemas, postales y hasta un mapa intervenido de "esa otra ciudad".

sábado, 11 de diciembre de 2010

Enfrentamientos



El sustantivo nos indaga sobre el más común de los sentidos de los pensadores mediáticos, esos que inspiran para autodeclararse independientes o librepensantes, ajenos o poco afectos a intereses y negociados. Dicen. Eso dicen.
Hay otros, no menos diferentes, que ante el grado de la evidencia reducen el eufemismo y se le animan a la literalidad de la "represión": hoy, como esas paradojas irremediables, TN, incentivado por su nulo affaire con el Gobierno.
El asesinato del diaguita Chocobar en Tucumán; el de la campesina santiagueña Sandra Juárez, ultimada por una topadora; las muertes de tobas en lucha en Formosa, son apenas los "títulos" visibles de un poder supraestructural en el que, por sobre nombres y moldes partidarios, actúan en connivencia lo peor del resabio feudal para que el sistema de exclusión económica de los menos no pierda vigencia: jueces, policías provinciales, empresarios, terratenienientes y medios, siempre en manos editoriales de alguno de los antes citados, que cierran generalmente el círculo de complicidad.
El periodista Darío Aranda lo intenta explicar acá.

jueves, 22 de julio de 2010

"Los ideales de progreso humano están más en pie que nunca"


Lo dice Rocambole, el realizador de las tapas de Los Redondos. Y concede: “Al concretarse las presiones a las que nos condenó el sistema capitalista, la resistencia a ese tipo de presiones o de formas que intentan hacernos caminar por una fila, son, cada vez, más actuales...”

“¿Está bien este lugar?”, pregunta Rocambole, no sin extraña timidez, después de hacer la introducción en las clases que tiene a cargo en la Facultad de Bellas Artes de La Plata, y señala los escalones de mármol de la entrada al Auditorio. Rocambole, que ya se acomodó en el borde de la escalera, es Ricardo Cohen, el diseñador de las imágenes que ilustraban cada concepto musical de Los Redonditos de Ricota. Y es, además de docente, dibujante y ¿artista?... “En realidad, yo a la palabra artista la tomo con pinzas. Hay muchas definiciones de la palabra arte y, tal vez, algunas entre sí hasta no concuerdan. Encuentro mucho más claro hablar de realizadores. Para mí, un pintor, un dibujante, un escenógrafo o un escultor son, básicamente, realizadores. El hecho de la connotación arte es de una interpretación muy diversa: en el Renacimiento, los artistas eran artesanos; en la época de los griegos, esclavos. No creo en el mito del artista como alguien excepcional; como un individuo que debe ser un poco loco o un poco bohemio, que se inspira y le sale una obra maestra. Considero que las obras bien hechas son producto de un estudio y un trabajo bien hecho”.

Rocambole cree que un artista debería definirse como tal cuando crea nuevos parámetros para comunicarse: “Es alguien que patea un tablero y crea un nuevo lenguaje; no aquel que se sigue expresando como un intérprete a través del lenguaje que ya existe. Es diferente ser un intérprete a ser un creador”.

¿Cuáles son los artistas, hoy?
Ocurre que no es que los artistas sean una clase especial de personas, sino que, plagiando a un filósofo hindú, cada persona es una clase especial de artistas. Pienso que a todas las personas, por el hecho de ser humanos, nos gusta expresarnos y comunicarnos.

¿Cómo influye, en la supuesta pureza de la obra artística, la posibilidad de utilizar los nuevos medios que brindan los avances tecnológicos?
... Pero en toda la historia del arte se ha visto cómo ha evolucionado la realización de las imágenes a través de la evolución de los materiales. No pienso que sea relevante el hecho de utilizar determinado material para que no sea una obra considerada: eso va a depender de otros elementos; no del tipo de material o de soporte. Lo que pasa es que hay personas que, por ortodoxos, prefieren mantener una cierta técnica, y es una decisión respetable.

¿Y tu experiencia, al trabajar los conceptos artísticos de los últimos discos de Los Redondos con otro tipo de materiales?
El hecho de que los primeros discos fueran artesanales, dependía mucho del tipo de producción que existía en ese momento. Que ahora las tapas o los envases lleguen a ser complejos, o se utilice más la industria para ello, es por la lógica evolución del grupo, que ha podido implementar una mayor producción en cada uno de sus trabajos. En principio, las dos primeras tapas de Los Redondos (N de R: Gulp!, en 1984; Oktubre, en 1986) las hicimos nosotros mismos con las manos...

¿Con las manos?
Sí, impresas en serigrafía; apelando a pocos colores, bien sencillo...

Así como Oktubre se transformó, desde lo musical y lo conceptual, en El (así, con mayúsculas) disco de Los Redondos, es, a su vez, según Rocambole, la pieza de diseño más lograda: “Porque, como concepto, el diseñador siempre piensa en hacer lo más con lo menos. Y eso fue lo que ocurrió al diseñar esa tapa: limitación en la producción, condiciones precarias de realización...”

Cuando Cohen empezó a firmar sus realizaciones como Rocambole (seudónimo que le debe al personaje principal de Las aventuras de Rocambole, un folletín francés del siglo XIX que leía cuando era chico, "porque mi viejo tenía los cuarenta tomos de la obra”) lo hizo para separar lo que consideraba era arte serio de arte popular: “En principio pensaba eso. Yo veía que los dibujantes firmaban las historietas con seudónimos, y que en las obras del circuito de galería, en cambio, los realizadores figuraban con su propio nombre. Pero, después, Rocambole lo empecé a usar para todo: como marca, en una pequeña estampería que tenía, y también para firmar las ilustraciones y las historietas”.

¿En qué se diferencian el supuesto arte serio del arte popular?
Y... (piensa, y se distrae mirando a los alumnos que se pierden frente a la puerta) hay un circuito artístico que tiene que ver con las galerías, los museos, las universidades: pareciera que el arte, mientras más intelectual, mejor es; y otro circuito, donde se mueven la música popular, la literatura popular... Está claro que hay una separación bastante marcada. De hecho, casi nunca exponen en los mismos lugares, artistas de índole popular y los llamados artistas serios. Además, el arte popular sólo llega a los grandes escenarios cuando se consagra.

¿Qué tipo de arte le interesa?
El que puede ser gozado por todo tipo de público. Me interesa la obra que puede ser reproducida y ser propiedad de las masas. El arte de la obra única, la que compra alguien como representación de su poder económico, no es lo que me importa.

De aquellos polvos, futuros lodos
El origen de “todo” es... La Cofradía de la Flor Solar, aquella comunidad platense que albergó a numerosos artistas, músicos y artesanos que renegaban de lo más convencionalde la vida. El origen de todo es... la Escuela de Bellas Artes de La Plata, lugar donde Rocambole ingresó en 1965, tras cuatro años de dudas en la carrera de Psicología (“No era lo que esperaba, por eso largué todo...”); después, el golpe de Onganía, la intervención en la Universidad y el éxodo obligado de los profesores mejor formados: “Nos fuimos de Bellas Artes con el proyecto de hacer una escuela paralela a la intervenida Escuela Superior, con todos los profesores que habían echado. Hasta formanos un comedor universitario... Ese fue el origen de la Cofradía”, cuenta.

¿Qué lugar queda hoy para repetir experiencias estéticas y conceptuales como las de la Cofradía?
Creo que la historia va y viene... Siempre hay brechas donde se mueven las culturas alternativas, y yo confío mucho en ese tipo de movidas: aquellas que se mueven en los suburbios de las ciudades o del arte oficial. Pero va a depender mucho de la aparición de talentos...

¿No cree que los músicos orientaban su mirada hacia otros objetivos?
Los ideales del progreso humano siempre están en pie. Y en una época como la actual, están más en pie que nunca. Me parece que la historia, un poco, nos ha dado la razón. Creo que las primeras movidas, en las cuales estuve cuando era más joven, como las de la Cofradía, fueron más bien una advertencia por el tipo de torción que iba a sufrir el espíritu humano en unos pocos años. Entonces, al concretarse ese tipo de presión al que nos condenó el sistema capitalista, hoy, más que nunca, la aparición de resistencia a ese tipo de presiones o de formas que intentan hacernos caminar por una fila, son más actuales...

Los alumnos lo esperan. Pero antes de seguir dando clases, y al preguntarle por los últimos discos de Los Redondos (Ultimo bondi a Finisterre, de 1998, y Momo Sampler, de 2000), Rocambole no duda en afirmar que pudo concretar parte de sus objetivos: “El uso de abundante tecnológica permitía soñar más. Había muchas cosas que, antes de los discos, siempre habían estado presente en cuanto a soñar otras cuestiones. Los últimos discos de Los Redondos, por el tipo de material que pudo utilizarse, no fueron más que la realización de viejos sueños postergados...”


* Una entrevista con lo último del espíritu adolescente que le hice (fines de 2004, principios de 2005) para un programa de radio platense y que después garabatié para Mundo Redondo.