miércoles, 18 de mayo de 2011

El aroma de las masas


El perfume de la tempestad
Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado
(2010)

En tanto el mito trepaba alrededor de Los Redondos, hubo múltiples axiomas que se transformaron en manifiesto. Axiomas que Solari esmeriló estratégicamente para marginar siempre la obra del personaje; el arte del hombre; a Carlos del Indio. "Yo hablo a través de la estética, de la poesía; trato de no confrontar con mi obra", decía, palabras más o menos, inoculado de asepsia ante la posibilidad de tener que "explicar algo" sobre el arte redondo: las letras, la música, la producción, el detrás de algo.
Eso era Redondos. Diez años pasaron. ¿A través de qué nos habla hoy el Indio con el disco verde que completa la trilogía? Una hipótesis: si la obra y la multiplicidad de interpretaciones que interactuaban entre el personaje y las bandas vagaban libremente haciendo infinitas lecturas del fenómeno ricotero, hoy Solari parece hablarnos, o decir, mucho más en directo que por el espejo de una nueva obra.
¿Implica eso que su arte en formato CD no tenga ya más que decirnos? Nada más alejado. Aún con tres discos en seis años (desde el luzbelitiano y perpetuo Tesoro de los inocentes, a El perfume de la tempestad), el detrás de escena de cada convocatoria con Tandil como bandera no puede menos que eclipsar todo lo que venga.
Hoy Solari, su mito, su arte, el del hombre que en el escenario es un Jekyll con nick "Indio", nos interpela a través de su convocatoria: un vehículo de arte popular, de masas, que logra convertir una ciudad (me permito una licencia de diciembre hasta acá) en un Woodstock de 48 horas, con 80 mil personas interpelando a su modo aquel axioma iniciático del trip redondo, dejando que la vivencia y la poesía de Solari sean la herramienta para el viaje particular de cada uno de los ricoteros, de los antiguos y los nuevos. Aún sin entrar al estadio...
Con El perfume de la tempestad, de guiños redondos indisolubles en tracks como "Ceremonia en la tormenta" o "Black russian", Solari vuelve a la carga con su inalterable ambivalencia. Juega con esas posturas, tan contraculturales y posmodernas a la vez -posmodernas como norma indivisible de “no traducir la obra a códigos ideologizados”; prueba el gusto de lo prohibido; el aroma de la tempestad; el perfume del cambio. El Indio nos grita "Todos a los botes". Suplicio, prédica, que, como principio ambiguo que busca cuidarse de no confrontar con la obra, no sabemos aún si es una tempestad que augura nuevas estéticas en el futuro del artista o la esperanza de que el cambio social pueda traducirse más allá de las imaginarias revoluciones de antaño.

* Un escrito para el número tres de Estructura Mental a las Estrellas.

1 comentario:

maziiu dijo...

Te sigo, desde españa :)
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