jueves, 23 de diciembre de 2010

El otro lado


No hay que esforzarse mucho para pensar La Plata como la ciudad de los clichés, de los lugares comunes. Tanto para quienes la conforman en lo cotidiano, en ese "día a día", como para los que la cuentan extrañados en exterioridad.
Aquello de "ciudad cuadrada" por su lógico perímetro, los masones, el impulso civilizatorio, el "triunfo" de los europeos sobre la barbarie nunca resuelto, los túneles para imaginar vaya uno a saber qué tipo de misión estratégica con aroma a secta, el sueño higiénico de los criollos...
Pero está la otra; una ciudad diferente, esa que de generación en generación se alimenta y repite, como la historia, de lo que escriben y anhelan sus propios actores; la que no habita guías telefónicas o folletos con imprenta de municipio; la hubo, la habrá: los errantes de Pura Vida; las tardes de Estación Provincial; las madrugadas obligadas de Mulata, Gabi y sus "Bowies" en formato emepetres; lo que nos contaron del Tinto y el Bar de 47; el CCC, la Fabriquera o la Salamanca de 9; las madrugadas que se hacen mañana en los centros de estudiantes, Barro, el Boulevard...
Para ello, este libro presentado hace una semana en La Grieta y compilado por Celina Artigas. Con un necesario giro ecléctico de 80 autores, desde artistas plásticos hasta periodistas, alumbran ensayos, poemas, postales y hasta un mapa intervenido de "esa otra ciudad".

sábado, 11 de diciembre de 2010

Enfrentamientos



El sustantivo nos indaga sobre el más común de los sentidos de los pensadores mediáticos, esos que inspiran para autodeclararse independientes o librepensantes, ajenos o poco afectos a intereses y negociados. Dicen. Eso dicen.
Hay otros, no menos diferentes, que ante el grado de la evidencia reducen el eufemismo y se le animan a la literalidad de la "represión": hoy, como esas paradojas irremediables, TN, incentivado por su nulo affaire con el Gobierno.
El asesinato del diaguita Chocobar en Tucumán; el de la campesina santiagueña Sandra Juárez, ultimada por una topadora; las muertes de tobas en lucha en Formosa, son apenas los "títulos" visibles de un poder supraestructural en el que, por sobre nombres y moldes partidarios, actúan en connivencia lo peor del resabio feudal para que el sistema de exclusión económica de los menos no pierda vigencia: jueces, policías provinciales, empresarios, terratenienientes y medios, siempre en manos editoriales de alguno de los antes citados, que cierran generalmente el círculo de complicidad.
El periodista Darío Aranda lo intenta explicar acá.

jueves, 22 de julio de 2010

"Los ideales de progreso humano están más en pie que nunca"


Lo dice Rocambole, el realizador de las tapas de Los Redondos. Y concede: “Al concretarse las presiones a las que nos condenó el sistema capitalista, la resistencia a ese tipo de presiones o de formas que intentan hacernos caminar por una fila, son, cada vez, más actuales...”

“¿Está bien este lugar?”, pregunta Rocambole, no sin extraña timidez, después de hacer la introducción en las clases que tiene a cargo en la Facultad de Bellas Artes de La Plata, y señala los escalones de mármol de la entrada al Auditorio. Rocambole, que ya se acomodó en el borde de la escalera, es Ricardo Cohen, el diseñador de las imágenes que ilustraban cada concepto musical de Los Redonditos de Ricota. Y es, además de docente, dibujante y ¿artista?... “En realidad, yo a la palabra artista la tomo con pinzas. Hay muchas definiciones de la palabra arte y, tal vez, algunas entre sí hasta no concuerdan. Encuentro mucho más claro hablar de realizadores. Para mí, un pintor, un dibujante, un escenógrafo o un escultor son, básicamente, realizadores. El hecho de la connotación arte es de una interpretación muy diversa: en el Renacimiento, los artistas eran artesanos; en la época de los griegos, esclavos. No creo en el mito del artista como alguien excepcional; como un individuo que debe ser un poco loco o un poco bohemio, que se inspira y le sale una obra maestra. Considero que las obras bien hechas son producto de un estudio y un trabajo bien hecho”.

Rocambole cree que un artista debería definirse como tal cuando crea nuevos parámetros para comunicarse: “Es alguien que patea un tablero y crea un nuevo lenguaje; no aquel que se sigue expresando como un intérprete a través del lenguaje que ya existe. Es diferente ser un intérprete a ser un creador”.

¿Cuáles son los artistas, hoy?
Ocurre que no es que los artistas sean una clase especial de personas, sino que, plagiando a un filósofo hindú, cada persona es una clase especial de artistas. Pienso que a todas las personas, por el hecho de ser humanos, nos gusta expresarnos y comunicarnos.

¿Cómo influye, en la supuesta pureza de la obra artística, la posibilidad de utilizar los nuevos medios que brindan los avances tecnológicos?
... Pero en toda la historia del arte se ha visto cómo ha evolucionado la realización de las imágenes a través de la evolución de los materiales. No pienso que sea relevante el hecho de utilizar determinado material para que no sea una obra considerada: eso va a depender de otros elementos; no del tipo de material o de soporte. Lo que pasa es que hay personas que, por ortodoxos, prefieren mantener una cierta técnica, y es una decisión respetable.

¿Y tu experiencia, al trabajar los conceptos artísticos de los últimos discos de Los Redondos con otro tipo de materiales?
El hecho de que los primeros discos fueran artesanales, dependía mucho del tipo de producción que existía en ese momento. Que ahora las tapas o los envases lleguen a ser complejos, o se utilice más la industria para ello, es por la lógica evolución del grupo, que ha podido implementar una mayor producción en cada uno de sus trabajos. En principio, las dos primeras tapas de Los Redondos (N de R: Gulp!, en 1984; Oktubre, en 1986) las hicimos nosotros mismos con las manos...

¿Con las manos?
Sí, impresas en serigrafía; apelando a pocos colores, bien sencillo...

Así como Oktubre se transformó, desde lo musical y lo conceptual, en El (así, con mayúsculas) disco de Los Redondos, es, a su vez, según Rocambole, la pieza de diseño más lograda: “Porque, como concepto, el diseñador siempre piensa en hacer lo más con lo menos. Y eso fue lo que ocurrió al diseñar esa tapa: limitación en la producción, condiciones precarias de realización...”

Cuando Cohen empezó a firmar sus realizaciones como Rocambole (seudónimo que le debe al personaje principal de Las aventuras de Rocambole, un folletín francés del siglo XIX que leía cuando era chico, "porque mi viejo tenía los cuarenta tomos de la obra”) lo hizo para separar lo que consideraba era arte serio de arte popular: “En principio pensaba eso. Yo veía que los dibujantes firmaban las historietas con seudónimos, y que en las obras del circuito de galería, en cambio, los realizadores figuraban con su propio nombre. Pero, después, Rocambole lo empecé a usar para todo: como marca, en una pequeña estampería que tenía, y también para firmar las ilustraciones y las historietas”.

¿En qué se diferencian el supuesto arte serio del arte popular?
Y... (piensa, y se distrae mirando a los alumnos que se pierden frente a la puerta) hay un circuito artístico que tiene que ver con las galerías, los museos, las universidades: pareciera que el arte, mientras más intelectual, mejor es; y otro circuito, donde se mueven la música popular, la literatura popular... Está claro que hay una separación bastante marcada. De hecho, casi nunca exponen en los mismos lugares, artistas de índole popular y los llamados artistas serios. Además, el arte popular sólo llega a los grandes escenarios cuando se consagra.

¿Qué tipo de arte le interesa?
El que puede ser gozado por todo tipo de público. Me interesa la obra que puede ser reproducida y ser propiedad de las masas. El arte de la obra única, la que compra alguien como representación de su poder económico, no es lo que me importa.

De aquellos polvos, futuros lodos
El origen de “todo” es... La Cofradía de la Flor Solar, aquella comunidad platense que albergó a numerosos artistas, músicos y artesanos que renegaban de lo más convencionalde la vida. El origen de todo es... la Escuela de Bellas Artes de La Plata, lugar donde Rocambole ingresó en 1965, tras cuatro años de dudas en la carrera de Psicología (“No era lo que esperaba, por eso largué todo...”); después, el golpe de Onganía, la intervención en la Universidad y el éxodo obligado de los profesores mejor formados: “Nos fuimos de Bellas Artes con el proyecto de hacer una escuela paralela a la intervenida Escuela Superior, con todos los profesores que habían echado. Hasta formanos un comedor universitario... Ese fue el origen de la Cofradía”, cuenta.

¿Qué lugar queda hoy para repetir experiencias estéticas y conceptuales como las de la Cofradía?
Creo que la historia va y viene... Siempre hay brechas donde se mueven las culturas alternativas, y yo confío mucho en ese tipo de movidas: aquellas que se mueven en los suburbios de las ciudades o del arte oficial. Pero va a depender mucho de la aparición de talentos...

¿No cree que los músicos orientaban su mirada hacia otros objetivos?
Los ideales del progreso humano siempre están en pie. Y en una época como la actual, están más en pie que nunca. Me parece que la historia, un poco, nos ha dado la razón. Creo que las primeras movidas, en las cuales estuve cuando era más joven, como las de la Cofradía, fueron más bien una advertencia por el tipo de torción que iba a sufrir el espíritu humano en unos pocos años. Entonces, al concretarse ese tipo de presión al que nos condenó el sistema capitalista, hoy, más que nunca, la aparición de resistencia a ese tipo de presiones o de formas que intentan hacernos caminar por una fila, son más actuales...

Los alumnos lo esperan. Pero antes de seguir dando clases, y al preguntarle por los últimos discos de Los Redondos (Ultimo bondi a Finisterre, de 1998, y Momo Sampler, de 2000), Rocambole no duda en afirmar que pudo concretar parte de sus objetivos: “El uso de abundante tecnológica permitía soñar más. Había muchas cosas que, antes de los discos, siempre habían estado presente en cuanto a soñar otras cuestiones. Los últimos discos de Los Redondos, por el tipo de material que pudo utilizarse, no fueron más que la realización de viejos sueños postergados...”


* Una entrevista con lo último del espíritu adolescente que le hice (fines de 2004, principios de 2005) para un programa de radio platense y que después garabatié para Mundo Redondo.

sábado, 5 de junio de 2010

El hombre que estuvo solo y espera


Salinger no está. O estuvo siempre y no se dieron cuenta. Como un mortal sin vida, se fue del camino del anonimato. Aunque tal vez no escapó nunca porque lo suyo es volver siempre. Escribió y pensó que lo de él había terminado; que era suficiente; cuarenta años atrás.
Hoy no está. Sí su obra.

Más data

... por acá

sábado, 10 de abril de 2010

Tarde y lejos


Fue cuando iluminó
que la luz encandilaba
que el día empezaba
apenas de noche
y sus mieles eran ritmos
de intrascendencia

viernes, 26 de marzo de 2010

La vida según Symns


"... Las ciudades son las hijas del miedo, del miedo a la selva. Ya en el trazado de la ciudad descubrís que su rectitud (calles, manzanas, esquinas, veredas) está construida para que un pueblo ciego camine por ella.
El bar es el último pantano de la selva, el último lugar donde existe riesgo; porque, ¿qué no es el bar?: el lugar donde cuchicuchi va construyendo esa pequeña vida de ciudad, de conformarse con escribir un libro o tener hijos.
El bar es la última oferta de la eternidad, lo que queda de la libertad, del peligro a perder tu novia, que te enojes con tu amigo.

El bar es el bosque, no tanto la selva, que le queda a la ciudad..."

martes, 16 de marzo de 2010

¿Qué siesta, Gordo?


Lo vi. Estaba acostado. Tenía puesta la mueca irónica de siempre. Tímida, pero canchera. Con la suficiencia del que sabe lo que hace. Esa cara de no digo nada pero pienso todo que siempre compartía. Le dije que no me gastara.
- "Levantate Gordo, dale"
Se abrazaba el padre, los amigos. También un tipo que tenía visto de la tele, desvencijado por dentro y amable por fuera.
- "Nos vamos, Jorge... "
Me insinuó un "cuchá" con la vista, cansado, y tocó la música de todas las noches, la que sigue sonando.
Tranquilo, lo dejé. Como cuando entraba y preguntaba por los afiches de la parecita del Centro; cuando se prendió de testigo la madrugada del Indio que los labios descansaron recién de día, apoyado en la barra o con las manos juntas, hamacando los puños desde la entrepierna. Como el campechano de ropa oscura y ritmo tanguero que hasta se bancó alguna patada insolente de quien cuenta en el fútbol 5 de 44 y 3.
Seguro que nos está diciendo que no dejemos nada para mañana.
Nada.

Lo pensé al otro día. Pero está bien ahora, para acordarse siempre.

PD: También acá a finales de 2009.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Evita evitar lo evitable


El ocio es un producto que se consume
para participar
sólo el fin de semana
programado como el tiempo muerto
de 24 x 7
en la ciudad estática.
Y entre la claridad
de la oscuridad
que no es sino nocturna
me dijo
periodista sin amor poeta
es poesía despojada
de la "realidad"
Y regaló su ciudad
sin histeria caminante
sola
de calles mudas
eterna, nocturna
Sólo para vos
me dijo
y cerró

Imaginado alguna vez en junio de 2009.

lunes, 23 de febrero de 2009

Setenta veces Engels

Imagen: niniapastelillo.blogspot.com

Engels prologó a Marx cuando se reeditaron los borradores que éste escribió para sus conferencias más conocidas: la de 1847, que direccionó a "Contribución a la crítica de la economía política", y aquella otra que profundizó escribiendo después los tomos definitivos de "El Capital".
Lo resumí y leí varias veces. Varias. Todo suena muy igual. Es 1891, cuando Engels prefiguró lo que vendría.

"... Con el estado actual de la producción, la fuerza humana del trabajo no sólo produce en un día más valor del que ella misma encierra y cuesta, sino que, con cada nuevo descubrimiento científico, con cada nuevo invento técnico, crece este remanente de su producción diaria sobre su coste diario, reduciéndose, por tanto, aquella parte de la jornada de trabajo en que el obrero produce el equivalente de su jornal, y alargándose, por otro lado, la parte de la jornada de trabajo en que tiene que regalar su trabajo al capitalista, sin que éste le pague nada. Tal es el régimen económico sobre el que descansa toda la sociedad actual: la clase obrera es la que produce todos los valores, pues el valor no es más que un término para expresar el trabajo, el término con que en nuestra actual sociedad capitalista se designa la cantidad de trabajo socialmente necesario encerrado en una determinada mercancía. Pero estos valores producidos por los obreros, no les pertenecen a ellos. Pertenecen a los propietarios de las materias primas, de las máquinas y herramientas y de los recursos anticipados que permiten a estos propietarios comprar la fuerza de trabajo de la clase obrera. Por tanto, de toda la masa de productos creados por ella, la clase obrera sólo recobra para sí una parte. Y, como acabamos de ver, la otra parte, la que retiene para sí la clase capitalista, viéndose a lo sumo obligada a compartirla con la clase de los terratenientes, se acrecienta con cada nuevo invento y cada nuevo descubrimiento, mientras que la parte correspondiente a la clase obrera (calculándola por persona), sólo aumenta muy lentamente y en proporciones insignificantes, cuando no se estanca o incluso disminuye, como acontece en algunas circunstancias. Pero estos descubrimientos e invenciones, este rendimiento del trabajo humano que va creciendo día tras día en proporciones antes insospechadas, acaban por crear un conflicto, en el que forzosamente tiene que desaparecer la actual sociedad capitalista. De un lado, riquezas inmensas y una plétora de productos que rebasan la capacidad de consumo del comprador. Del otro, la gran masa de la sociedad proletarizada, convertida en una masa de obreros asalariados, e incapacitada, por ello, a adquirir aquella plétora de productos. La división de la sociedad en una reducida clase fabulosamente rica y una enorme clase de asalariados que no poseen nada, hace que esta sociedad se asfixie en su propia abundancia, mientras la gran mayoría de sus individuos están apenas garantizados, o no lo están en absoluto, contra la más extrema penuria. Con cada día que pasa este estado de cosas va haciéndose más absurdo y más innecesario..."

Algo del prólogo a Trabajo asalariado y capital, publicado en Berlín sobre el final del siglo XIX.

sábado, 7 de febrero de 2009

Toda tu generación trabaja


I.
Inflación
El Tabarís una por veinte
Para qué cruzar Los Andes
preguntaste
"Con la comarca alcanza"
Y seguiste creyendo
en aquellas conspiraciones
siluetas de diagonal 80

Pero con tanta fama
si tanto escribís
¿por qué no estás
estas noches de barro?


II.
Cielo, lejos
tanto como el que veo
ciego
detrás la insinuación
transpira invierno
no puede elegir
y amenaza verano

Y ahí estás
sentado en umbrales
dolido, húmedo
esperando que suspire
que viniste a sobrevivir
acurrucado, mimando
la nada, solo
la noche,
extrañando el diálogo
ajeno a vos
cercano a él
del aire que se apaga
¿Quién carga el dolor
de apagar tu sueño?

Y la música
siempre la misma
sentís distinta


III.
Mirás en lo profundo
profano, apocalíptico
oriundo
de los pies, lo que resta
quiere salir, disgrega
Qué hay de sed en tu cara
seca al sol
Rostro de Oro
tamiza la pureza
la oscuridad levita evitar
y despierta el mundo


Otra vez la barra del CCC como testigo, hace unos meses, finales del año pasado.