lunes, 14 de diciembre de 2015

Wikipedia

Se había ganado la copa, esa lata por maltrato externo que se subía a la sede de los campeones de calle 53 por cuarta vez en la historia. Nos convocaban a un asado del mítico "Antifierr*" en City Bell. Habían hablado, se decía, de una sorpresa para todos. Uno imaginaba: "Naaa, nada que ver... viene el Chapu, el Chavo, alguno, a firmar autógrafos; algo así..."
Iniciada la tarde, con los bebestibles aún sin consumar y la comida en trance, se acerca una camioneta a la quinta de la misa. Tocan timbren. Bajan dos personas. Llevaban un decorado en la mano; en ambas, por lo pesada que era. Tenía la forma y el volumen de la que días antes habían levantado Verón y compañía en el Mineirao. Era esa: no había dudas.
Sin embargo, mirá, y todavía lo pienso, no me conmovió tanto levantar la copa, fotografiarla o tenerla al alcance de la mano en un simple asado de hinchas del "Antifierr*". Un privilegio de pocos, para ese acotado ámbito de fugaces cofradías. Todavía me mueve ese diálogo ingenuo para ambos, antes de las fotos y de acomodarse para dejar el retrato eterno, cuando la expectativa iba en aumento y el muñeco decorativo de la Copa no precisaba de La Gotita entre la base y la pelotita de arriba.
- ¿Vos no serás el Patricio Lorente de Wikipedia, no?: el que me da una mano con la edición del artículo de Estudiantes...
Le dije.
- ¿Y vos no serás el que lo edita y actualiza: CazadorOculto?
Me dijo.
Nos separaban dos "nicks" de editores anónimos que se hicieron visibles aquel día del asado y la Copa. Estábamos en el mismo lugar, sin saberlo, conociéndonos.
Aún, hoy, seis años después.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Tres deseos


- ¿Dónde vivís?, le preguntó él.
- Bueno, en varias partes. Comparto un departamento con una amiga. Y otra me presta su casa cuando no está, porque viaja bastante. Y a veces voy a la casa de mis viejos.
A Carla le gustaba decir las verdades a medias.
- Todo bien, dijo Ricardo. Podés parar si querés. ¿Te puedo hacer otra pregunta?
Estaban sentados más o menos cerca. Carla pensó que iba a venir el previsible avance sexual y respiró hondo, aunque con disimulo.
- Sí, claro.
- ¿Vos me levantaste?

 

viernes, 6 de noviembre de 2015

Grietas


La Nación destaca en el margen superior de su página web el video del desaforado economista de la alianza que reeditó la superioridad porteño/iluminada sobre la barbarie populista del "interior" (sic).
Es un medio, un diario, un grupo económico: tienen intereses y jugaron, juegan y jugarán, para la oposición de cualquier tipo de Gobierno que represente algún cambio para el campo popular; conservadores de sepa, liberales por adopción o conveniencia, lo que es para descatar es que nunca dejan de hacer "periodismo" (con sus matices, pero entendiendo ésto como la posibilidad de mostrar las eventuales dos miradas de un hecho), eso que olvidó Clarín hace lustros, como caso extremo, o cualquier otro diario/medio con sus mismos intereses.
Contextualizan, hacen periodismo, aún el abismo de las grietas ideológicas.

 

domingo, 1 de noviembre de 2015

La biblia del Museo


Un libro con recortes periodísticos de principios del siglo XX hecho a mano por el “otro” Hirschi, Oscar, el hermano del legendario Jorge Luis, y otros hallazgos, componen el mundo vivo del Museo Estudiantes.

“Cuando empezamos fuimos al archivo del segundo piso, donde están almacenadas las matrículas de socios con libros contables, y entre esas cajas encontramos los dos tomos encuadernados. No lo podíamos creer”.
Le pusieron “La biblia de Hirschi”. El que lo cuenta, entre incunables y entradas varias sobre la mesa de Presidencia donde hoy funciona el Museo hasta su traslado definitivo al nuevo estadio de 1, y no sin el mismo asombro que le produjo al toparse con los libros, es “Yeye” Isard, fotógrafo, coleccionista de todo objeto referido a la historia del club y uno de los integrantes de la Subcomisión de Museo.
El grupo nació a fines de 2013 y tuvo su bautismo con la muestra homenaje a los campeones del amateurismo, a cien años de aquel logro. Pero la idea de formalizar en la institución a un conjunto de socios, historiadores e hinchas que comenzaran a curar y preservar el patrimonio sociocultural, llevaba más de un lustro; la “difusión y protección de la herencia cultural. Y la investigación y enriquecimiento de la colección de la institución”, como sintetiza la presentación del Museo en la página oficial.
Zuleik Campañaro y Miguel Ignomirielo se constituyeron enseguida en presidentes honorarios de la Subcomisión, que este año sumó nuevos integrantes y aceptó el desafío de curar, compaginar y redactar, el primer libro oficial de la historia de Estudiantes, el que fue presentado el mes pasado en la Sede cuando se terminó de celebrar el 110° aniversario de la fecha fundacional.
“Fue una propuesta que le hizo llegar el diseñador gráfico y profesor de la UNLP, director de Troupe Comunicación, Flavio Mammini, a la Comisión Directiva. Ésta aceptó el desafío enseguida y el Museo se encargó de compilar los contenidos gráficos y audiovisuales para su posterior publicación”.
Guido Martinaschi es junto a Isard, Carlos Espíndola y Ricardo Vecchiati, uno de los socios fundadores de la Subcomisión y, quizás, quien resguarde actualmente el mayor “tesoro” fotográfico y fílmico del Club, hoy parte integrante del material de archivo del Museo que vistió cada una de las páginas del extenso libro editado sobre la vida institucional y deportiva de Estudiantes.
Oscar Hirschi fue delantero del campeón del ascenso de 1911, dupla de hermanos con Jorge Luis en los primeros años del amateurismo en Primera. Debutó en Segunda contra Boca, jugó hasta 1922 -toda una década con los bastones rojos y blancos que homenajean al Alumni del English School- y combinó el fútbol con la pasión del coleccionista por el club que amaba, Estudiantes, la que hoy tiene un valor incalculable para el trabajo patrimonial del Museo y, por propiedad transitiva, para la historia del Club.
“La biblia de Hirschi” contiene síntesis de partidos oficiales y amistosos y las fotos -escasas para esa época de la prensa, efímeras, pero inversamente valiosas cada una- publicadas en cada uno de los diarios de esos años. Los recortes permitieron dilucidar y pasar al papel en el libro oficial, por caso, la vieja discusión de historiadores y estadígrafos sobre la supuesta victoria de Estudiantes sobre River de Montevideo en la Copa Aldao 1914, un similar a la actual Supercopa Argentina pero entre los campeones de Primera División de las ligas de Uruguay y nuestro país. Oscar Hirschi separó y pegó los resúmenes de cada uno de los amistosos de 1913 que ambos equipos jugaron. Fueron tres en total: uno de ellos, la goleada 4-1 del 6 de abril de ese año, pasó a la historia como la final oficial programada para mayo de 1914 que nunca se jugó y debió ser suspendida por una fuerte sudestada que afectó a la capital uruguaya. La supuesta disputa de aquel partido fue replicada en la década del ‘40, erróneamente, por Miguel Bionda, en el libro “Historia del Fútbol Platense”; y por distintas colecciones periodísticas de diarios locales y nacionales sobre la historia del Club. Pero nunca se jugó. El plantel pincha llegó a viajar en el Vapor de la Carrera para el juego del partido de ida con una amplia delegación, encabezada, entre otros, por Alfredo Lartigue, pero regresó al país sin poder concretar la tan esperada final; la misma que nunca se reprogramó… La copa que no fue.
Otro de los “hallazgos” es la réplica de la Copa Interamericana ganada contra el Toluca mexicano meses después de la final en Manchester. La copa estaba archivada adentro de una más grande, en una de las piezas donde se almacenaban los trofeos de menor importancia. Es la copa que levantan Bilardo, Manera y Malbernat, en primer plano, en la canónica foto del equipo campeón en el Centenario de Montevideo con la camiseta a rayas y pantalones blancos. Y tiene, como marca distintiva, dos perfiles “aztecas” grabados en la parte superior. Hoy se puede disfrutar en las vitrinas de la sala de la vieja Presidencia donde momentáneamente se estableció el Museo.
En sintonía con el trabajo para la edición del libro, los integrantes del Museo comenzaron a recibir donaciones de socios e hinchas (entradas de partidos, revistas, diarios, indumentaria de jugadores u objetos comercializados con la marca de Estudiantes) y de varios ex jugadores, técnicos y dirigentes. Rubén Pagnanini obsequió este año la pelota que se utilizó en el partido definitorio de la Libertadores 1970 que le permitió al Pincha levantar la tercera copa consecutiva, contra Peñarol en el Centenario; el actual presidente, Juan Sebastián Verón, donó la indumentaria completa (camiseta y pantalón blanco, cinta de capitán, medias y botines) que usó la noche del retiro, con Tigre en Victoria, el año pasado; o los sacos con el banderín bordado en el bolsillo izquierdo que usó el plantel de Zubeldía que viajó a Inglaterra y se consagró campeón del mundo en 1968.
El último “tesoro” se concretó después de meses y extensos llamados; uno de los más buscados desde que nació la idea de patentar el Museo para exhibir las joyas de la historia albirroja: la última camiseta de piqué con el “8” en la espalda usada en juego por el Narigón Bilardo, la que usó el día del retiro contra Vélez en cancha de Atlanta, en diciembre de 1970. Se mantuvo guardada 45 años en la casa de Alberto Poletti, arquero y compañero de equipo del multicampeón de Zubeldía, que se quedó con el trofeo entregado en manos de Bilardo aquella tarde final de Villa Crespo. Hoy está en su lugar, para que la disfruten ésta y las futuras generaciones de pinchas.

* Publicado en el número de octubre de Revista Animals!.
 

viernes, 16 de octubre de 2015

20 pulgadas


El "yeite" era, en esos domingos de 1987 y 1988: se cargaba el cassetito de la Commodore 64, se esperaba en la vereda de 11 (que era tan ancha como ahora y dejaba armar un arco con remeras y el árbol como referencia, sin joder al resto) jugando al "25" con la pelota de gajos rojos de Carlitos... Y, mientras, uno por vez "relojeaba" el contador interminable de la cassetera que siempre pedía repechaje, la muy distante, para darle play antes de que la madre de alguna dijera que la tarde ya era historia, que oscurecía y todas esas "huevadas" que sólo servían para mandarte a hacer los deberes para el lunes.
 

jueves, 15 de octubre de 2015

La "idea"


Cambiar, sí; en fútbol, siempre. Pero no "más allá de la idea". Es "la idea" (sic) lo que tiene que modificarse; "la idea" de un método unívoco para un juego que es dinámica y cambio constante, que dependerá siempre de la oposición y estrategia del rival.
Difícil jactar responsabilidades por igual en el funcionamiento de la Selección si es "la idea" lo que no cambia: hay responsables adentro (jugadores) en mucha menor medida que afuera; un técnico responsable de hacer jugar de la mejor manera posible (ser efectivo y aplicar el plan necesario que el partido pide para convertir un gol más que el rival) a un grupo de futbolistas "seleccionados": lo mejor entre los mejores.
Si "la idea" es algo estático, acabado, carente de alguna novedad que sorprenda al oponente de turno en un juego que es dialéctica pura, no hay excusas.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Setenta veces siete


Siete décadas se cumplen de la última vez que Estudiantes quedó en desventaja en el historial del clásico en el profesionalismo. Lo emparejó en 12 plenos por bando en agosto del ’45, con goleada en el Bosque, y nunca más fue superado.

Situación y contexto I: terminaba la primera rueda del campeonato oficial de 1939, de irregular presente para ambos equipos, Gimnasia se quedaba con el clásico en 57 y 1 y alcanzaba la que sería la máxima ventaja de siempre sobre Estudiantes: le sacaba 7 de diferencia, con 11 triunfos y 4 derrotas. Desde el ‘31, con su primer pleno en cancha tras quince años y aquel partido inaugural del gol en contra de Pastor en el ’16, el Lobo había empezado a revertir una paternidad adversa por donde se la mire, estirando en esa década su mejor serie en clásicos, estando al frente durante doce años.
Situación y contexto II: la revancha en aquel torneo de recambios y transición para Estudiantes, entre el recuerdo de Los Profesores y los equipazos de los ’40, marcó el principio del fin: el 3-1 del Pincha en el Bosque (dos de Laferrara, uno de Cirico y un penal atajado de Ogando a Montañez) abrió una racha que sólo se replicaría en la Era Verón (del 7-0 de 2006 al 3-1 del Apertura 2008), con cinco victorias al hilo entre 1939 y 1941. Y hubo más: los de Infante, Pelegrina y compañía salieron derrotados del clásico sólo una vez entre el ’39 y el ’48, años en los que Estudiantes revirtió para siempre el historial, sellando diez triunfos en apenas una década; con un imaginario puente a la actualidad: entre el 1-0 con grito de Calderón en la despedida de 57 y 1 en 2005, hasta el reciente 3-1 como visitante, el Pincha suma 12 triunfos (uno por Sudamericana 2014) y una derrota también en una década. Cualquier similitud no es simple coincidencia: historia, de ayer y hoy.
Situación y contexto III: mientras Estudiantes daba el primer campanazo de la década del ’40 después de aquella era dorada de Los Profesores de podios varios pero sin corona, con un tercer puesto en el torneo del ’44 y la conquista de la Copa Escobar, Gimnasia llegaba de la B con el objetivo, único, de mantenerse en Primera en aquel ’45. Las diferencias mostraron credenciales de sobra en la cancha, en una temporada prodigiosa en historia para Estudiantes. Gagliardo, Negri, Infante, Arbios y Pelegrina, marcaron el pulso de una etapa a la que sólo la faltó la estrella para coronarla, en épocas donde los partidos se definían contra rivales que jugaban con once y siempre alguno más de negro…
Los clásicos del ’45 pusieron primera con los choques eliminatorios de abril y mayo por la Copa Competencia (3-3 en cancha de Racing y 2-1 a favor el desempate en el Bosque), serie que le permitiría a Estudiantes clasificarse a esa Copa República luego ganada a Boca en el primer y legendario desempate contra el Xeneixe. El 12 de agosto se jugó el primer clásico por el campeonato regular, en el epílogo de la primera rueda. Ese 4-2 ganado con suficiencia en el Bosque, emparejó el historial del profesionalismo en 12 triunfos por equipo. Sólo cuatro meses después, en la revancha de la segunda rueda que le ponía la tapa al torneo, Estudiantes sostendría en relieve la realidad de unos y otros: le ganó otra vez, 3-1, en cancha de Lanús, pasó al frente en el historial y coronó un año inolvidable mandando al descenso a Gimnasia… y con el hándicap de localía “neutral” por tener la cancha suspendida. Único.
Situación y contexto IV: la paternidad que en este agosto torea 70 velas, tuvo picos de igualdad en diferentes pasajes. En la década del ’50, Gimnasia empardó el choque en tres temporadas, pero perdió siempre el definitorio y siguiente partido: 1955, 1957 y 1958. Tras la efímera “primavera”, Estudiantes estiraría el historial hasta alcanzar la máxima de 7 partidos de diferencia en el ’85 (38 a 31), con el gol de Ponce en el clásico 100 del profesionalismo. El Lobo volvió a emparejar el duelo entre fines de los ’80 y la olvidable década del ’90, en la peor serie sin victorias del Pincha contra su rival de siempre, y tuvo otras tres chances de pasar al frente… Pero replicó aquel cuento de los ’50. Las tres fueron celebraciones del León para, así, poder mantener el orden histórico: en 2001 (2-1 con goles de Farías y Galetti), 2003 (1-0, con Bilardo en el banco y firulete de Sosita) y 2005, en la despedida de 57 y 1, de la que este mes se cumplen exactamente diez años, cuando empezó la inimaginable racha a favor que mantiene latentes aquellos goles de Oroz y Pelegrina del ’45, esa tarde que aún resuena hoy, en 2015, en el umbral del centenario del clásico, con 55 triunfos, 45 caídas y los diez de distancia actuales entre Pinchas y Triperos.

* Publicado en el número de agosto de Revista Animals!.
 

martes, 25 de agosto de 2015

Barbarie

Musotto era una de las tantas figuritas difíciles que venían a La Plata; una más de las tantas que pasan entre viernes y sábados por acá. Lo que nos inquietaba era que venía a tocar ahí nomás, a la vuelta del CCC, a presentar un disco que encima gastaba todas las listas rotativas del Zara de la radio: "Civilización & Barbarie". Lo teniamos ahí, a 200 metros. Y éramos varios con entrada para esa noche del Teatro.
Una troupe de rebebedores de la barra del centro se dispuso, entonces, apenas pasadas las 12, a seguir las reglas del plan diagramado durante toda la semana, como ese pescador que encuentra la vuelta exacta de la lombriz para que su víctima no pueda resistirse: debían juntarse con los que ya estaban adentro, encarar a Musotto en la puerta y tratar de confirmar lo que al principio era un rumor: que terminaba el recital y el "brasuca" (ese argentino que era el mejor de los parches en la tierra de los Messi de la percusión) se caía al patio del CCC. Sí, ahí mismo, engalanado por las siempre vigentes empanadas todoterreno de Losada. La radio tenía apenas un par de años y la foto con él en la barra de manto negro garpaba el resto.
"Sí, claro", debe haber dicho; algo así (detalles que no hacen al resto). Lo concreto es que fue y no hubo que ni insistir, como si los planes de ambos (la troupe del CCC y el músico) estuvieran pactados de antemano. Le hizo una seña a los productores -una seña que amagaba que esa noche iba a haber algo más que cuelgue- y nunca caminamos tan rápido las tres cuadras que iban del Teatro a 42 entre 6 y 7.
Nunca hubo foto, eso sí; y si hubo, estará en alguna de las poquitas cámaras digitales que asomaban el cuero en ese 2007; o en algún cajón de revelados de los que Nori y Seba manejaban en Kinecolor. Ni idea. Pero mejor sin fotos, creo ahora, ocho años después. Musotto morfó, no renegó de las Palermo, que iban y venían de la cocina del Ratón al patio con velas, y se llevó algo más que un saludo: hay alguien de RES que todavía esconde un beso del tipo como esa foto que nunca revelamos.

viernes, 14 de agosto de 2015

Vos, siempre tuyo


Me hubiese gustado que las cosas fuesen de otro modo.
Pero nunca dudé en esperar el día en que cada mail que usted me mandara, ocupara el inocuo lugar "no deseado" del correo.
Así debían ser las cosas; así fueron. Nada peor que finguir, o seguir esperando, desear algo que no se desea.
Le diré que el dolor mayor no es haberme enterado, tantos años después, para mi, los gestos de aquel mail que la cuenta indicaba que no deseaba recibir, sino haberlo leído en esa breve colección de poemas que su amistad con algunos hombres le "honraron" publicar.
Y no es resentimiento. Nada explica mejor mi impostura hacia usted que el deseo de no seguir leyéndolo en cualquiera de sus formas: en la hibridez de sus impresiones o en las voces del día a día.
Quizás opté por sincerarme y el proceso decantó en hacerse público en Twitter, ahora que lo privado (lo de usted, lo mío) es más público que ficción al fin; lo que le sacó misterio a lo que sospechaba: nunca hubo esas "otras"; tan sólo en su cobardía, para intentar explicar ese viaje del que nunca iba a tener noticias antes de suceder; el que lo alejaría de mi y me acercaría a mis "otros" verdaderos, a los que nunca dejé de recurrir para apagar tanto fuego.
No te cuides. Nunca hizo falta.
Vos, siempre tuyo.

Sophie.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Romper los dientes del engranaje



El primer muerto en una cancha durante el último Golpe Militar ocurrió en 57 y 1. Se llamaba Gregorio Noya y era hincha de Huracán. Fue herido en la espalda tras una represión en la calle y en las tribunas.

“Vayamos a la platea, mejor, cerca de los locales”.
Algo intuía Noya; jamás ese final. Se lo sugirió al hijo entre el típico almuerzo apurado de un domingo de otoño con fútbol y el viaje a La Plata.
El razonamiento conservaba algo de lógica paterna ineludible: había escuchado que ese 16 de mayo de 1976, los pinchas buscarían emboscar a los quemeros para quedarse con algún “trofeo”. Lo repitió, incluso, ya sentado en el tren que los dejaría en La Plata: que la barra del Globo estaba al tanto de todo y que era preferible evitar “quilombos”.
Pero los cruces no serían entre las hinchadas, ni siquiera como insinuación.
“Mejor, así. Entramos por otra puerta, sin la barra, y después salimos enseguida”, se convenció.
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Los pocos relatos que existen son coincidentes: la Juventud Peronista tenía más que buena simpatía con un sector de la hinchada de Huracán. Por eso planearon el viaje juntos y llegaron a La Plata en varios camiones. Se estaban por cumplir dos meses del Golpe de Estado y Montoneros, ya declarada “ilegal”, mantenía su clandestinidad desde septiembre de 1974.
En la previa del Ducó, la barra había acordado cómo sería el ingreso a la cancha y quiénes lo harían, esa vez, cuidando cada detalle de los bolsos con las banderas largas.
“Las blancas van acá, ¿ven?”, prepoteó uno. “Todas confundidas entre las rojas más finas”. Los tirantes de color se desplegarían antes de empezado el partido, sobre los paravalanchas.
Los que lo sabían conocían el dato desde mucho antes: los de la JP custodiarían y estarían a cargo esa tarde de todos los bolsos pesados. El eventual enfrentamiento entre las barras de ambos equipos sonó a coartada. 
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Con la breve excepción de la edición del lunes 17 de La Prensa, los medios gráficos publicaron, sin filtros, el parte que el gobierno militar difundió sobre “los episodios sucedidos en La Plata”; un comunicado escueto, con responsabilidades ajenas y previsibles para cerrar el caso: Gregorio Noya, argentino, de 38 años, domiciliado en avenida Riestra al 5900 de la Capital, había sido alcanzado por una bala disparada por “delincuentes subversivos mediante la utilización de armas de fuego de forma indiscriminada”, que habían respondido al accionar del ejército y la policía cuando éstos intervinieron para impedir “que un grupo de sujetos que se hallaba en el exterior del campo de juego elevara, mediante la utilización de globos, una inscripción similar a la secuestrada.
“Montoneros”, en letras negras sobre fondo blanco, se leía en la primera bandera, la que se alcanzó a ver antes del entretiempo del partido, minutos después de las cuatro y cuarto de la tarde de ese 16 de mayo, desplegada desde la parte superior de la torre de iluminación hacia el alambrado, sobre el sector lateral que une la popular con la platea. 
La crónica de La Prensa puso dudas sobre el origen de los incidentes –aunque refería “presuntamente a la acción de un grupo de personas subversivas” (sic)- y narró los episodios a partir del relato de testigos; y bajo el previsible amparo del potencial: “Los incidentes comenzaron cuando efectivos policiales se dirigieron a una de las torres de iluminación ubicada sobre la tribuna que da espaldas a la calle 1, de la que pendía una improvisada gran bandera del tamaño de una sábana en la que en gruesos caracteres se podía leer el nombre de una organización terrorista. Dicha bandera, que se hallaba en el lugar desde las 14.30, fue descolgada mientras se jugaba el partido por un policía de civil al que secundaban otros uniformados (…) A las 16.20, cuando los futbolistas se hallaban en el descanso, se escucharon una serie de detonaciones de armas de fuego que provenían de la calle 1 (…) En ese momento, se observó el ascenso de un atado de globos inflados con gas, con los colores celeste y blanco, que tenía como misión elevar por sobre el estadio una bandera de un grupo subversivo, la que habría quedado enganchada en los árboles de la calle. Allí intervinieron efectivos policiales que se enfrentaron con un grupo de personas que pretendía desengancharla”.
La tapa de El Día muestra el que, quizás, sea el único documento fotográfico que existe sobre los hechos. Se lo observa a Noya recostado sobre una camilla que fue alcanzada desde el sector de los bancos de suplentes. Ante los gritos y las señas de los plateístas que lo acompañaban en el parte superior, minutos después de haber recibido el tiro, los auxiliares subieron por el alambrado la única camilla disponible del estadio, la que usaban los médicos para los futbolistas lesionados.
“Incidentes” o “confuso episodio”, el uso tácito para deslindar eventuales responsabilidades oficiales, los medios en general (Clarín sólo publicó un recuadro sobre un “herido de bala” y nunca confirmó el crimen) cerraron el caso, el martes 18, con el cable emitido por la Policía Bonaerense al mando de Camps. A Noya lo habían asesinado “delincuentes subversivos” que comenzaron a tirotear a la policía en el exterior de la cancha mientras intentaban infiltrar una bandera con “el nombre de una agrupación terrorista” (sic).
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No sería la primera vez en que se aprovecharía un evento deportivo para denunciar a la dictadura; tres años tardó “el gran golpe” de Suiza, en un partido amistoso que la Selección disputó contra Holanda. “La revancha”, lo vendieron, para ser transmitido “en vivo y en directo para todo el país” en ese mismo ’79 de la “Contraofensiva”.
Televisado por ATC, colgados estratégicamente en las tribunas del estadio de Berna, se pudieron leer dos amplios carteles ideados por los exiliados políticos, también con letras negras en imprenta: “Videla Asesino”, armado letra por letra para evitar los controles censores del estadio, y “Los militares son miseria y represión”. Los mensajes se vieron durante buena parte del partido pese a los esfuerzos de los técnicos de control del canal estatal, que apenas pudieron tapar la denuncia con un sobreimpreso oscuro publicitando un show de Les Luthiers. Se lo puede chequear, hoy, a mano en YouTube. El objetivo se había cumplido. 
La bandera blanca con las diez letras en negro que reproducía el nombre de la Orga era similar a aquellas. Pero, en La Plata, debía ser camuflada para esquivar el cacheo previo.
“Se cuelga cerca de la ochava. Va atrás de la de ‘Globo Campeón’”.
El Hugo de la JP dio instrucciones y la ubicaron tapada con la otra más grande que se sostenía entre la torre de iluminación y el alambrado lateral, en el mismo sector de la antigua entrada de 57.
Pasadas las cuatro y cuarto de la tarde de ese 16 de mayo de 1976, desplegada desde la parte superior de la torre, un grupo de personas izó la bandera con la inscripción quemera. Segundos después surgió la insignia escondida: “Montoneros”.
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Noya le acercó la mano al hijo apenas recibido el balazo. Los dos estaban de espaldas, en las filas superiores de la platea de 1, junto al resto de los plateístas que ya habían empezado a refugiarse al notar el despliegue de la policía. No había arrancado aún el segundo tiempo.
Sí la cacería: policías de civil y algunos uniformados se movilizaron sobre el pasillo de ingreso de la visitante, arrancaron la bandera y detuvieron a dos personas, presuntamente las encargadas del izamiento, entre corridas e intercambio de disparos.
Todavía faltaba la segunda parte de la operación, sobre 57 y 1: hacer ingresar una bandera similar, desde la calle y por sobre la cancha, amarrada con globos.
Los forcejeos y disparos se trasladaron de los tablones del sector de Huracán a la esquina. La policía hizo un rápido cerrojo y disparó sobre los sospechosos de colaborar con la remontada de la segunda bandera.
Algunos de los militantes se escondieron sobre la copa de los árboles, procurando que la operación se completara desenganchando los globos. Pero fueron vistos. Les dispararon desde la vereda de avenida 1 hacia arriba. La altura de los árboles coincidía con la ubicación de las últimas filas de la platea.
“Me dieron en la espalda”, alcanzó a decir Noya.
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“Estudiantes de La Plata-Huracán, balazo calibre 9 policial ingresado por la espalda y disparado por personal que venía a reprimir un acto de suelta de globos organizado por los Montoneros: Impune”.
Gregorio Noya emerge como el fallecido número 98 en el listado de “Salvemos al Fútbol” sobre las más de 300 muertes por la “violencia en el fútbol argentino”, desde la primera reconocida, de 1922. Es uno de los miles de asesinatos impunes que quedaron del accionar represivo de la última dictadura; la primera en un estadio de fútbol. 
La denuncia de la ONG tiene un hilo conductor ineludible en la investigación del periodista Amílcar Romero: a mediados de la década del ’80 publicó el revelador “Muerte en la cancha”, donde describe, entre otros, el reportaje que le realizó, años después del asesinato, al hijo de Noya para la indagación de fuentes y la posterior publicación.
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Las crónicas del partido marcaron la figura del juvenil arquero visitante, Eduardo Jurkevicious, mérito directo para que el Pincha de Bilardo no pudiera quitarle el invicto al Huracán puntero en el durísimo cruce de candidatos.  Lo revela la -inédita para la época- cantidad de expulsados que tuvieron los 90 minutos: tres por Estudiantes, dos por el Globo.
Con el 0-0 como chapa definitiva, se anunció por los altoparlantes que la policía cerraría los accesos de las dos tribunas populares para evitar la desconcentración del público: serían palpados de armas y se revisarían sus documentos de identidad; uno por uno.
Los “sospechosos”, a arbitrariedad militar, y aquellos sin DNI, fueron demorados y trasladados a dependencias policiales de la zona. Mientras tanto, las radios que cubrían el partido instaban a los familiares de los hinchas, retenidos en el interior del estadio, a concurrir a la puerta con las identificaciones de sus parientes para que fueran autorizados a retirarse. Así de grotesco e inimaginable.
Ya de noche, pasadas las 20 y abiertas las puertas para que los hinchas desconcentraran en fila de a dos, Noya comenzaba a ser intervenido en un hospital cercano. Agonizaría y moriría después del mediodía del lunes 17 de mayo de aquel 1976.
Con culpables, sin condena.

* Publicado en el número de mayo de Revista Animals!.