sábado, 14 de febrero de 2026

100 años de clásicos platenses en el Bosque


El Gimnasia-Estudiantes veraniego de este Apertura será el clásico 103 a jugarse en avenida Iraola y 118, entre cotejos por campeonatos de AFA, copas nacionales, internacionales y amistosos. Del primero de todos, el 3 de mayo de 1925 por la 5° fecha del torneo de la disidente Asociación Amateurs, hasta la histórica semifinal con sello pincha del 8 de diciembre por el Clausura 2025

“El match tradicional para el football platense va a realizarse esta tarde en el estadio que el Club de Gimnasia y Esgrima posee en el predio del Bosque. Nuevamente se encontrarán, pues, en la palestra, los dos equipos que encarnan en nuestra ciudad el mayor poderío y el mayor prestigio, dividiendo las simpatías de los entusiastas por el popular deporte”.
Así anunciaba el diario centenario de la ciudad el tradicional duelo platense a jugarse el domingo 3 de mayo de 1925, en cabeza de página y a cuatro columnas con las novedosas piezas fotográficas de los jugadores titulares de un lado y otro. “Reina acerca del encuentro un interés extraordinario”, convocaba el matutino al recientemente inaugurado estadio del Bosque (el debut había sido en abril de 1924), al que también se identificaba, en esos tiempos fundacionales del fútbol local, como la cancha del Observatorio por su obvia cercanía con el edificio de la UNLP.
Intenso fue el tradicional pleito local, aquel de 1925 que terminó igualado. Luchado por la lluvia del sábado previo que había anegado gran parte del field de Gimnasia y que hizo que el partido se jugara, por momentos, bajo un lodazal que alteró cualquier alternativa de pelota al piso y buen pie. Y por la tangana entre varios de los players después de un encontronazo entre Juan Crocce, defensor albirrojo, y Roberto Felices, que derivó de inmediato en una arremetida del delantero Juan Irurieta contra el half tripero. Fue trompada y a la cara. Varios hinchas saltaron al campo de juego para aportar a la batalla y el clásico a punto estuvo de suspenderse. Pero siguió y los goles recién llegaron en el ST. Convirtieron Roberto Bacci, para el local, y Manuel “el Nolo” Ferreira, en la visita. Fue 1-1.
Aunque ese de 1925 por el torneo de la disidente Asociación Amateurs debió no ser el primero. Hubo uno anterior a disputarse por la 2° fecha de la Copa Competencia 1924 (un concurso similar a la Copa de la Liga actual que jugaban los clubes de Primera pero divididos en zonas de seis equipos) pautado originalmente para el 29 de mayo de 1924. Pero el partido tuvo diversas postergaciones durante el año y el Lobo fue declarado ganador, porque Estudiantes, ya sin chances de clasificar a semifinales, había licenciado a su plantel: el match jamás se jugó. Nada novedoso: una práctica usual de época cuando las competiciones oficiales se extendían hasta ya bien entrado el mes de diciembre o, incluso, enero.

El clásico 103 a jugarse en el Bosque
Tomando como inicio el clásico de 1924 definido en los escritorios por la Copa de Competencia, Gimnasia acumula 102 partidos recibiendo a Estudiantes en su histórico reducto de avenida Iraola y 118. En 100 de ellos actuó de local (hubo dos que se completaron por diversas incidencias en Quilmes: el de 1959 y el de 1969) y en dos clásicos, curiosamente, los partidos se programaron en condición neutral: fueron los disputados por el desempate de la primera fase de la Copa de Competencia 1945 (lo ganó Estudiantes 2-1 en el Bosque y pasó de ronda) y el empate 1-1 por el interzonal de la 6° fecha del Torneo Nacional 1973.
Entre partidos oficiales de campeonatos y copas jugados durante el amateurismo y el profesionalismo, el Lobo en el Bosque acumula 30 plenos contra Estudiantes, con 34 empates y 22 victorias del Pincha, sobre un total de 86 partidos jugados. A ellos se le suman los 16 encuentros amistosos en los que Gimnasia y Estudiantes hicieron duelo en el Estadio Juan Carmelo Zerillo. Allí, se da una llamativa superioridad de los albirrojos, que suman 8 triunfos, contra 4 de los albiazules y otros 4 empates, totalizando los 102 partidos en los que triperos y pinchas se enfrentaron en la cancha del Bosque entre 1925 y 2025.

Duelos para el recuerdo
En orden cronológico, desde los tiempos del fútbol amateur, Estudiantes sacó ventaja en los primeros clásicos jugados en terruño tripero. El primero en cancha fue empate (el arriba reseñado de 1925), pero después el Pincha se impuso consecutivamente en los duelos por los campeonatos de 1926 y 1927 (victorias por 3-1 y 3-0, respectivamente).
Pasarían cuatro años para que el clásico volviera a tener como escenario la cancha albiazul, hasta el inicio del profesionalismo por la 4° fecha del campeonato de la Liga Argentina de Football. Esa tarde fue empate 1-1. En 1932, Estudiantes volvería a sacar pecho en el Bosque con otra victoria (3-2) y recién en 1933, en la recordada campaña del equipo de “El Expreso”, el Lobo rompería la racha y derrotaría por primera vez a su rival de siempre ganándole 1-0 con un gol del juvenil Emilio Del Prette. ¿La particularidad de aquella invernal jornada del 16 de julio de 1933? Gimnasia presentó un once con mayoría de jugadores de división intermedia por una protesta del plantel superior, que reclamaba un premio por terminar puntero la primera rueda del campeonato. Aún con el team de Reserva, el Lobo se impuso por 1-0.
Por el lado albirrojo, ninguno como reaseguro en la memoria popular intangible del hincha como el 6-1 del 7 de julio de 1968, en lo que es, hasta ahora, la máxima goleada de Estudiantes contra Gimnasia en el Bosque. Un clásico aquel, recuerdan las misivas, sin equivalencias entre el equipo de Zubeldía que llegó al Bosque como campeón de América y obtuvo la resonante victoria con dos goles de Echecopar, otros dos del “Bocha” Flores, uno de Conigliaro y el restante de Segovia en contra.
Hubo duelos inolvidables en distintas épocas cuando los amistosos eran más regla que excepción, sobre todo en las noches de la década de 1970 con los tradicionales cruces de las Copas Rucci y Diario El Día. La revancha de la Rucci 1970 se jugó con clima espeso. En la ida, un encontronazo entre el “Narigón” Bilardo y el “Loco” Gatti había terminado con fractura en la nariz del arquero tripero, lo que encima le imposibilitó estar en la revancha del Bosque. Lo reemplazó el juvenil Juan Hutchinson, víctima de un inesperado gol desde la mitad de la cancha, de cabeza, del defensor nicoleño Rubén Pagnanini, quien tras la conquista no tuvo reparos en ir a consolar al golero junto a la “Bruja” Verón. Gestos de confraternidad y de otras épocas. El Pincha ganó esa noche 3-1.
El último amistoso en la cancha de Gimnasia se jugó hace exactamente 25 años. Un 4 de febrero de 2001 por la Copa Municipalidad de La Plata. Fue triunfo tripero con goles del uruguayo Sanguinetti y Favio Fernández. Ese día estuvo Fernando Zaniratto, el hoy DT del Lobo, que entró a los 34 minutos del segundo tiempo por el “Caio” Enría.
Más acá en el tiempo, en el Torneo Clausura 2005 se jugaría el último partido en el Bosque con las dos parcialidades en cancha. Triperos y pinchas en las gradas una misma tarde. Clásico inolvidable para el Lobo que dirigía Pedro Troglio. La última goleada de Gimnasia sobre Estudiantes, la tarde del 12 de junio de 2005, el 4-1 con los goles de Enría (2), Goux y el uruguayo Vargas.

El 4-4 de 2021, el clásico récord
El clásico del 5 de diciembre de 2021, por la fecha 24 de la Liga Profesional, selló su pertenencia en el listado de gala del tradicional duelo, de esos partidos que son excepción a la regla. Hubo cinco goles en un solo tiempo, algo que no sucedía en el clásico platense desde 1971, y ocho gritos en total en un mismo partido por primera vez en la historia de la lidia local.
El PT fue 3-2 para Gimnasia, que enseguida amplió a través de un penal del “Pulga” Rodríguez, la gran figura de aquella tarde que hizo tres de los cuatro goles triperos. Aunque el 4-4 final fue festejo albirrojo tras remontar un 2-4 y una goleada en contra que se antojaba como posible.
El que celebró, también, fue el tucumano Luis Miguel Rodríguez, que quedó en la historia grande del clásico: ese día en el Bosque, se convirtió en el primer futbolista tripero en marcarle tres goles a Estudiantes en una misma tarde.

* Unos garabatos sueltos, pensados y publicados en 0221.com.ar.

sábado, 31 de enero de 2026

La tangana y el último clásico con dos hinchadas


31 de enero de 2016: Gimnasia-Estudiantes en Mar del Plata, hace diez años, por la Copa Ciudad de La Plata. De cuando el resultado quedó en anécdota. Tan protagonista ayer como hoy por su transferencia a Boca, un foul a romper de un desconocido y juvenil Ascacíbar para frenar un contragolpe del Toni Medina desató una hecatombe con ínfulas boxísticas que aún se recuerda

Fue un todos contra todos que aún perdura en la memoria colectiva del futbolero platense. Una imagen icónica, sin envidias de ficción ni antecedentes en la historia moderna del clásico, en la que sobresale Mariano Andújar (buzo negro y el 21 en la espalda) en una ráfaga y a puro 1-2, entre el jab de acomodo de la mano izquierda y el extenso cross de su brazo derecho, apuntando a los rostros de Mazzola, Coronel y Licht. La secuencia es un cine continuado de esa canicular noche.
Enseguida, el arquero albirrojo pierde el equilibrio tras encabezar la golpiza. Mazzola, ahora con ayuda de Coronel (se lo ve con la camiseta 30) y algunos suplentes vestidos con los buzos azules de Penalty, aprovechan el desliz de Andújar para devolverle los golpes de frente y por atrás. El campo de juego ya es un vale todo.
El Chavo Fucks, comentarista de la transmisión de Fox en el Mundialista de Mar del Plata, detallaba la tangana con precisión de bisturí y pedía sanciones ejemplares para los futbolistas: “Enloquecido, (Andújar) le pega al número 25 de Gimnasia (Lucas Licht), pero se cae y Mazzola aprovecha para pegarle patadas en el suelo junto a otros. Si el Tribunal de Disciplina no suspende gravemente a todos estos jugadores que están acá, se tendrían que ir todos a casa o bajar la cortina y esperar hasta que aclare (…) Esto es una locura.”
Hubo otros que optaron por el modo alplax y el sedante amigable entre tanto fuego. Fueron los primeros en separar la cacería mutua de ambos planteles: se los ve en primer plano a Franco Niell (usaba la 22); al técnico del Lobo, Pedro Troglio, vestido con un pulóver suelto color crema; y a Matías Sánchez y Leandro Desábato, por Estudiantes, llegar corriendo, desesperados, para cortar de una vez el noire pugilístico. Iban 48 minutos del ST.

Fue el punto de inflexión: el partido jamás se reanudaría. Estudiantes lo ganó en cancha 1-0 hasta la suspensión del árbitro Silvio Trucco y se quedó con el trofeo que hoy luce en la sede de 53 n°620. Luego la AFA, a los días y por boletín oficial, además de las múltiples sanciones para los futbolistas de aquella noche, le daría por perdido el partido a ambos equipos. Fue, además, el último jugado con las dos parcialidades en el estadio y la última brega de confraternidad entre los clubes platenses.
De esto hace ya una década. Y nunca más.

El partido: el último clásico amistoso de la historia
Por tercer año consecutivo, Estudiantes y Gimnasia era duelo en cancha por los tradicionales torneos de verano de Mar del Plata. Ya se habían enfrentado a partido y revancha en 2014 (los primeros amistosos en 12 años, desde aquel 3-0 del 2002 victorioso para Estudiantes), 2015 y volvían a hacerlo en 2016 con la Copa Ciudad de La Plata en disputa. Nelson Vivas, el DT albirrojo, mandó a la cancha a Andújar, Sánchez, Schunke, Desábato, Pereira, Ascacíbar, Damonte, Gastón Fernández, Augusto Solari, Viatri y Auzqui. El Gimnasia de Troglio fue: Bologna, Oreja, Coronel, Mauricio Romero, Licht, Meza, Brum, Rinaudo, Mendoza, Niell y Mazzola.
Disputado en el primer tiempo, Estudiantes hizo proa en el partido con un gol tempranero de Carlos Auzqui, a los 17, después de un pifie del lateral Facundo Oreja que se queda corto en un rechazo dentro del área. Excelsa definición y 1-0. Delirio pincharrata en la tribuna de calle Canosa, que enseguida lo pudo ampliar con una jugada de la Gata Fernández, que terminó salvando de milagro Mazzola mandando la pelota al córner sobre los 23 minutos.
El segundo tiempo fue un monólogo de fricción, con más lucha que juego y mucho malevaje cizañero como el taconazo de Licht sin pelota contra Damonte o la de Auzqui contra Mauricio Romero que fue solo amarilla por ese intangible lugar común que llama a los árbitros a no desvirtuar el juego.
Pero esto nunca pudo ser aprovechado por el Lobo, que encima desde los 10 minutos ya tenía uno más en cancha por la roja y vestuario para Álvaro Pereira. Un pangruyo el uruguayo, que intentó, a metros de Trucco, una práctica inicial de karate elevando la pierna y los tapones de su botín a 90 grados sobre la cara descubierta de Oreja, en una disputa insulsa pasando la mitad de la cancha. Expulsión, Estudiantes con diez y el lateral tripero reemplazado y asistido por una ambulancia: se había desvanecido. Se jugaba al límite del filo.
El clima, además, ya estaba desmadrado en las tribunas, aunque sin incidentes, por las dos interrupciones provisorias que Trucco había dispuesto mientras la banda tripera exhibía varias banderas con los colores de Estudiantes en la tribuna de la avenida de las Olimpíadas.
Bizantino epílogo, el final mostró la primera jugada clara del Lobo recién a los 37 del ST, cuando lo pudo empatar en una solitaria patriada de Maxi Coronel, que remató de derecha y se fue apenas afuera tras una cascada de rebotes en el área de Andújar. O a dos minutos de la recordada batalla, cuando al colegiado se le ocurre expulsar al arquero Bologna por una supuesta mano afuera del área, en su intento por achicarle un mano a mano a Augusto Solari, cuando claramente la pelota le había rebotado en el pecho al golero nacido en Claypole. Fue el principio del fin: la bronca de los jugadores triperos mutó a gritos y protestas, de las gestuales y de esas indisimulables con insultos, luego de la insólita roja al arquero que solo vieron Trucco y su asistente, todavía en la era pre VAR. Troglio, además, ya había liquidado los cambios reglamentarios. Obligado por norma, fue el defensor Ezequiel Bonifacio el que se calzó de emergencia el buzo verde de Bologna. Un defensor al arco: terreno desconocido.
A los 48, ya en el adicionado, con Gimnasia jugado por el empate, llegó la corrida de contragolpe que encabezó Antonio Medina por izquierda y el patadón del pibe Ascacíbar que cortó el avance de raíz. Seco, abajo: directo a romper. Entre discusiones y estados alterados de uno y otro lado, mientras el Ruso caminaba hacia los vestuarios sabiendo que su expulsión era irremediable, la mano de Medina a la cara de Damonte prendió la mecha y desencadenó la hecatombe resumida en aquella imagen de Andújar simulando a Tyson en el ring del Minella.
Protagonista ineludible de esa noche, Santiago Ascacíbar aún no había debutado oficialmente. Promesa prematura de la categoría 1997, había dado el salto al equipo principal tras la venta de Gastón Gil Romero a Central y debutado en los amistosos de la Copa de Oro de aquel verano marplatense de 2016, contra Racing. Aunque recién se estrenaría oficialmente contra Lanús, en la fecha inicial del Torneo Transición, en la cancha de Arsenal, el 8 de febrero, una semana después de la batalla campal en La Feliz. Tenía 18 años.
Una década después, el Ruso de la “5” es el protagonista principal de la novela del mercado de pases 2026 en el fútbol argentino por su salida a Boca, con campeonatos, copas y cinco títulos oficiales ganados con la albirroja entre 2023 y 2025.

Paredón, sanción y después…
El inicio del Campeonato de Primera División 2016 tenía pauta de arranque para el viernes 5 de febrero. Justo con Gimnasia como protagonista, visitando a Banfield en el Florencio Sola. Lo que faltaba, ahora, era conocer el nivel nocivo del informe de Silvio Trucco y cuántos serían los futbolistas sancionados, de uno y otro club, que se perderían el debut oficial una semana después si eran suspendidos con cuatro o más fechas. Lo que se agravaba con la repercusión a nivel nacional que el escándalo del domingo 31 de enero había tenido en gran parte de la prensa y el nicho del fútbol, que pedía sanciones ejemplares para los jugadores cómplices de la tangana que quedaron escrachados en el pelotón mediático. Lo que pidió el Chavo Fucks, en caliente, en vivo y en directo durante la transmisión de Fox.
Lo había anticipado Guillermo Marconi, titular del SADRA, el lunes posterior: “El informe de Silvio (Trucco) va a ser muy duro”. Y lo fue: hubo doce futbolistas informados (siete de Gimnasia y cinco de Estudiantes) y la peor parte se la llevaron Mariano Andújar y Álvaro Pereira, por el Pincha, y Nico Mazzola, por el Lobo. Los tres recibieron ocho fechas de suspensión. También sancionaron a Javier Mendoza, Roberto Brum y Maxi Coronel, con cinco; e Israel Damonte, Federico Racic y Antonio Medina, con cuatro. Todos ellos, a cumplir durante los partidos del torneo oficial según el artículo 229 del reglamento de Transgresiones y Penas. Sólo “zafaron” Ascacíbar, Solari y Bologna, penados con tres fechas y solo una para el arquero, que podían cumplir la sanción en partidos amistosos y debutar sin alteraciones en el campeonato.
El final del cuento fue sin excusas: “Se equivocó el árbitro y nos equivocamos los jugadores. Es demasiado: está mal”, sintetizó Troglio, al igual que Nelson Vivas. "El árbitro se puede equivocar pero los que cometimos los errores fuimos los dos planteles”.

* Unos garabatos sueltos, pensados y publicados en 0221.com.ar.

domingo, 7 de diciembre de 2025

Triperos y Pinchas y los otros "clásicos del siglo"


Horas, nomás, para el inédito y primer cruce semifinal en la historia de la brega local. De cuando todo pudo cambiar en la última fecha del Clausura 1996, la tarde que el Lobo quedó a un gol de dar la vuelta en cancha albirroja, al derbi de 1945 que definió un descenso o la serie de la Centenario '93 en la que Gimnasia sacó a Estudiantes y después gritó campeón


Hay imágenes taimadas para los corazones de lobos y leones aquella tarde de invierno, la del domingo 18 de agosto de 1996. Era la última jornada, la 19°, del postergado Torneo Clausura de aquel año en el terruño de 55 y 1. Pero ninguna imagen como el 20 x 30 del saludo inicial entre los capitanes: al lado de un impoluto Javier Castrilli vestido de negro en ropa Adidas, la mirada inquieta de Guillermo Barros Schelotto con los ojos enfocados hacia un cielo que presumía gloria y Martín Palermo raleando con gesto seco hacia la cámara, para que no quedaran dudas de que el objetivo del goleador pincharrata era ignorar al capitán albiazul. Combustible previsible en lo anímico, un juego mutuo de egos y cábalas...


La historia es conocida y aún recordada en letras mayúsculas en las páginas de la lidia local: el empate en el Amalfitani entre el Vélez de Bianchi, ya dirigido por Osvaldo Piazza por la ida del “Virrey” a la Roma, e Independiente le dejaba servido en bandeja el título al Lobo, que de doblegar al Pincha en UNO, rompiendo el 0-0 final, hubiera sido campeón. Un escenario irrepetible que dio pie al título en letras tamaño molde de la prensa gráfica: “El Clásico del Siglo”.
Gimnasia llegó a ese partido sin una pieza clave: la expulsión de José Albornoz en la goleada previa 6-0 a Racing lo privó a Timoteo de contar con un jugador de excepción. Y el “Viejo” se la jugó por el escurridizo, oriundo de San Luis, Mario Saccone. A esto se agregaba la ausencia de Alberto Márcico, afuera de las canchas desde su lesión en la 14° fecha en el empate 1-1 con Vélez en Iraola y 118 que, con la sucesión de jornadas, terminaría siendo determinante en el futuro subcampeonato obtenido por los de Griguol: un solo punto fue la diferencia que consagró al Fortín frente al Lobo.
18 de agosto de 1996: Bossio, Zapata, Ramos y Rojas; París, Cascini, Aguilar y Gastón Córdoba; Romeo, Palermo y Mazzuco, de un lado; del otro, Noce, Sanguinetti, San Esteban y Pereyra; Gustavo B. Schelotto, Larrosa, Ylliana, Dueña y Saccone; Guillermo y Sosa. Entraron Catán, Azconzábal y Fúriga, en Estudiantes; y el Guly y Morant, en el Lobo, que jugó gran parte del match con uno menos por la roja del PT al uruguayo Sanguinetti y quemó las naves sobre el final, a puro centro y cabezazo. Lo tuvo el “Pampa” Sosa, que llegó al empate (lo ganaba Estudiantes 1-0 con gol del marplatense Claudio París) con un frentazo a palo cambiado en el que Bossio solo hizo vista; y Morant, ese aguerrido zaguero chubutense llegado de Trelew que espió las puertas de la gloria pasados los 45 del complemento y cabeceó solo, de frente al arco, pero a las manos del arquero cordobés. Fue 1-1 y el recuerdo de una vuelta olímpica que no se dio en rodeo ajeno apenas por detalles.


1945: el clásico que quiso evitar hasta Estudiantes
Pedro Osácar, presidente pincharrata en aquel 1945, consultado por los oficios de la prensa y en vocería de honestidad, tuvo hasta la voluntad de aclarar que Estudiantes defendería el honor deportivo de la institución y que ninguna amistad con sus pares triperos haría que los futbolistas albirrojos jugaran “a desgano” la inolvidable tarde del 2 de diciembre de 1945. ¿Las dudas? Ciertas cuitas de barrio que hermanaban a pinchas y triperos hacían sospechar de una actitud candorosa de los albirrojos, en esa excepcional lidia del torneo de 1945, para evitar el descenso de su histórico rival de ciudad justo en el duelo mano a mano.]Inimaginable hoy, como motivo irreductible de acelerada gastada en memes y redes durante semanas y meses, aquella última fecha del Campeonato de Primera División 1945 puso al clásico platense de la segunda rueda en el cierre del torneo. Le tocaba a Estudiantes ser local, aunque en la cancha de Lanús porque pesaba una sanción sobre el (hoy) Estadio Jorge Luis Hirschi. El detalle no era menor: el irregular desempeño del franjeado durante la temporada lo había catapultado a tener que jugarse el descenso a la B justamente ante su rival de siempre y de visitante. El Lobo debía ganar o empatar y esperar resultados favorables en los partidos de Chacarita Juniors y Ferro Carril Oeste para no bajar otra vez a Segunda.
Pero los pronósticos, pese a la fanfarria previa de la vocería, fueron los previsibles. El Pincha lo empezó perdiendo desde el vestuario 0-1 y en apenas 26 minutos ya lo ganaba 3-1. Gritos de Gagliardo, Negri y Arbios para un triunfo seguro de un Estudiantes de época portentoso que había hecho podio en el torneo superior de 1944 y levantado la Copa Escobar. Y que estaba por definir la final de la Copa República frente a Boca, que ganaría un año después en el Viejo Gasómetro.
Un clásico sin igual, con triunfo albirrojo y Gimnasia condenado a jugar en Segunda durante 1946.


Cruces por eliminación: de la Competencia del ‘45 a la Sudamericana 2014
Pero aquel 1945 no solo patentó un clásico excepcional, sino que dio la primera serie por eliminación en los cotejos oficiales entre ambos. Sucedió en la Copa Competencia 1945, torneo por eliminación directa organizado al estilo de la actual Copa Argentina que se jugaba entre los equipos de Primera de la temporada en curso.
El primer partido se hizo interminable y debió suspenderse cuando empataban 3-3 porque la tarde se había transformado en noche, la luz escaseaba y el árbitro ya no disponía de balones en el viejo estadio de Racing, escenario neutral elegido para la brega. Fue un 8 de abril de 1945. Se jugaron 139 minutos, entre los 90 reglamentarios y los dos suplementarios. Y ni así pudieron definirlo. Después el Pincha ganaría el desempate, jugado en Iraola y 118 el feriado del 1 de mayo, y se clasificaría a la siguiente ronda al vencer a Gimnasia por 2-1.
Casi cinco décadas más tarde, recuerdo grato para los albiazules, aquel del invierno de 1993 por la inédita edición de la Copa Centenario con motivo de los 100 años de la fundación del fútbol asociacionista porteño en su versión nacional. La AFA emparejó a los equipos organizando las llaves entre los clásicos rivales y se eliminaron en la primera ronda del certamen. Gol de Guillermo para el triunfo tripero en el juego de ida en el Bosque, del que solo se completaron 15 minutos del ST por un certero piedrazo contra el árbitro, Juan Carlos Biscay, que obligó a suspender la brega. La revancha fue empate 0-0, en UNO. Pero festejó Gimnasia al sellar la clasificación a la segunda fase de la Ronda de Ganadores de un torneo que lo vería campeón el 30 de enero de 1994.
Más acá en el tiempo, y ya en el siglo XXI, se dieron los únicos cruces internacionales entre los rivales de las diagonales. El capricho del sorteo hizo que Pinchas y Triperos debieran eliminarse en los 16vos. de final de la Copa Sudamericana 2014. Hubo empate en la ida y triunfo albirrojo (0-0 y 1-0) con gol del uruguayo Diego Vera en la revancha jugada en 25 y 532. Así, el Pincha pasó de ronda y luego se midió con el aurinegro de la capital uruguaya, ya en la instancia de octavos de final.

viernes, 14 de noviembre de 2025

Mendoza, el nuevo grito del fútbol federal


La conquista de Independiente Rivadavia en la Copa Argentina 2025, la primera de su historia a nivel nacional y la primera del fútbol mendocino, se suma a los hitos recientes de Patronato de Entre Ríos, Talleres de Córdoba y Central Córdoba de Santiago. Cuatro provincias suscribieron su nombre a la élite de campeones nacionales en los últimos cuatro años. Desde 1944 y hasta 2022, sólo Tucumán contaba con ese privilegio por fuera del eje fundacional Buenos Aires-Santa Fe

Hasta el título de Patronato en la final victoriosa contra Talleres de Córdoba en 2022 por la Copa Argentina, había que retroceder hasta 1944 para encontrar al último campeón de una competencia nacional, organizada por el ente oficial, cuyo origen no estuviera dentro del eje fundacional histórico de la Asociación del Fútbol Argentino, comprendido por la Capital Federal, el Área Metropolitana de Buenos Aires y la provincia de Santa Fe: fue San Martín, el “Santo” de la provincia de Tucumán, consagrado como el mejor en el llamado Campeonato de la República de 1944 venciendo en la final por 3-1 a Newell’s Old Boys; el primer campeón indirectamente afiliado a la AFA de la historia.
Ese hito quebraría, 78 años después, el Club Atlético Patronato de la Juventud Católica de la ciudad de Paraná: que una institución ajena al circuito productivo de los puertos Buenos Aires/Rosario/Santa Fe consiguiera un título oficial de AFA. Sólo dos años después, y ocho décadas más tarde que aquel hito tucumano, se sumó Central Córdoba de Santiago del Estero con su histórica consagración en la Copa Argentina 2024 derrotando a Vélez en la final jugada en el estadio 15 de Abril de Santa Fe.
Por si fuera poco, la proliferación de competiciones en la AFA actual -dos campeonatos de liga, una copa anual federal y otras tres con definición a partido único por temporada- hizo que el título de Talleres de Córdoba, este año, por la postergada Supercopa Internacional 2023 en la final con River llegara para saldar una deuda histórica del fútbol cordobés al obtener el primer galardón nacional para un club de esa provincia. Cierto, también, imposible obviar el único título oficial de división superior que ostentaba un club de Córdoba, con el Talleres de Ricardo Gareca campeón de la Copa Conmebol 1999. Pero, huelga aclarar, era un título internacional organizado por la CSF a la cual está asociada, claro, la Asociación del Fútbol Argentino, que no lo organizaba de forma directa.
Además de Talleres, Patronato, Central Córdoba y, desde este noviembre, el Club Sportivo Independiente Rivadavia de Mendoza, por mencionar los nuevos campeones federales, hay otros 41 equipos argentinos que, desde fines del siglo XIX, han ganado al menos una competencia oficial organizada a nivel “nacional” por la actual AFA, llamada así desde la fusión definitiva de la Liga Argentina Profesional disidente y la Asociación Amateur oficial, en 1935. La última incorporación a esa lista de 45 había sido Platense, que en mayo ganó su primera estrella en el círculo de privilegio, venciendo en la final del Torneo Apertura a Huracán, e inscribió su nombre entre los campeones de liga del profesionalismo. Otro hito.

La geopolítica, condición necesaria y suficiente
Pese a que el país tiene 24 jurisdicciones administrativas, con el título de los mendocinos y a lo largo de la historia, los clubes campeones de las competiciones nacionales e internacionales oficiales se reparten sólo entre ocho de ellas: la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Tucumán, Entre Ríos, Córdoba, Santiago del Estero y Mendoza. El dato no es menor: cuatro de esas ocho provincias se anotaron a ese listado top recién entre 2022 y 2025. Un récord histórico para una AFA siempre exclusiva del fútbol centralizado en el eje fundacional porteño.
La geopolítica interna del país condicionó al fútbol criollo desde principios del siglo XX; la marca de su principal puerto comercial y comunicacional como eje de salida hacia el “mundo”, también. Hubo algunos mínimos atisbos de reconocimiento en los albores del fútbol como identidad colectiva, cuando la AFA, de aún denominación inglesa con “football” en lugar del castellanizado fútbol, amplió las “fronteras” de lo argentino reconociendo a la liga regional de Rosario, a la que incorporó oficialmente de manera regular para que se enfrentara contra el campeón porteño en la disputa anual del llamado Campeonato Argentino –la Copa Ibarguren– desde 1913. Porteños contra rosarinos jugando por el título “argentino”.
Los límites de la nacionalidad futbolística oficial, en la práctica, se abrieron desde siempre dentro de la pampa húmeda, contemplando a los clubes rosarinos y, sólo años después, a los santafesinos. Pero poco más. De hecho, de esos concursos organizados en el circuito productivo de los puertos Buenos Aires/Rosario salieron los representantes argentinos que jugaron las primeras copas internacionales contra los uruguayos: la Copa de Competencia, la Copa de Honor “Cusenier” o la Copa Aldao. De allí que, a más de cien años de consolidarse esta estructura, aparezcan consagraciones de clubes como Tiro Federal o Atlético del Rosario, hoy un participante habitual del rugby nacional que, sin embargo, fue parte constitutiva del nacimiento del football criollo, siendo el primer club rosarino de la historia en disputar el campeonato de Primera División, en 1894.
Desde sus orígenes, la historia oficial del fútbol nuestro designó a sus “campeones nacionales” por la Copa Campeonato que exclusivamente jugaban unas pocas -pero trascendentes y fundamentales en la memoria colectiva por su popular arraigo cultural- instituciones ubicadas dentro de Buenos Aires y su Área Metropolitana, hoy conocida como Gran Buenos Aires.
Recién entre 1939 y 1948 se dio una primera apertura “efectiva”, sumando a las entidades más representativas de Rosario y Santa Fe como afiliadas directas de AFA. Así empezaron a competir de forma regular en los concursos porteños: primero fueron Newell’s Old Boys y Rosario Central, luego Unión y después Colón.
Pero no sería sino hasta 1967 -pese a la discontinua disputa de competencias como la citada Copa de la República ganada por San Martín de Tucumán– y la creación del Torneo Nacional, cuando, después de siete décadas, se organizaría un torneo evidentemente “argentino y federal”, con representación regular e institucional de la mayoría de las provincias. Fue cuando los “grandes” del interior empezaron a tener visibilización a nivel nacional y aparecieron los primeros títulos en Primera División de los dos grandes de Rosario; o los subcampeonatos de Talleres de Córdoba (1977), el Unión santafesino (1979) y el Racing de Nueva Italia cordobés (1980).
El albiazul cordobés tendría otras grandes campañas en el siglo XX: fue 4º en 1974, semifinalista en los campeonatos Nacionales de 1976 y 1978 y 3º en el campeonato regular de Primera División de 1980, cuando se ganó en la cancha el derecho a jugar anualmente el Metropolitano de los porteños gracias a la Resolución 1.309.
Con el nuevo siglo, llegaron los dos subcampeonatos de Talleres en las Copas Argentina de 2020 y 2022; el reciente segundo puesto en el Campeonato de la Liga Profesional 2023 que le arrebató el River campeón de Martín Demichelis; y el esperado campanazo al obtener su primer y postergado título nacional con la Supercopa Internacional ganada por penales en Asunción de Paraguay frente al Millonario.

Los 45 campeones de torneos superiores de AFA, Conmebol y FIFA
Al Atlético del Rosario (Rosario Athletic) lo abraza el honor de haber sido el primer campeón “del interior” de un torneo de fútbol organizado por las entidades oficiales antecesoras de la hoy AFA: el primero “no porteño” en lograrlo. Ganó tres ediciones de la Copa de Competencia “Chevallier Boutell” (1902-1903-1905). Considerada la primera competición internacional del continente, era organizada entre clubes del torneo de Buenos Aires (Argentine Football Association), la Liga Rosarina y la Liga Uruguaya.
De Rosario, también se anotan como campeones Tiro Federal (Copa Ibarguren 1920), Central Córdoba (Copa Beccar Varela 1933) y, claro, Rosario Central y Newell’s Old Boys, los campeones “modernos” rosarinos que también se anotan con varios títulos del profesionalismo en el principal campeonato de Primera División, la hoy Liga Profesional de Fútbol.
Por fuera del eje del puerto de Rosario, recién en 2021 la provincia de Santa Fe pudo anotar a un campeón de otra ciudad: Colón, de Santa Fe de la Vera Cruz, al levantar la Copa de la Liga de esa temporada con Eduardo Domínguez en el banco. El Sabalero pudo revalidar para la capital santafesina el título que se le había negado en 1979 a su archirrival Unión, cuando el Tatengue perdió la final del Torneo Nacional de Primera División por diferencia de gol. Se dijo: Tucumán, con San Martín; Córdoba, con Talleres; Entre Ríos, con Patronato; Santiago del Estero, con Central Córdoba, y, desde ayer nomás, Mendoza, con Independiente Rivadavia, completan el círculo de privilegio de campeones oficiales nacionales del mal llamado “interior”.
Campeonatos, copas, torneos por puntos a una y dos ruedas, títulos jugados a un partido, campeonatos rioplatenses, trofeos definidos por diferencia de gol, por córners a favor o por penales, como se estila en la era moderna desde la década de 1970: 420 títulos oficiales, organizados entre 1891 y 2025, repartidos entre 45 instituciones de siete provincias y la Capital Federal.
De todo, como en botica.

* Unos garabatos sueltos, pensados y publicados en 90 Líneas.

sábado, 8 de noviembre de 2025

AFA: una historia de fallos y polémicas



La insólita y extendida en repudio sanción contra el Lobo jujeño tras los cuartos de final del Reducido de la B Nacional, un fallo sin antecedentes recientes que profundizó heridas por el accionar de la dirigencia de AFA bajo gestión Tapia. Back up de los casos más resonantes

Deportivo Madryn ya había amagado hacia el final de la temporada pasada: un empate en la última fecha contra Colón en Santa Fe lo había privado, por diferencia de gol, de asegurarse el primer puesto de su zona de la B Nacional 2024 y quedó en las puertas de disputar la final por el campeonato y el ascenso directo a Primera. Ese que, finalmente, se llevó Aldosivi de Mar del Plata dando el campanazo contra San Martín de Tucumán en el “Gigante de Arroyito”, en Rosario.
2025 no iba a ser la excepción. Se insinuaba. Lo había advertido, casi como presumiendo denuncia -aunque sin pruebas, claro-, hasta el propio periodismo. Fue Gustavo Grabia quien, antes de las fechas finales de la Primera Nacional 2024, remarcó el huelle arado por su “sorpresa” al ver la nueva composición de la Comisión Directiva de AFA para 2025, con la inclusión de Javier Trueque -huelgan los comentarios por la analogía y el capricho tautológico de su apellido- en la lista de nuevos vicepresidentes de AFA. Uno de esos “trueques” lo llevaron a canjear el histórico liderazgo en la Liga del Valle como dirigente de peso del Consejo Federal para estar en la lista top del fútbol asociacionista porteño, ahora en la AFA del Chiqui.
Madryn, “el que corre con el caballo del comisario”, a decir de quienes conocen los abarates semanales de la categoría, que en la jerga gaucha del fútbol criollo se traduciría en el -inexorable en el tiempo- ascenso del club chubutense a la Liga Profesional, como alguna vez sucedió con el Barracas Central de Tapia o el Riestra del ex “boga” de Diego Maradona: Víctor Stinfale. Sería el primer equipo patagónico, el más austral del país, en llegar a la Primera División de los equipos directamente afiliados a la AFA en toda la historia. Hubo solo seis casos desde la federalización masiva del fútbol argentino en 1967 de la mano de Valentín Suárez -Cipolletti de Río Negro, Deportivo Roca y Atlético Regina, de la provincia de Río Negro; Alianza Cutral Có, de Neuquén; y Huracán de Comodoro Rivadavia e Independiente de Trelew, de Chubut- pero todos clasificando desde los cupos directos que otorgaban las ligas regionales al Campeonato Nacional.

Javier Trueque: de la mano de Tapia, el "eslabón" del fútbol patagónico en AFA

El éxodo jujeño
Por el ordenamiento según las posiciones finales entre los clasificados de ambos grupos, Gimnasia y Esgrima de Jujuy debió enfrentar los cuartos de final del Reducido contra el perdedor de la final por el ascenso directo, el Deportivo Madryn, en la simpática “Tacita de Plata”. Cuando iban iguales en 0, el juez -Lucas Comesaña- dijo no ver un clárisimo penal para los locales por una mano adentro del área que se percibía desde Salta… Hubo reclamos, alguna tangana, insultos de los hinchas locales. Pero fue “siga y siga”. Pese al garfio, los jujeños lograrían la ventaja con un gol, sobre la hora del primer tiempo, de Alejandro Quintana: 1-0. Fue ahí cuando Comesaña denunció intimidaciones y una supuesta “apretada”. Según consta en el fallo del Tribunal de Disciplina publicado antes de la revancha, declaró que un directivo norteño los amenazó a gritos: "Salgan a dirigir bien (el segundo tiempo) porque de acá no se van: los meto a los cuatro presos y los dejo tres días detenidos en Jujuy", en referencia al juez principal, los asistentes y el cuarto árbitro.
Comesaña no dudó, no salió a dirigir el segundo tiempo y suspendió el partido. Denunció el hecho y el Tribunal actuó con una severidad pocas veces vista en los últimos años: partido perdido por 0-3 para el elenco local y distintas multas sobre el club y su estadio.
Con la desventaja, la revancha del pasado domingo fue apenas un casillero a completar a pedido de Trueque. Madryn ya superó la llave de cuartos y espera la serie de semifinales contra el granítico Deportivo Morón. ¿Habrá equivalencia? Duelos de Deportivos…


De los jueces británicos al descuento de puntos
Hurgando en la sinuosa historia asociacionista, terminado el campeonato superior de 1947, la AFA dispuso la contratación de árbitros británicos. Fueron ocho en total. Consecuencia de un gran devenir de años de acusaciones cruzadas y el siempre palpable favoritismo de los jueces locales para los intereses futbolísticos de los llamados “cinco clubes grandes”. ¿Sus nombres? David Gregory, James Provan, Aubrey Withe, Lionel Gibbs, Charles James Dean, Harry Hartles, John Cox y William Brown.
Lo vivieron de cerca los clubes locales: con Gimnasia, en el torneo de 1933, que protestó con la legendaria “sentada” en el campo de juego en un partido contra San Lorenzo, de visitante, por los escandalosos fallos del juez Alberto Rojo Miró a favor de los locales, que peleaban el campeonato mano a mano con los platenses. El Cuervo convirtió los goles sin resistencia, uno tras otro, y el árbitro lo frenó cuando ya ganaban 7-1. Un acto de honestidad y desobediencia sin precedentes que dejó el primer antecedente de rebeldía en la recientemente creada Liga Argentina Profesional. Como resume el colega Carlos Aira en su “Héroes de Tiento”: “El Expreso de 1933 inventó la categoría de campeón moral. ¿Pudo pelear el campeonato hasta la última fecha? Jamás lo sabremos: Gimnasia abrazó la inmortalidad moral, pero desistió de pelear hasta el final”.
Pero también con Estudiantes, que llegó a decretar “persona no grata” la presencia del árbitro internacional, José Bartolomé Macías, cada vez que era designado para dirigir a los albirrojos, como ante River en un partido clave del campeonato superior de 1935, cuando el colegiado ignoró un claro penal para el Pincha, le expulsó dos jugadores y le anuló un gol lícito por supuesto offside. La propia prensa local solía ilustrarlo, sin filtros, al tal Macías, con un sombrero de “bombero”, siempre atento el hombre a favorecer a los “grandes” del fútbol porteño.
Cuenta Alejandro Fabbri en uno de los tomos de “Historias Negras del Fútbol Argentino”, citando al diario El Mundo de 1936: “Lo concreto es que gran parte del periodismo se hizo eco de esta situación. El diario advertía que una falta absoluta de carácter se aprecia en la mayoría de los árbitros que actúan en las filas de la Asociación del Fútbol Argentino. No ignoran nada de lo que ocurre a su alrededor. Advierten gestos y oyen insultos. A pesar de que los ojos de millares de espectadores están controlando severamente sus procedimientos, no se les ve intervenir con la decisión y la energía que reclaman las circunstancias. Esa tolerancia ha traído como lógica consecuencia una terminante falta de respeto de parte de los jugadores quienes luego, al comprobar que sus incorrecciones no han merecido una sanción ejemplar, comentan risueñamente en los vestuarios la debilidad del espíritu del juez, que no se atrevió a expulsarlos. Culpables no son, por consiguiente, los futbolistas, sino los mismos referees que no saben imponer ni defender su autoridad”.
Pero las incongruencias del Tribunal de Disciplina de AFA son tan discutibles como extendidas en el tiempo. En 1940, Independiente se desligó del partido contra Atlanta de la última fecha y los Bohemios evitaron el descenso sin sanciones para los jugadores del Rojo. Una de las mayores “entregas” de la historia, se cuenta entre especialistas, contra un Independiente que venía de ganar el bicampeonato 38/39: Atlanta vencía 6-0 en el PT sin que mediara ninguna reacción de los visitantes (después, para matizar el despliegue, convirtieron cuatro y cayeron pero por 4-6) y se vio favorecido por el triunfo de San Lorenzo sobre Vélez, que finalmente quedó un punto por debajo de Atlanta y descendió por primera y única vez en su historia.
Lanús y Huracán definieron un descenso teniendo que desempatar en el Campeonato de Primera División de 1949. Fue un triunfo para cada uno y, en el tercer y decisivo partido, cuando iban 3-3, Huracán se retiró de la cancha disconforme con el arbitraje. El Reglamento era taxativo y preveía "la pérdida de puntos para el equipo que deje el campo de juego". Pero el mismo Tribunal de Penas dispuso que se jugara de nuevo, sin sancionar al Huracán de Ducó pese a las protestas de los Granates. Lo ganó el Globo y Lanús a la B. Tan insólito como condenable.


Los promedios... a la medida de los "grandes"
El fútbol moderno trajo mayores incongruencias y ninguna ingenua. Después de que San Lorenzo descendiera en 1981 al terminar entre los dos últimos del campeonato, y justo cuando River estuvo cerca de hacerlo en el Metropolitano 1983 (ese año terminó anteúltimo y con el viejo sistema de descensos por puntos hubiera descendido), se implantó nuevamente el sistema de promedios para determinar quiénes bajaban de categoría. Se tomaban las dos últimas campañas. Por este sistema zafó River, pero se perjudicó a Racing de Avellaneda, que en ese 1983 descendió por primera vez. Los promedios siguieron, pero el efecto sobre uno de los “grandes” (Racing) hizo modificar el sistema. Ya no se tomaría el promedio de las dos últimas temporadas, sino de las últimas tres temporadas. Más hándicap para “los grandes”.
Otro tanto en la segunda década de los 2000, cuando todavía se jugaban las atractivas promociones que podían determinar hasta cuatro descensos por temporada con campeonatos que se jugaban con 20 equipos en la categoría. Había dos descensos directos y otros dos posibles en las reválidas con los mejores clasificados de la Primera B Nacional. Algo que hoy suena a quimera, cuando proliferan las ligas de 30 equipos y se suspendieron los descensos de categoría en tres de las últimas seis temporadas.
Racing y San Lorenzo a punto estuvieron de repetir los descensos en 2008 y 2012, zafando en las respectivas promociones contra Belgrano e Instituto de Córdoba; pero sí lo hicieron River, en 2011, e Independiente, ya en 2013. Un año después, y antes de su fallecimiento, la idea de Julio Grondona se haría efectiva: los campeonatos pasaron de 20 a 30 equipos en la máxima categoría y, nunca más, “un grande” sufriría por pelear el descenso. Había pasado mucha agua bajo el puente. Y era suficiente...
Nada nuevo bajo el sol.

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miércoles, 5 de noviembre de 2025

La historia jamás contada del primero del Pincha


Un 5 de noviembre de 1905 jugó su primer partido en la ciudad, en la actual Plaza Malvinas, en 50 entre 19 y 20. Fue el predio que, de manera provisoria, utilizó desde su fundación hasta la aprobación oficial de su cancha de 57 y 1. Lo ganó Estudiantes 2-0 ante los juniors del Wanderers Nacional, con un adolescente Jorge Luis Hirschi como titular: el hombre del estadio UNO

Habían pasado apenas unos meses de la fundación de la institución platense que fue pensada para practicar y ser un club de fútbol: el por entonces “Club Atlético Estudiantes”. Y la historia se inscribe conocida: la noche del 4 de agosto de 1905, un grupo de pibes estudiantes -mayoritariamente socios y sportsman’s del Club de Gimnasia y Esgrima La Plata- terminaron fusionando sus pasiones por el incipiente deporte de los “ingleses locos” y decidieron fundar un nuevo club en La Plata. Fueron veinte a una asamblea que, se conoce, comenzó la noche del 4 de agosto y terminó bien entrada la madrugada del 5 de agosto: Miguel Florentino Moreda, Carlos y Jorge Isla, Tomás Ismael Shedden, Ricardo Sancet, Saúl y Antonio Ferreiroa, Alejandro y Emilio Fernández, David Ramsay, Uberto Vignart, Hugo Ferrando, Raúl Salas, Antonio Mouzo, Joaquín Sesé, Horacio Tolosa, Carlos Sagastume, Jorge Contreras, Félix Díaz y Alfredo M. Lartigue.
Faltaban días, apenas, para que Gimnasia jugara su último partido de fútbol como local en la reconocida Plaza de Juegos Atléticos de 47 y 1; por el torneo de Tercera División, antes de la escisión definitiva de ese deporte del club, contra Catedral al Norte. Un 3-1 a favor jugado el 12 de agosto de 1905, meses antes de que allí se levantara la construcción de los edificios del futuro Colegio Nacional Rafael Hernández. Fue por eso que la CD albiazul debió ceder esos terrenos, que usufructuaba como campo deportivo, al nacionalizarse la universidad provincial: la hoy Universidad Nacional de La Plata.
Esa tarde, un tal Félix Díaz -el comerciante de avenida 7 que prestó su local para la primera reunión de los fundadores pincharratas- fue juez de línea y se alistaron en Gimnasia varios de los futuros futbolistas albirrojos: Alfredo Lartigue, Antonio Ferreiroa, Miguel Moreda, David Ramsay. El diario El Día no dudaba en vaticinar una “numerosa concurrencia en el field” para el “importante match de foot-ball” dado que sería “el último partido” a jugarse en el gran predio deportivo de avenida 1 y calle 47, en el por entonces Parque Iraola de la recién fundada ciudad de La Plata.
Pero habría uno más: Gimnasia enfrentaría su último partido oficial de la Argentine Football Association, ya el lunes 11 de septiembre, un mes antes del debut de Estudiantes, aunque, ya sin cancha propia, de locatario en el campo de juego que el Club Friend’s ocupaba en los terrenos del actual Parque Saavedra, en 13 entre 64 y 65. Fue contra Villa Ballester (derrota 1-3) y, otra vez, alistado con varios de los juveniles futbolistas que representarían a Estudiantes en su debut en la ciudad de Chivilcoy, el 22 de octubre de 1905.
El cordón umbilical, a relevo de pruebas, no terminaba de cortarse entre albiazules y futuros albirrojos, pese a que los partidos entre combinados interclubes, o hasta selecciones de diferentes ciudades, fuera una práctica usual y muy extendida en esa época dada las dificultades logísticas a la hora de concretar un partido.

El debut del fútbol Pincha: visitante en tierras bonaerenses
Con un gran encabezado en letras imprentas mayúsculas (“FOOT BALL”), el miércoles 18 de octubre de 1905, El Día anunciaba el acontecimiento fundacional del Club Estudiantes tras aceptar la invitación del comisionado local para decir presente en las fiestas patronales por el quincuagésimo primer aniversario de Chivilcoy: “El sábado próximo por el tren que sale de ésta a las 7 p.m. partirán para Chivilcoy los jugadores del primer team de estudiantes (sic) con el objeto de llevar a cabo el match de foot-ball concertado entre este team y el primero de gimnasia y esgrima (sic) de aquella localidad”.
El enfrentamiento deportivo venía a saldar el frustrado debut de Estudiantes en la ciudad de Lobos, donde el club platense había sido invitado para medirse con el Club Atlético Lobense el 24 de septiembre. Pero la lidia jamás pudo celebrarse, pese al esfuerzo de emprender el viaje desde la capital provincial, por las intensas lluvias que anegaron el precario campo deportivo local de esa localidad bonaerense.
En Chivilcoy, el rival no sería el citado (suple marcar aquí un error de origen del matutino local en el anuncio, ya que el Gimnasia de esa ciudad sería fundado recién en 1916) sino un Combinado de la Liga del Oeste conformado por jugadores del Sportivo Chivilcoy y de ciudades cercanas como Chacabuco, Mercedes y Suipacha. Los once futbolistas albirrojos que abordaron el tren hacia el interior bonaerense, en riguroso traje y sombrero, fueron: David Ramsay, Miguel Florentino Moreda, Alfredo Lartigue, Emilio Cortelezzi, Tomás Ismael Shedden, Eudosio Rodríguez, Carlos Isla, Leopoldo Gándara, Teófilo Henault, E. Silva y Antonio Ferreiroa. Once nombres para la historia.
El partido amistoso terminó en empate. Dos goles por lado. Y la remontada albirroja casi termina en triunfo y hazaña. Fue el capitán de Estudiantes el que propuso continuar el match tras los 90: una prórroga de 30 minutos para desempatar. Pero los locales desoyeron el canicular reclamo de los platenses, que querían alargar la brega para irse victoriosos en su esperado debut, y se negaron. Alrededor de la plaza atlética de Chivilcoy, a la hora del partido, ya se sentían los sonidos de los carruajes por el desfile del corso que luego cerraría con los bailes populares nocturnos en el salón municipal.


Antes de UNO, local en Plaza Malvinas
Estudiantes y el Racing Club de Avellaneda aún se “disputan” algunas marcas, narrativas de construcción de sentidos, en la historia del fútbol de AFA: desde ser “el primer campeón criollo” (ambos clubes coronaron en 1913, pero Estudiantes lo hizo unos días antes que “La Academia” aunque en la asociación disidente: la Federación Argentina de Football, la FAF) hasta la antigüedad como locatarios consecutivos en un mismo predio: 1906 fue el año en el que Estudiantes obtuvo las tierras del actual Paseo del Bosque para levantar su estadio en los terrenos que iban de 54 a 57 y de 1 a 115, en el mes de febrero, y Racing retornó ese mismo año a su histórico lugar, el de la intersección de las calles Alsina y Cordero. Allí, hoy, se levanta “El Cilindro de Avellaneda”. Pero en otro sector de la ubicación original del antiguo estadio de madera. De allí el debate y la disputa…
Sin embargo, antes, en esos meses fundacionales, la casa provisoria del albirrojo se ubicaba en la esquina de 19 y 50. La cancha se extendía de manera paralela a la calle 50, de 19 hacia 20, en terrenos de la familia Tettamanti, comerciantes y propietarios de la empresa de tranvías “El Nacional” que tenía su terminal en los galpones de 20 entre 49 y 50. Ese mismo inmueble que se usaba, en comodato, como vestuario y guarda de camisetas y pelotas y que décadas después sería, entre otras, la sede de la dirección de tránsito municipal, lindante al descampado donde se erguían los predios que los jóvenes platenses usaban para jugar al fútbol y que luego se transformarían en el Regimiento 7 de Infantería y, a fines del siglo XX, en la Plaza Malvinas Argentinas.
Allí, el 5 de noviembre de 1905, quedaría patentada para siempre la primera vez de Estudiantes jugando en su ciudad. El match se programó contra los porteños de Wanderers Nacional, que llegaron a La Plata con varios “refuerzos” de la división juniors del Club Atlético San Isidro. Fue una tarde soleada, dominada por el fuerte viento que, además, se incrementaba en ese sector “rural” de la ciudad hacia 1905. Eso favoreció al team albirrojo, que dominó en un lujurioso segundo tiempo y marcó la diferencia final: 2-0, con goles de H. Tolosa y Raúl Susini, un apellido familiar en la grey albirroja, ligado a los precursores de la radiofonía argentina en esas primeras décadas del siglo XX.
Las crónicas son difusas y plausibles de errores, ya que ninguna de las narrativas gráficas en prensa coinciden en esos once nombres fundacionales. Citan incluso como delantero al futbolista Tolosa (otro de pasado tripero) sin aclarar a cuál de los dos reconocidos hermanos se refería: Honorio u Horacio.
Arriesguemos, aquellos que jugaron por primera vez en La Plata representando a Estudiantes contra Wanderers Nacional y quedaron en la historia, serían: Alejandro Fernández, el goalkeeper; Emilio Cortelezzi y Julio F. Lavié, los backs; Raúl Susini, Raúl Salas y Julio Sánchez Viamonte, los halfs; Antonio Ferreiroa, J. Sala, H. Tolosa, E. Martínez y Jorge Luis Hirschi, los forwards. Y un pibe destacado sobre el resto, a días de cumplir sus 16 años, en la canónica crónica del diario El Día publicada el 6 de noviembre de 1905: “… entre los forwards sobresalió Hirks (sic) por sus buenos centros”.
Hirschi, Jorge Luis, el hombre del estadio: a 120 años de aquella tarde, comenzaba la leyenda…

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sábado, 18 de octubre de 2025

El olvidado clásico al que no fue nadie


En un país aún de marimba por el desafío político de Perón y su regreso a Argentina en noviembre, y a días de que el mundo se conmoviera por el rescate de unos rugbiers uruguayos accidentados en la inmensidad de la nieve cordillerana, Triperos y Pinchas jugaron por un Torneo de Reclasificación que definía los descensos de la temporada. El partido completó un miércoles 27 de diciembre de 1972, en Quilmes, con menos de 1.000 hinchas en las tribunas

Fue el periodista Osvaldo Tomatti, ese autodidacta de la tinta en papel que bajo el seudónimo “Mercurio” retrató mejor que nadie en las páginas del diario El Día la historia de la brega local, el que surcó este legado archivístico en una de sus últimas coberturas clásicas; en 1987, haciendo revisionismo sobre todos los duelos oficiales y amistosos que Estudiantes y Gimnasia lidiaron desde aquel primero de 1916 en el transcurrir del fútbol amateur.
De todos ellos, ninguno tan excepcional como el programado por la Asociación del Fútbol Argentino para el sábado 23 de diciembre de 1972, por la 4° fecha del Torneo de Reclasificación que definiría los dos descensos de categoría para la Primera B de 1973.  Sería, ese, el primer y único clásico oficial, de los 176 jugados hasta hoy por campeonatos regulares de Primera División entre el amateurismo y el profesionalismo, organizado en terreno neutral y fuera de las diagonales: el escenario elegido fue la antigua cancha de Quilmes, la de tablones de la esquina de Guido y Sarmiento que el Cervecero usara hasta 1995.
Hasta ahí, tres veces se habían enfrentado Estudiantes y Gimnasia durante 1972: dos por el Torneo Metropolitano y una por el Nacional. Y el último antecedente aún estaba fresco. Había sido por la 13ra. fecha del Nacional, el 10 de diciembre de aquel año y con goleada de Gimnasia en campo albirrojo, 4-1, con goles de Néstor Gómez, Marasco y doblete de Walter Durso.
Pero por esos “sinsentidos” tan recurrentes en la pendular historia reglamentaria y organizativa de la AFA, aún quedaba un casillero por completar. San Lorenzo ya se había consagrado bicampeón al meter doblete del Metropolitano y el Nacional -el equipo conducido por el “Toto”, Juan Carlos Lorenzo- y la temporada tenía puesta la tapa. Pero restaban definirse los dos descensos. Y la AFA había dispuesto que los últimos seis equipos del Metropolitano debían cruzarse, todos contra todos, a una rueda, sin revanchas y en canchas neutrales, recién a finales de diciembre y tras la definición del Torneo Nacional, para rubricar quiénes bajaban al oprobio del ascenso. Los últimos dos se iban a la B.
Estudiantes y Gimnasia habían terminado 13° y 15°, respectivamente, en el Metro, y quedaron obligados a jugar el extravagante Torneo Reclasificatorio que definiría algo que ya estaba definido de antemano. ¿La razón? Los puntos obtenidos por esos seis clubes (Estudiantes, Gimnasia, Atlanta, Ferro, Lanús y Banfield) en las 34 jornadas del Metropolitano se “arrastraban” en la suma total de unidades, como suele darse en torneos regulares de deportes como el básquet, y se adicionaban a la tabla final que se confeccionaría tras las cinco fechas del Reclasificación: a Banfield, el último del campeonato, se le habían descontado 36 puntos por un intento de soborno a los dirigentes de Ferro Carril Oeste en un partido que el Taladro debía ganar sí o sí al enfrentar a los de Caballito en 1971; y Lanús, anteúltimo en el Metropolitano, había sacado sólo 12 unidades en los 34 encuentros. Antes de empezar, por simple cálculo matemático, los descensos de los dos sureños ya estaban decretados. Y el Torneo Reclasificatorio debía jugarse igual. Tan insólito como inédito…

Partido, suspensión y cancha raleada
Es cierto, bramará el lector atento: tan excepcional este de 1972 como aquel de la segunda etapa del aislamiento social, preventivo y obligatorio (la ASPO) por la pandemia de covid-19, cuando la lidia de Estudiantes y Gimnasia se organizó, por primera vez en la historia, a puertas cerradas por el interzonal de la Copa de la Liga 2021 en 55 y 1.
Pero si el clásico no tuvo hinchas por obligación presidencial en ese abril de 2021, el que empezó a jugarse el 23 de diciembre de 1972 careció de todo interés pese a que las puertas estaban abiertas para ambas parcialidades en su traslado hasta la localidad de Quilmes.
1972: agosto fue el mes del frustrado escape de presos políticos del penal de Rawson que terminó en masacre, 19 fusilamientos y solo tres sobrevivientes; en noviembre, Juan Domingo Perón había regresado de su exilio español, tras 17 años, inmortalizado en la foto del paraguas negro sostenido por Rucci; y la misma mañana del olvidado clásico aquí narrado, los diarios daban cuenta del “Milagro de Los Andes”, con la foto en tapa de uno de los sobrevivientes, Fernando Parrada, y el rescate de los pibes uruguayos que iban a jugar rugby a Chile y sobrevivieron 72 helados días en la intemperie de la Cordillera.
El clásico no definía nada. Carecía de interés. Apenas otro ladrillo en la pared del historial para completar obligatoriamente el fixture y a sólo 48 horas de la Navidad, más allá de que la historia, implacable, deba decir que alguna vez, en 1972, las dos históricas escuadras platenses del fútbol asociacionista jugaron por un hexagonal que definía los descensos de categoría.
Es ese contexto, el sábado 23 de diciembre, en el viejo estadio de Quilmes, Estudiantes y Gimnasia disputaron la primera parte del partido olvidado: fueron sólo 62 minutos. Gimnasia, con la base de jugadores titulares que terminaron el Torneo Nacional y que habían goleado al Pincha dos semanas antes; Estudiantes, empero y no sin riesgo de catástrofe resultadista, con mayoría de juveniles: el plantel superior había sido licenciado para adelantar las vacaciones de verano.
Fue a los 17 minutos del complemento cuando el árbitro, Andrés Mateo, decidió la suspensión. Ganaba el Lobo, 2-1: el persistente aguacero había trasformado el césped quilmeño en un potrero con ínfulas de caballeriza. Eran tan pocos los espectadores, que incluso se les permitió a los hinchas de ambos clubes amontonarse en la platea techada para guarecerse de la lluvia. Se habían recaudado apenas 1.630 pesos ley. Y la comparación no deja lugar a las dudas: las boleterías juntaron veinte veces menos de dinero que lo que se había recaudado en el último clásico jugado por el Torneo Nacional, ese del triunfo tripero por 4-1 en predio albirrojo.
Si algo le faltaba al clásico del olvido era la suspensión y que Estudiantes y Gimnasia debieran reunirse para completar esos 28 minutos inconclusos del “menos oficial” de todos los derbis oficiales jugados en la historia. La AFA dispuso el mismo escenario, la cancha de Quilmes, el miércoles 27 de diciembre por la tarde. Se dividieron en dos tiempos de 14 minutos y Estudiantes, en voz titular del diario El Día, lograría “la hazaña del empate” con una corajeada hecha gol por el juvenil Oscar Suárez a los 3 minutos del segundo tiempo de la prórroga.
La historia contará la inusual camiseta alternativa usada por el Lobo en la reanudación, simulando el modelo del Ajax holandés con una ancha franja vertical blanca central sobre el pecho azul; los reproches del entrenador tripero, Oscar Montes, para sus dirigidos por no definir un clásico que parecía cerrado contra un rival repleto de elementos de divisiones juveniles; y la historia de aquel pibe pincharrata, Oscar Suárez, que logró el agónico empate en la inédita brega platense del Reclasificatorio ‘72, futbolista que, siendo promesa en Estudiantes, se había destapado en Temperley con destellos inolvidables como el doblete de gol que le metió al River bicampeón de Labruna y que durante una gira por África, ya siendo jugador de Talleres de Córdoba, en el verano de 1976, moriría, tras contraer paludismo en Zaire, en el Hospital Gandulfo de Lomas de Zamora con apenas 23 años.

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sábado, 9 de agosto de 2025

Abismos en soledad


Fue con cerveza barata
de las que plástico
esas marrones
las de resaca inútil de bolsillo

Una madrugada en loop
algo de loop en esa angustia
fue

Y entre llamados sin atender
entre los dedos
del índice al táctil
(sólo se olía oscuridad)
Dijo: "Ops"
"No te va a abrazar ni tu mamá"
Es cierto
confesé 
ya de día
Murió en el '16

domingo, 22 de junio de 2025

El Mundial FIFA y el dato con la historia albirroja

Con el inicio de la 21º edición del máximo torneo de clubes de fútbol a nivel mundial, un barrido por la participación de los equipos nacionales. Estudiantes y un dato singular entre los únicos cuatro equipos argentinos que tuvieron el privilegio de disputarlo

Tres son los clubes sudamericanos que, hasta hoy, consumaron la hazaña de derrotar a los europeos en la final de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA; y los tres brasileños: San Pablo e Internacional de Porto Alegre, que dieron cuenta de Liverpool y Barcelona en 2005 y 2006, y el tercero, Corinthians, con el récord para clubes asociados a Conmebol de ostentar un bicampeonato: le ganó la final de la primera edición (esa excepcional del verano 2000 organizada en Brasil, por única vez, como Campeonato Mundial de Clubes) al Vasco da Gama por penales y, en 2012, al Chelsea del español Rafa Benítez con un recordado gol del peruano Paolo Guerrero. Este, de 2012, es el último grito de un equipo no europeo en el Mundial de Clubes. Pasaron 13 años.
Las participaciones de los clubes argentinos se reducen a sólo cuatro a partir del cambio de formato, cuando en 2004 la histórica Copa Intercontinental, que desde 1960 solo jugaban los campeones europeos y sudamericanos, mutó al actual Mundial de Clubes con la extensión de participación a los equipos campeones del resto de las confederaciones mundiales de fútbol: Norte y Centro América, Oceanía, Asia y África.
Boca fue el primero en disputarlo, en 2007. Empezó en semifinales contra Étoile de Túnez (ganó 1-0) y cayó en la final (2-4) ante el Milan de Italia. Luego llegaría la épica del Pincha de Alejandro Sabella en la final contra el Barsa de Guardiola de la edición 2009. Estudiantes sacó en semis al Pohang coreano (victoria 2-1 con goles del Chino Benítez) y perdió la final en tiempo suplementario tras igualar 1-1 los 90 reglamentarios después del gol de Pedro a los 43 del ST. Es el único club argentino que logró empatar y forzar los 30 minutos de alargue en una final de Mundial de Clubes. Perdió 1-2, el 19 de diciembre de 2009, y a nada estuvo de llegar a los penales con un cabezazo final del Chavo Desábato que salió pegado al poste izquierdo de Valdés, portero catalán. Tan épica como dolorosa, aquella final para la grey albirroja.
Después de la experiencia pincharrata, pasarían cinco años sin representantes argentinos. Llegaría el desafío por duplicado para el River de Gallardo y la proeza del San Lorenzo de Edgardo Bauza. Experiencias, ambas, para el olvido. San Lorenzo fue dominado por el Real Madrid, que le hizo precio (0-2) en la final de Marruecos 2014, mientras que River perdió la edición 2015 por goleada (0-3) contra el Barcelona de Luis Enrique, Messi y compañía. Y ni siquiera accedió a la final en el Mundial de Clubes 2018, cuando claudicó en la semifinal, por penales, contra el Al-Ain de Emiratos Árabes Unidos, horas después del 9 de diciembre victorioso contra Boca en Madrid, en la inédita definición de la Libertadores disputada en Europa por primera y única vez.
Flamengo, de Brasil, en 2019, y Palmeiras, en la edición 2021 contra el Chelsea de Inglaterra, fueron los otros dos representantes sudamericanos que lograron empatar y, aún en la derrota, forzar la prórroga de 30 minutos como Estudiantes en 2009.
River perdió la edición 2015 por goleada (0-3) contra el Barcelona de Luis Enrique, Messi y compañía. Y ni siquiera accedió a la final en el Mundial de Clubes 2018, cuando claudicó en la semifinal, por penales, contra el Al-Ain de Emiratos Árabes Unidos.

Supremacía europea
Corinthians, de Brasil, tiene el privilegio de ser el único equipo sudamericano en contar con dos estrellas de la Copa Mundial de Clubes, y de ser el último en haber alzado el trofeo hace ya largos 13 años. Fue en 2012 ante el Chelsea. Desde 2013, cuando el Bayern Münich dio cuenta del Raja Casablanca de Marruecos en la final (2-0), todos los campeones fueron de UEFA. De las 20 ediciones, los clubes de UEFA ganaron 16 y, los de Conmebol, solo 4.
El Campeonato Mundial de Clubes de la FIFA, desde que sumó a los clubes campeones de todas las confederaciones, marcó un quiebre indisimulable en esta estadística, ya que con el antiguo formato de Copa Intercontinental (campeón de Libertadores versus campeón de Liga de Campeones de Europa) los ganadores del máximo trofeo se repartían entre los 22 de Sudamérica y los 21 de Europa, siendo Milan, Real Madrid, Boca, Peñarol y Nacional de Uruguay los máximos ganadores con tres copas cada uno.
Desde la instauración del Mundial de Clubes, la supremacía es europea y española, con las seis conquistas del Real Madrid, que lo ubican, largamente, como el máximo ganador histórico con 9 títulos mundiales, entre los logros de copas intercontinentales y mundiales de clubes.

* Unos garabatos sueltos, pensados y publicados en 90 Líneas.

sábado, 21 de junio de 2025

Inéditos: Gimnasia de rojo, Estudiantes de azul


Los conjuntos alternativos constituyeron, muchas veces, un problema en los clubes hasta bien entrada la década del ’70. Así pasó en Gimnasia y Estudiantes

Sobran ejemplos. Bacán, si no, citar el caso por antonomasia del fútbol moderno ocurrido durante el Mundial Argentina 1978, cuando el seleccionado francés debió engayolar de urgencia la camiseta verde y blanca a bastones de Kimberley de Mar del Plata para enfrentar a Hungría. Situaciones parecidas vivieron Gimnasia y Estudiantes.
En referencia a lo ocurrido en la mencionada Copa del Mundo, un error en la logística de organización, la FIFA había sugerido que los equipos cambiaran sus atuendos tradicionales -el azul y el rojo de ambos países no se distinguían en transmisiones televisivas que mayormente eran para televisores en blanco y negro, en Argentina y en el resto del mundo- sin reparar que las alternativas de ambos eran blancas.
Las dos selecciones se presentaron con las Adidas claritas (canija picardía la de los galos, al parecer, que no querían jugar con la azul habitual y forzaron la situación) pero terminó siendo Francia, finalmente, quien coronó de historia, ante el mundo, al desconocido Kimberley oriundo de una ciudad balnearia de la costa atlántica argentina al usar su insignia.
De tal forma, según una parte de la biblioteca, la actual divisa de River, originalmente blanca, nacería de la necesidad de agregarle un distintivo rojo a la clásica casaca lisa en blanco que el Millonario lucía durante un partido en que su primer equipo se habría enfrentado con otro de similar color.
Que no es otro que el uniforme del elenco de Núñez con la banda roja cruzando el pecho de izquierda a derecha que conocemos desde los inicios de la era profesional, cuando el presidente Antonio Vespucio Liberti dispuso, en 1932, volver al uniforme original y retomar los colores de la época fundacional.
En los años del amateurismo, cuando River aún se identificaba con el apodo de “Darsenero” en su época bachicha del barrio La Boca, usaba la famosa casaca tricolor (roja, blanca y negra) a bastones que tantas reediciones tuvo a lo largo de su historia y que fue, hasta entrada la década de 1980, el uniforme suplente habitual del club que tiene su estadio en el porteño barrio de Belgrano.

El Lobo del ’62: del Santos de Pelé a Cambaceres
Fue el Gimnasia de 1962, el del nacimiento del apodo Lobo del ilustrador Julio César Trouet, que se vistió de rojo en varios partidos de esa temporada (hay antecedentes similares del mens sana durante el Campeonato de Primera División 1948) como uniforme suplente, aunque la historia canónica ubican una fecha exacta por la importancia de aquel acontecimiento canicular sucedido en avenida Iraola y 60: el 9 de febrero de 1962, por los festejos del 75° aniversario del club, el Santos de Brasil comandado por Pelé, que ese año ganaría la triple corona al campeonar en Brasileirao, la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental, vino a jugar al Estadio del Bosque, apenas empató 2-2 y el Lobo vistió de rojo.
Parece que esa noche, además de que los directivos triperos habrían solucionado el inconveniente por su estrecha relación con los dirigentes de Cambaceres, que les habrían ofrecido las remeras, Carlos Daniel Bayo fue figura en la férrea marca para anular al crack de la “10”, según el semblante pregonado en tinta en el diario El Día.
Sin embargo, aunque los medios gráficos confirmaron el uso del atuendo rojo esa noche, esta hipótesis que hermana al Lobo con el club de Ensenada no figura en los registros oficiales del Museo y Archivo Histórico de Gimnasia: “No tenemos constancia de ese posible préstamo extraordinario efectuado por Cambaceres para el partido con Santos”, confirma Jorge Babaglio, integrante e investigador del museo tripero.
Hubo otras excepciones con Gimnasia luciendo rojo como alternativo, pero en este caso en combinación azulgrana, tanto en una camiseta a bastones, idéntica a la de San Lorenzo de Almagro, como en otra con diseño romboidal con primacía del azul, en los ’40, como enumera la detallada investigación del historiador Ángelo Clerici contenida en gelp.org; además de una roja y negra a mitades verticales al estilo de Newell’s utilizada sólo dos veces, contra River y Huracán, en el torneo superior de 1937; alguna otra íntegramente celeste con bolsillo blanco y hasta una casaca del Everton de Parque San Martín usada en 1946, como si hubiera mutado en Atlanta o Rosario Central, entre otras inéditas y extraordinarias.

Las alternativas de emergencia: Gimnasia de rojo y Estudiantes de azul
Así como Gimnasia cambiaba de atuendo y colores (siempre a criterio del juez) cada vez que Vélez, Huracán, Quilmes o, hasta River, llegaban al Bosque, lo mismo sucedía en el Pincha cuando era visitado por Chacarita, San Lorenzo, Talleres de Escalada y, en el final de la era amateur, Barracas Central; o, más cerca en el tiempo, desde que se sumaron Unión de Santa Fe y el San Martín tucumano al fútbol porteño asociacionista.
Si bien la alternativa de Estudiantes ha sido históricamente blanca (hay documentos del museo oficial albirrojo que confirman su uso durante sus primeras temporadas en la Primera División de la FAF, entre 1913 y 1914); y, desde el inicio del profesionalismo hasta finales de los ‘60, calzando regularmente una roja con cuello blanco, tampoco fue excepción el uso del color emblema de su rival regional: así como Gimnasia se vistió de rojo, Estudiantes lo hizo excepcionalmente de azul con vivos rojos o blancos en varias temporadas oficiales enfrentando a River, Chacarita o San Lorenzo, entre las décadas del ’50 y del ‘60. ¿Una ecuanimidad que se antojaría prohibida, hoy, dado esos hinchas de ansiedad denunciatoria que tildan el minuto a minuto de su equipo en X, Facebook o Instagram?
Incluso, el Pincha supo vestir el celeste y blanco patrio a rayas verticales (aunque tricolor, porque los colores se escindían por rayas finas negras) como divisa alternativa en varios partidos de la temporada 1924 según reveló una minuciosa investigación del Museo Estudiantes; de rojinegro, portando una camiseta a cuadros moldeada como la titular del seleccionado croata, cuando brillaba en cancha la delantera de “Los Profesores”; y, más acá en el tiempo, de naranja ocre o de amarillo dorado, con las firmas Umbro y Topper, a partir de la imposición moderna de las marcas deportivas por el uso obligatorio de un tercer uniforme. Como, de la misma forma, el Lobo se ha vestido de verde en un supuesto homenaje de marketing al arbolado bosque que lo contiene como casa desde 1924.
“Lo primero a considerar, en este tema, es la cuestión estatutaria. Los clubes que se afiliaban debían presentarse ante la asociación oficial y elevar una moción con la propuesta de la indumentaria a utilizar en sus partidos. En el caso de Estudiantes, es conocida la historia que propone un diseño similar al de Alumni (NdR: roja y blanca a rayas verticales finas, como el modelo milrayita que luego adoptarían clubes como Los Andes, con hasta doce bastones de cada color sobre el pecho) que no le permitieron utilizar. Por ese motivo, y sobre todo porque aún no estaba el estadio terminado en 57 y 1, el club se mantuvo firme en su postura y no volvió a competir oficialmente sino hasta 1908. Ahí es el momento en el que se modifica el tamaño original de las bandas verticales, para hacerlas más anchas y diferenciarse de Alumni”, corrobora Guido Martinaschi, quien es presidente del museo oficial pincharrata. Y enumera, con relación a las camisetas alternativas:
“Desde los inicios, la indumentaria de entrenamiento era totalmente blanca, con lo cual se intuye que, en el caso de tener que cambiar los colores, que era algo que no estaba regulado justamente porque cada club debía tener un diseño propio y exclusivo, Estudiantes usaba la camiseta blanca que menciono. Algo que sucedió, claro, en esos primeros años, cuando el equipo principal jugó un amistoso en La Plata contra River Plate de Montevideo. Siendo un partido internacional, se chocaron los colores de los dos equipos y Estudiantes, al ser local, usó la casaca blanca como alternativa. ¿Pudo haber sucedido antes? De seguro, aunque no podamos documentarlo, pudo haber utilizado alguna camiseta suplente en algún otro partido amistoso de esos primeros años fundacionales.”
Se puede ensayar una explicación ligera y que se corresponde con una tendencia que era histórica a nivel mundial: los equipos con equiparaciones rojiblancas, sin tener a disposición el negro como tonalidad oscura primordial para el uniforme suplente por ser exclusivo de los árbitros hasta el Mundial 1994, se perfilaban por el azul (marino o eléctrico) como tono divergente más cercano para enfrentar a clubes que llevaran los mismos colores. ¿Ejemplos? Atlético de Madrid y Atlético de Bilbao, en España, el Ajax en Holanda o, en Argentina, Instituto de Córdoba, Unión de Santa Fe o Talleres de Remedios de Escalada. Roja y blanca a rayas verticales como titular oficial y la azul oscura como alternativa. Otros tiempos, donde las casacas se mantenían sin cambios de diseño hasta por lustros según la marca que patrocinara o lo que, por presupuesto institucional, pudieran conseguir los dirigentes para representar a su división superior en los torneos del ente oficial.

Estudiantes de Gutenberg
Ese inconveniente usual en los años que van desde el puntapié del fútbol amateur hasta las primeras décadas profesionales, para dar con un uniforme alternativo en caso de no tenerlo a mano, lo viviría Estudiantes en el campeonato de 1942 al recibir a San Lorenzo y Chacarita. Esas tardes, a sugerencia del juez, sortearon el desliz vistiendo una inédita camiseta de su combinado de básquet. Era blanca, de mangas cortísimas, aunque no musculosa, con dos finas líneas rojas cruzando el pecho. La titular a bastones rojiblancos y la alternativa más a mano que el club poseía en ese entonces (una roja con vivos blancos) no habían sido autorizadas por el juez al no distinguirse contraste con la azulgrana de los Cuervos y la tricolor histórica del Funebrero. De allí que, para evitar la suspensión del partido, la directiva pincha hubo de recurrir de apuro a las pilchas de otra disciplina.
“Hemos señalado, ya, que los lances no pueden iniciarse con puntualidad por lo tarde que comienzan los preliminares. Si a esto agregamos que, ayer, el referee Cángaro retrasó la brega principal al disponer recién el cambio de camisa a los locales cuando estaba por elegirse valla, tendremos que hacer menester corregir la hora en los lances de Tercera y obligar a los jueces a un mayor celo. El público merece mayor consideración”, se describía el mal de antaño en las páginas del matutino El Día.
Pero, si de extrañezas se trata, perfilan las tardes que Estudiantes recibió en 55 y 1 a Talleres de Escalada y Chacarita por el torneo profesional de la Liga Argentina en 1933. Domingos que, “de emergencia”, el elenco superior albirrojo usó la divisa albiverde a bastones de una institución señera de la liga local: Gutenberg, el club local que alquilaba la cancha de Circunvalación en el predio histórico que Gimnasia usufructuara hasta su arraigo definitivo en el Paseo del Bosque en 1924.
Los once pincharratas saltaron a la cancha con la camiseta original a rayas verticales en rojo punzó y blanco y el árbitro les pidió el cambio en el mismo campo de juego. Buscaba no demorar el inicio del partido mientras esperaban que llegaran los atuendos desde las instalaciones de Club Gutenberg en 12 y 71. Épocas donde el colegiado a cargo conocía la vestimenta que traía el equipo visitante minutos antes del horario oficial de inicio, claro.
Curiosa, también, fue la recomendación anti mufa del cronista luego de que el Pincha perdiera por goleada aquella tarde del 6 de agosto de 1933 contra Talleres de Escalada jugando de albiverde: en “Notas sueltas del partido”, sugería “no felicitar el acierto en la elección de camisetas por parte de Estudiantes: ¡usar la que usa Gutenberg! Eso es sencillamente desear la derrota porque ya es sabida la buena suerte que siempre ha tenido la entidad de la calle 12 y 71. Cuando después de mucho luchar, se gana el ascenso a la Asociación Argentina (NdR: Gutenberg había ascendido a la Primera Amateur tras un repechaje, y la reestructuración de 1933, y aún mantenía el litigio con la hoy AFA esperando la resolución administrativa que confirmara su ascenso) no lo quieren dejar subir” y recomendaba mirar para el Uruguay y optar para la próxima “por las camisetas celestes de los de la vecina orilla”.

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