jueves, 28 de junio de 2007

La escena del rock platense: entre la diversidad y la vigencia

Una identificación caprichosa del rock platense podría sugerir que en la diversidad artística de sus músicos y sus poetas se encuentra esa matriz estética que rompe la rigidez arquitectónica de la ciudad y sus habitantes, acostumbrados al ritmo semanal de la demanda laboral de oficinas públicas y comercios.
Es que si La Plata es, a su vez, una urbe moderna por adopción capitalina, también es una ciudad bucólica de espíritu que hace de ella y su Universidad el lugar donde se condensan las experiencias artísticas que convierten al rock platense en una escena de estilos diversos, pero homogénea a la vez.
Ocurre que lejos de anular las estéticas, la particularidad del rock local es que históricamente unificó y complementó a unas con otras, situación que permite percibir una variedad de propuestas musicales que forman parte del legado que le imprimieron las costumbres culturales del medio local al rock en particular. En principio, porque la esencia del rock platense integró desde siempre a la música, al cine y al teatro, fogoneado por el pulso de la vida universitaria en las calles y los rincones de la ciudad.
Un "estilo", como práctica y costumbre cultural, enmarcado en esa identidad juvenil y generacional propia, y casi única de La Plata, que rompe la monotonía y el letargo "pueblerino" de una ciudad encajonada por la ambigua postura de ser, a su vez, una capital provincial eclipsada por los sonidos del cosmos porteño.
Sin embargo, es ese rasgo, justamente, como apuntamos a partir de Sergio Pujol1, el que delimita y modela una forma de vida específica de los jóvenes platenses, no nativos en un gran número, que piensan y viven como comunidades, "propiciando la circulación de ideas" en forma de canción y poesía.
Siguiendo a Pujol, la característica del rock platense es que "no tuvo, como la Capital, una negación generacional que la rechazara"; porque no hubo, dice, una troupe de tangueros o jazzeros que mediaran, en los ‘60 y principios del ‘70, cuando se precipita la escena de la mano de La Cofradía y luego con Los Redondos (por citar los casos que trascendieron la frontera de la 32), para impedir la irrupción de la estética joven del rock local.
De esta forma, si se piensa que "La Plata es una escala y no un destino" porque el platense del interior siempre está en una situación de tránsito, la identidad poética y artística del rock local no se ve condicionada por el lugar; "no le canta a la nostalgia y el desarraigo", como el tango y el folklore, sino a "problemas universales y transnacionales que tienen que ver con una amplitud de miradas”.2
En otras palabras, se podría definir como un hilo conductor de la cultura joven de la ciudad que sigue la huella de las ganas de decir, cantar y experimentar, sintiéndose parte de un momento de la vida que para muchos es único: la juventud. Y con una particularidad que la distingue: una urbanidad que desde su misma arquitectura, estéticamente simétrica, hace imposible la incomunicación de las partes: a diferencia de la Capital, las distancias en La Plata no existen y el diálogo entre los sujetos está garantizado, integrando, noche a noche, a una gran cantidad de músicos, poetas, artistas, cineastas, periodistas y estudiantes.
La escena platense, de esta manera, se proyecta con una diversidad de estilos que se homologan sólo como marca identitaria, y le dan forma a un rasgo distintivo donde cada grupo busca imprimirle a su arte la ambigüedad y la ironía propias de las corrientes que salen de la declamación de la prosa de carácter explícito.
Se podría aventurar que si hay una tradición ineludible en el rock platense, desde La Cofradía,
Los Redondos y Virus, pasando en los '90 por los Gorriones, Estelares, Mister América o Pángaro; hasta hoy, con grupos como Norma, El Mató, Mostruo!, Nerd Kids, La Secta, Sr. Tomate o incluso Don Lunfardo, ya con una masividad distintiva dentro del rock nuestro, es la sensación de ir a contramano de la literalidad y la arenga estilística de eso que muchos llaman "rock chabón": ningún rincón de la ciudad donde resuenen los tonos de una guitarra tendrá "líderes" que inviten a escuchar la frase políticamente correcta, sino todo lo contrario: volverán a empezar siempre, para no dar nada por entendido porque sólo en la ambigüedad y la ironía parece percibirse el juego del rock.
Como apunta el periodista Oscar Jalil3, "el rock facturado en la ciudad no siempre acompañó el compromiso ideológico que exigía el momento político”; porque, mucho más atentos a un cambio personal y espiritual, “esa línea de pensamiento, a simple vista descomprometida, proyectó su arte a través de alegorías y metáforas".
A ojos “apolítico” para aquellos espacios que le reclaman al artista el lugar del comprometido social, el rock platense parece redundar siempre en el sarcasmo moderno y la ambigüedad poética, antes de orientarse hacia la arenga explícita. Una marca, a decir de Jalil, que atraviesa a la mayoría de los letristas del rock local, con una influencia cofrádica e independiente que fue retomada por Los Redondos y Virus; por la generación de recambio de finales de los ’80 y los ‘90, con
Las Canoplas, Los Gorriones o músicos como Moretti (Estelares), Astarita (Mister América) y Pángaro; hasta nuestros días, inspirándose en "el legado artístico de saberse independiente en lo creativo y poco sumiso a los dictados del negocio musical".
Sólo de esta forma, y pese a las categorizaciones de ese encasillamiento a veces cómodo denominado "subgénero" (el reggae de Encías Sangrantes o
La Ombú; el tecno-industrial de los mencionados La Secta; el "minimalismo" sonoro de Norma o El Mató; hasta el rock de guitarras más clásico de los Lunfardos o, con las distancias estéticas del caso, Mostruo!), parece comprenderse la vigencia actual de esa marca distintiva del rock platense, que es lo que cuenta en cada rincón de la ciudad, cada fin de semana.

Notas
1 Profesor, historiador e investigador de la UNLP. En: Revista
La Pulseada, noviembre de 2002.
2 Rosso, Alfredo. Idem.
3 Jalil, Oscar:
Rock Versión Tinta. Antología del rock platense de los '90. La Plata, Ediciones La Comuna, 2000.

miércoles, 4 de abril de 2007

La más maravillosa de las músicas y una yerba


Noche larga y de míradas cansadas. Cansadas de irse por la ventana; que miraban el fondo de fondo: el Bosque, algunos taxis sobre la 44, el bodegón peruano de la esquina aún abierto, la Petroquímica, las luces del galpón del Nacional; y más allá, el infinito, la deriva de perderse para conocer esa ciudad que de noche provoca desconocimiento: sin olores matutinos, ni autismos, ni multitudes; sólo la mirada en el azar de la noche y el placer urbano de contemplar lo imposible.
Reaccionamos. La música fluye. Sobre la mesa, un par de
vasos vacíos descansan para siempre de las bocas secas y casi sin quererlo interrumpen el choque de sensaciones: una reflexión sobre algo de Favio y la máxima aspiración de la estética peronista; el lugar donde tocó Cerati en Capital; el Planetario; circular o derivar.
Y ahí pensamos al unísono lo que hubiera sido ese espacio obligado de circulación por una ciudad prediseñada, sin espontaneidad posible, donde la errancia y el devenir se visten para el poderoso con guiños de sospecha.
Para eso, las instituciones. Había una vez un
megadescamisado: 137 metros del alto, como la Estatua de la Libertad y el Redentor de Río pero más; 14 ascensores; 43 mil toneladas; salón grecoromano con paredes de mármol; y hasta un sarcófago de 400 kilos de plata para ubicar los restos de Eva.
Al proyecto se lo tragaron los milicos en el '55; cerca de ATC, donde todavía descansa lo que queda de la octava maravilla; en el Planetario, debajo del mismo lugar donde la otra noche tocó Cerati.

lunes, 5 de marzo de 2007

¿Ficción?

Ideas. Muchos eligieron dar la vida por El

Todo transcurre el día que muere Perón. Cuatro o cinco tipos, no sabemos si "por izquierda" o por orden de la Conducción, piensan que "hay un plan militar del sector más ortodoxo y gorila del Ejército" para secuestrar el cadáver del ex Presidente.
Hay plan, ideas, diálogos, tácticas, mesianismos, delirios, pero falta algo: el cuerpo. La materia hay que conseguirla; y, sobre todo, ponerla dentro del cajón para hacer el canje.
Variantes no quedan muchas y surge sola, naturalmente, al pulso de las lágrimas por la muerte del Presidente: sacrificar al viejo de un compañero.
A los visionarios les alcanza con dos o tres llamados. El "perejil" de turno -así se comunicaban entre ellos: "perejiles" les decían- mientras lamentaba con
su madre el viaje final del líder, sentía que la mujer también lloraba por la muerte del otro... el de su casa.
La escenografía no presentaba novedades. Sobre un rincón del salón, convertido en improvisada funeraria, dos amigos del sindicato discutían la muerte de su amigo, mientras un tercero intentaba escapar de lo que veía descorchando la tercera botella de Toro Viejo.
Del otro lado, junto a la ventana abierta por donde asomaba el aroma de la tierra mojada, la única chica del grupo sentía que el plan revolucionario cobraba trascendencia.
"Compañero, dada la circunstancia, por el bien de la patria y el movimiento, usted tiene el reto del destino de ser el nuevo hijo del General", infirió la mujer, de mirada pálida, con gestos de agotamiento.
El joven, viendo cómo venía la mano y pese a negarse inicialmente, no tardó en aceptar el pedido.
"Dale, Juancito. La vida de la patria puso
su destino en el cuerpo de tu familia. Nos llevamos a tu viejo, lo cambiamos antes que los gorilas, y vos vas a ser el hijo de Perón; Juancito, date cuenta", deliraban en coro.
Sin mucha alternativa, y por el sí de la vieja, convencida por los compañeros del pibe, Juancito cambió las acusaciones de "reaccionario y apátrida" por el reto final de ser para siempre el hijo de El.
Todos, entonces: los amigos, el barrio, los compañeros, coordinaron la idea para salvar el destino de la patria ante la invasión gorila. Salvo Juancito, que unas horas antes de convertirse para siempre en pariente de Perón, comprobó que su viejo había dado la vida por el extinto líder, pero ante la irrenunciable amenaza arma en mano de sus compañeros de movimiento.

miércoles, 28 de febrero de 2007

Pronta Entrega (o La Otra Vaca II)

La otra no, ésta

Recordando tu expresión
vuelvo a desear
esas noches de calor
llenas de ansiedad.

Sofocado por el sueño y la presión
busco un cuerpo para amar,
la distancia va perdiendo su espesor,
pronta entrega por favor.

Me puedo estimular
con música y alcohol,
pero me excito más...
cuando es con vos
siento todo irreal...
cuando es con vos
siento todo irreal.

* Del disco Locura, Virus, 1985.

lunes, 26 de febrero de 2007

La Otra Vaca

Esta no, la otra

La demora debe haber sido porque no retengo nada de esa noche, salvo algún instante de dos o tres resfríos consecutivos caminando como hacia la Legislatura.
En el trayecto, DJ y Duluz buscaban excusas para mentirle al cuerpo y llevarlo donde no quería y un par de "barras" discontinuaban la mirada sentados al lado nuestro, acariciándose la panza como nosotros.
Recién cuando me dí cuenta que la luz que enchufó los recuerdos
era la misma que los había apagado un rato antes, lo vi al Roedor entrando seis veces por la misma puerta; otra vez a DJ y Duluz comiendo lo que quedaba de la compota; las estériles discusiones de lo que alguna vez fue fútbol con Manuco y Antonioni; a Emebé y Lupa, desparramados sobre el sillón, restándole importancia a las bardeadas de las pulgas que luego notarían; y a Senodram, el único que sabía del plan del otro, el dueño de casa que nadie conocía, ese al que tuvimos que atar en el otro cuarto (ver infografía) para que no soltara el gas del norte y vaciara en su cuerpo las dos únicas bañaderas que había en la casa, la de material y la de acero.
Por suerte no pudo. Lo noté por mi resfrío.

sábado, 16 de diciembre de 2006

El sueño de todos: ¡Campeón!


Bilardo lo volvió a reconocer después de más de siete años, una tarde en el Country, en uno de los tantos entrenamientos que llevarían a Estudiantes a lograr la estrella del '82. El tipo, algo cambiado, con varios kilos encima producto de festejos, casamiento, trabajo y vida doméstica, tenía que hacer una producción fotográfica para El Día.
- "Necesito a todos los jugadores sentados en el travesaño", le sugirió al entrenador con algo de vergüenza. Sabía que el equipo de Bilardo era puntero del campeonato y hasta ahí venía con el arco invicto.
- "No, no, no... 'tas en pedo".
El técnico no ocultó su habitual nerviosismo, que profundizaba ahora por el sinsentido escuchado.
- "Mirá si el domingo nos cagan".
Ante la insistencia la producción finalmente se hizo. El costo del convencimiento fue no romper la nueva costumbre, aunque ninguna cábala mal aplicada, desobediente, podría romper la campaña de los Ponce, los Sabella y los Trobbiani.
Unos días después, Bilardo se enteró de la buena nueva, tras un agónico triunfo ante Argentinos.
- "¿Es verdad que lo jodiste al Gordo el domingo y le tocaste la panza?".
No eran aún épocas de desbordes y pasiones mediáticas. El Country mostraba su habitual tranquilidad. El "5" dejó de correr, se secó la cara y se acercó al técnico.
- "Sí, hace mucho que lo hacemos".
- "Entonces lo quiero acá todos los jueves. De acá hasta el partido con Talleres. Pero que no falte. Y no seas pelotudo de olvidarte". Bilardo no dejaba pasar ninguna.
El Gordo, claro, declarado Pincha como era, habitué de la ochava de 115 en los '60 y los '70, no dudó: todo sea por el campeonato y por Estudiantes.
Con el tiempo la rutina daría los resultados esperados. Y tal vez el Narigón todavía crea que el título fue el producto exacto de la comunión entre la mano derecha del capitán de su equipo y la naciente panza de un reconocido fotógrafo del diario El Día.
Russo volvería a La Plata ya como técnico de Lanús para repetir la suerte del bicampeonato de comienzos de los '80; y, lo más importante, le daría continuidad a la rutina con el fotógrafo para subir a Primera en el '95.
Perplejo quedé el miércoles, esperando a la gente de Estudiantes en la entrada local de Juan B. Justo, con la Topper del '83 entre la piel y un largo pullover, intuyendo que el sueño era posible, que las fotos amarillas del Gráfico y los videos con pocas ganas de rebobinarse podían volver a tener presente, cuando un apurado ayudante del cuerpo técnico de Vélez salió de la sala de prensa encarando a los gritos a mi viejo.
- "Gordo, apurate que Miguelito te espera en la confitería. Ta' hace más de una hora. Dale que somos campeones".
El, ansioso, se metió entre todos, se fue sacando los botones de la ajustada camisa y esperó el encuentro con la mano de Russo para volver a gritar como manda la historia: "Estudiantes campeón".

Año 1, día 63, 14.54, d.7.0

PD: Sobre el tema, dos recomendaciones: Lágrimas y Estudiantes, entre los mitos y la modernización.


martes, 5 de diciembre de 2006

Diario de cómo cuestionar la tierra I


I.
No lo había pensado hasta que vi lo que subió Emebé. Nada más simbólico, se me ocurre, para describir la desaparición de López que la foto que pide por su aparición.
Es que a partir de eso queda claro, de movida, porqué López no está; las razones de su no-aparición. Ese click de la cámara es el momento en el que la imagen empieza a decir más que cualquier palabra.
No está porque habló; porque con su voz "borró un pedacito de impunidad", transfigurando su paciente esperanza cuando supo, derogación de las leyes de impunidad mediante, el inicio del proceso contra Etchecolatz.
Si las fotos que piden por los desaparecidos que se
chupó la dictadura muestra hombres y mujeres en blanco y negro, paradójicamente inmovilizados, a López la imagen lo muestra en acción; haciendo política; interpelando; condenando la impunidad y el genocidio. El precio que la Reacción aún quiere imponer por pedir justicia: la vida.

II.
Situación de sábado a la tarde en cualquier Musimundo. Me meto con ganas por el aire acondicionado. Apenas paso la línea de sentencia, al lado de los I-pod, un tipo algo gordo, moreno y con camisa blanca me sugiere ver el bolso a la salida o que lo guarde en alguna de las cajas coloradas.
A la izquierda hay una especie de ropero con más de veinte puertas, divididas en cuatro o cinco columnas. Para esconderlo tengo que poner una moneda de un peso. Como no tengo me acerco a una piba de no más de 20 años; está leyendo una revista que tiene una actriz en bolas en la tapa. Me ignora. Cuando me mira le digo que no me dejan entrar; que me falta cambio.
La chica, como dándome a entender lo pelotudo del reclamo, me dice que no puede hacer nada; que trate de conseguirlo porque sino no paso.
Vuelvo hacia el tipo y le insisto que la cajera no quiere darme monedas.
"Qué querés que haga", repite. Si no pongo un peso en la caja colorada no entro.
Lo único que me animo a decirle es que "quiero comprar un par de pelotudeces". Un ingenuo, pero el tipo insiste.
"Señor le dije que no se puede".
A esa altura la mina de la caja tiene la rutina por la página 20; y el de blanco le está repitiendo la sugerencia a una parejita de pibes con flequillo y musculosa.
Algo de cierto debe haber en eso de ser presunto chorro hasta que se demuestre lo contrario; hasta que salgas y el sultán del local diga que no hay delito; o hasta meter la monedita y evitar ser un libertario abierto a la sospecha caminando entre las góndolas.

III.
¿Por qué muchos periodistas, y más aún los "deportivos", dicen no saber de Matemática?
Situación I: un
loser en una cancha le pregunta a otro algo así como un 2 + 2 de la primaria; onda "si no gana Boca y pierde el Milan, cuántos goles tiene que hacer el Torino para ser campeón..."
"Ah, no, yo de números..." se niega. Y ni que hablar cuando le piden el insensato cálculo de un regla de tres simple; como indica el término, porque justamente es eso: simple.
Qué será lo que cuesta calcular es todo un enigma. Ojalá por ellos no piensen igual cuando retiran el sueldo; si no que avisen; ahí estaré.

IV.
Para los que no conocen el Abasto de Capital, ese al que le cantaba Luca cuando todavía desparramaban tomates podridos, sepan que Cromañón y demás antros ahora demonizados pueden ser lo más parecido a una abstracción caprichosa. Los invito a que lo conozcan y quien pueda salir de ese panóptico que lo haga saber. Todo un refugio para la inventiva marketinera del perpetuo business.


martes, 28 de noviembre de 2006

Algunos caprichos acerca del goce y el placer

Dice Pablo Schanton, el mismo que reza por un rock + iconoclasta, citando a un crítico británico en la última "Mano": "Hay dos impulsos en el rock de hoy: uno, hacer sistemas; el otro, disolverlos. Uno es reforzar el ego y su dominio sobre el mundo; el otro es disipar el 'yo', borroneando las fronteras entre uno y el mundo".
Según explica, por un lado, el didactismo apretado del agit-pop, con el triunfo de la retórica sobre la forma y el contenido; la tiránica amplificación del "yo"; por el otro, aquellos que sospechan de las palabras, renuentes a pronunciarlas bien, ansiosos por ser hechizados y sucumbir a los sentimientos de dejarse llevar. Dos universos diferentes: el egocéntrico de definiciones rígidas; y el mundo de la ambigüedad, los matices y las contradicciones.
Al hablar del lugar del rock como cultura y como modelo para el crítico especializado, Schanton rescata la atmósfera de la "teoría académica" como influencia a la hora de "razonar" sobre la música, pensando al rock desde las dos veredas planteadas, por poco ambiguo que suene: la racionalidad egocéntrica, de un lado; y la embriaguez que disuelve el "yo" del otro.
En términos de Barthes, el primero, como aquel texto que produce placer, en tanto el artista sólo juega el rol de ratificar la cultura, el lenguaje y el ego; el segundo, como el texto del goce, aquel en el que el individuo busca desestabilizar la linealidad del enunciado y se inscribe en la realidad estéticamente, dando muerte al sentido para amplificarlo en infinidad de posibilidades y para reapropiarse de una vida que se resiste a ser representada, tan sólo por el deseo y la necesidad de actuar e intervenir.
Que no es otra cosa que la voluntad artística de criticar, perfilando la acción más que como un medio para... como un fin en sí mismo. La misma diferencia, en palabras de Esteban Rodríguez, entre el estilo y la estética, como la disyunción imperecedera entre la "repetición" del placer y el goce de la "irrupción"; que es esa incompatibilidad entre la experiencia de la intervención y la obra de arte, que representa y se vuelve descriptiva de lo que decidió afirmar, saber y sentir de memoria.
Bajándolo al llano y siguiendo a Rodríguez, en primer lugar, desde la dinámica del llamado "rock chabón", que se sumerge en el placer de lo "previsible y oportunista", congraciándose con esa hinchada que reclama la literalidad de su líder, sin querer saber que lo importante nunca se cuenta porque la historia está en lo sobreentendido y la ambigüedad, con esa tendencia a los lugares comunes propia de la cultura televisiva; en segundo, desde el goce artístico de la contradicción, de la ambigüedad y la infinidad de sentidos que el "pop elegante" le inscribió al rock argentino, desde Los Redondos, pasando por Virus, hasta afluir en bandas como los Babasónicos.
A lo que se aspira, ni más ni menos, es a lograr inscribirse críticamente en la realidad, alejándose de la banalidad que otorga la "idolatría letrada" que conlleva la amistad con la "opresión idelógica de los músicos", para pensar por uno mismo en tanto escape de una vida que se resiste a ser representada desde afuera, huyendo de la visión hegemónica de lo espectacular.
Como en la historia, como en el rock mismo, las categorías académicas, lejos de invalidarse unas a otras, se complementan: por eso el "hoy" del que nos habla Schanton para citar al crítico británico data... de 1988; porque siempre es hoy, y porque, después de todo, como dice García acerca de Charly, del rock y de sí mismo: "Todos los rockeros dicen que dejaron y no toman más. Bien. Yo más bien digo que recién empiezo".


Ver:
Estética Cruda (2003) y Contra el rock chabón (2005), de Esteban Rodríguez; y revista La Mano de noviembre.

lunes, 16 de octubre de 2006

El fin de la historia


El recuerdo de un tal Fukuyama era para el Tero la mirada de un fachero profesor de Historia durante el segundo cuatrimestre de 2001, cuando todavía decoraba los bancos de la Facultad de 44. Pero todo eso apenas si es un efímero anticuerpo en una tarde contaminada de antemano.
El Tero siente un gran vacío. Los soles se suceden, impiadosos, uno tras otro; oscurecen el pequeño espacio que le queda sin llenar. Lo mira al Rafa y con un guiño de cejas le sugiere un "¿qué onda?". Igual no escucha nada; apenas una soledad que respira pensando en los amigos que tiene enfrente, en el Lito, el Lucho y el Pato. ¿Minoría pálida? ¿Será cierto eso que dicen que la impotencia es una condición de mi alma? Le pide explicaciones por séptima vez: "Decime algo, loco".
El Rafa lo mira y ya no camina; se pierde entre las sombras; le escapa a ese infierno que se homologa con el grito de los Otros; y se acuerda de Juan José. Con él no se hablan desde que la pegó y largó la verdulería. Para todos ellos el sol ya no sale. El nuevo año nace con indiferencia y agonía. Los Tero, los Rafa, hoy en La Plata ya no escuchan nada. Es el fin de la historia.

Año 1, día 2, 16:07, d.7.0

martes, 3 de octubre de 2006

¿Marihuana es rock?

Symns lanzó otro tsunami de mierda a la cuestión que también fuera planteada por un amigo y conspicuo misionero: "Legalización de las drogas, entre la hipocresía...".
Hago mi aporte y lo tiro como una sensación más sobre los criterios políticamente correctos de la dulce planta verde, pensando si adherir al plan de legalización de la Gran Patria del Norte que nos impone visiones "progres" de burguesitos como el Ale Rozitchner; de esos que ya se animan a interrogar a conservadores tipo Grondona sobre la rebeldía intelectual de fumarse un porrito en la cara del
prime time dominguero...
¿Cuál es tu rock?

Por Enrique Symns *
Comparada con el resto de las plantas mágicas, la marihuana es una gripe. Su veneno no es demasiado tóxico, y por lo tanto sólo afecta en condición de remedio piadoso. Existe otro problema con la marihuana; se ha convertido en una droga de diseño. Ya no son esas plantas salvajes que contienen la ponzoña de una serpiente de cascabel creciendo en los morros de Bahía, en Brasil; o la sísmica yerba paraguaya. La marihuana comenzó a plantarse en cualquier sitio y por cualquier idiota estudiante de botánica. En las mecetas de un departamento en San Isidro, en un jardincito de La Plata, en los fondos de la casa de la tía Adela. Estas marihuanas, efectivas pero domesticadas, han perdido la furiosa embestida con que las dotaba la tierra primitiva y la mano inequívoca del traficante (...) Actualmente nadie consume marihuana; fuman fotocopias. La cannabis sativa dejó de ser el maravilloso escalón que te transportaba inmediatamente hacia plantas más poderosas; se fue transformando a lo largo de los años en el mantel coqueto en el que psicólogos y rastafaris, amas de casa y toda clase de gente adaptada sirve su porción de misterio para luego contar con orgullo: "Nos fumamos un porrito" (...) El mejor argumento para defenestrarla lo ha aportado la casta médica de cierto estado del gran país del Norte: ¡muchos médicos recomiendan la marihuana como remedio para casi todos los males! Se trata del suicidio de una planta mágica. El té de los chinos es una clara demostración: de aquella poderosa fiera alucinógena ha quedado ese gatito ensobrado que tomamos cuando nos duele la pancita.

* Symns, Enrique: El señor de los venenos. Buenos Aires, El Cuenco del Plata, 2005, p.47.