domingo, 31 de mayo de 2026

Córdoba: el grito que esperó más de 130 años


El hito de Belgrano de Córdoba en la final victoriosa contra River lo convierte en el primer club indirectamente afiliado a la AFA en conquistar un campeonato regular de liga. Un privilegio reservado exclusivamente, hasta el pasado domingo, para equipos del eje fundacional asociacionista y porteño integrado por CABA y las provincias de Buenos Aires y Santa Fe

Fue el Club Atlético Belgrano, nomás: el de barrio Alberdi; el de la Mona y la hegemonía del cuarteto cordobés; el que siempre vio de abajo a su vecino “grande” y archirrival Talleres, después de tantas oportunidades desaprovechadas por los albiazules de la “T” en los últimos años, quien finalmente inscribió, un 24 de mayo de 2026 que ya es leyenda, el nombre de la provincia de Córdoba en la historia grande de ese fútbol argentino siempre porteño y apenas con atisbos de “nacional” desde la creación de este campeonato oficial en 1967.
Y no es una conquista más: no sólo es la primera vez en 135 años de background asociacionista que un equipo indirectamente afiliado a la AFA conquista un campeonato regular en la máxima categoría del fútbol argentino. Sino que, con Belgrano, Córdoba se suma a las únicas dos provincias que, junto a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, lograron inscribir alguna vez algún club propio en la exclusiva lista de campeones nacionales oficiales desde 1891: Buenos Aires, con los títulos de los clubes de La Plata y un variopinto número de equipos del Gran Buenos Aires, y Santa Fe, con los logros alcanzados en el torneo de división superior por los equipos rosarinos más populares: Central y Newell’s.
La estrella de Belgrano en este Torneo Apertura 2026 se suma a los recientes hitos del fútbol de tierra adentro, que encadenaron distintos títulos oficiales de copa en el último lustro: las conquistas en Copa Argentina de Independiente Rivadavia de Mendoza en 2025, de Central Córdoba de Santiago del Estero en 2024 y de Patronato de Entre Ríos en 2022, que se vincula con el primer título oficial de Talleres de Córdoba en el ámbito local cuando el año pasado levantó la postergada Supercopa Internacional 2023 al vencer a River en Asunción.
Cuatro provincias y cinco nuevos clubes del interior suscribieron su nombre a la élite de campeones de la asociación oficial en los últimos cinco años, con el dato excluyente que marcaba que, desde 1944 y hasta 2022, sólo Tucumán contaba con ese privilegio por fuera del eje fundacional asociacionista integrado por clubes de Buenos Aires y Santa Fe. Es que hasta el título de Patronato en la final victoriosa contra Talleres de Córdoba de la Copa Argentina 2022, había que retroceder hasta 1944 para encontrar al último campeón de una competencia nacional, organizada por el ente oficial, cuyo origen no estuviera dentro del eje fundacional histórico de la Asociación del Fútbol Argentino: fue San Martín, el “Santo” de la provincia de Tucumán, consagrado como el mejor en la extinta Copa República de 1944 venciendo en la final a Newell’s Old Boys por 3-1, el primer equipo campeón de los indirectamente afiliados a la AFA, aun siendo un título de copa, de toda la historia…
Ese hito tucumano quebraría, 78 años después, el Club Atlético Patronato de la Juventud Católica de la ciudad de Paraná. Ese hito de que una institución ajena al circuito productivo de los puertos La Plata/Buenos Aires/Rosario/Santa Fe consiguiera un título oficial de AFA. Sólo dos años después, y ocho décadas más tarde que aquella epopeya tucumana de 1944, se sumaría Central Córdoba de Santiago del Estero con su histórica consagración en la Copa Argentina 2024, cuando le ganó al rocoso Vélez de Gustavo Quinteros la final jugada en el estadio de Unión de Santa Fe.

Una deuda pendiente… saldada 135 años después
Por si fuera poco, la (discutida) proliferación de competiciones en la AFA actual -dos campeonatos regulares, un campeón anual de liga, una copa anual federal y otras tres con definición a partido único por temporada- hizo que el título de Belgrano llegara para saldar, definitivamente, algo que, en parte, ya había empezado a suturar el fútbol de Córdoba con Talleres al ganar la Supercopa Internacional o al levantar la Copa Conmebol de la CSF en 1999. Si bien la “T” obtuvo la Supercopa el año pasado, no hay equivalencias entre aquel logro, definido en final a partido único, y convertirse, como el “Pirata”, en el primer equipo de la historia del fútbol cordobés en ganar el campeonato oficial del fútbol argentino que la hoy AFA organiza regularmente, y sin interrupciones salvo en 2020 por la pandemia de COVID, desde 1893.
Además de Independiente Rivadavia, Talleres, Central Córdoba, Patronato y, desde el pasado domingo, Belgrano, por mencionar los nuevos campeones federales del último lustro, hay otros 41 clubes argentinos que, desde fines del siglo XIX, han ganado al menos una competencia oficial organizada a nivel “nacional” por la AFA, llamada así desde la fusión definitiva de la Liga Argentina Profesional disidente y la Asociación Amateur oficial, en 1935.
Las últimas incorporaciones a este pergamino lustroso de campeones oficiales, que hoy totaliza 46 equipos, habían sido las de Platense, al ganar por primera vez en su historia el torneo de liga en el Apertura 2025, y la “Lepra” mendocina, que en noviembre pasado se quedó con la Copa Argentina venciendo por penales a Argentinos Juniors, mientras en este 2026 lidera la Tabla Anual de la Liga Profesional de Fútbol y su grupo en la Copa Libertadores de América. Otro hito.

La geopolítica, condición necesaria y suficiente
Pese a que el país tiene 24 jurisdicciones administrativas, a lo largo de la historia los clubes argentinos campeones de competiciones oficiales nacionales e internacionales se reparten sólo entre ocho de ellas: la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Tucumán, Entre Ríos, Córdoba, Santiago del Estero y Mendoza. El dato no es para menospreciar y es cuantificable: cuatro de esas ocho provincias/jurisdicciones se anotaron a ese listado top de campeones recién entre 2022 y 2025. Un récord de leyenda para una AFA siempre pendiente de un fútbol centralizado históricamente en el eje fundacional porteño.
La geopolítica interna del país condicionó al fútbol criollo desde principios del siglo XX; la marca de su principal puerto comercial y comunicacional como eje de salida hacia el “mundo”, también. Hubo algunos mínimos atisbos de reconocimiento en los albores del fútbol como identidad colectiva, cuando la AFA, de aún denominación inglesa con “football” en lugar del castellanizado fútbol, amplió las “fronteras” de lo argentino reconociendo a la liga regional de Rosario, a la que incorporó oficialmente de manera regular para que se enfrentara contra el campeón porteño en la disputa anual del llamado Campeonato Argentino –la Copa Ibarguren– desde 1913. Porteños contra rosarinos jugando por el título “argentino”.
Los límites de la nacionalidad futbolística oficial, en la práctica, se abrieron desde siempre dentro de la pampa húmeda, contemplando a los clubes rosarinos y, sólo años después, a los santafesinos. Pero poco más. De hecho, de esos concursos organizados en el circuito productivo de los puertos La Plata/Buenos Aires/Rosario salieron los representantes argentinos que jugaron las primeras copas internacionales contra clubes uruguayos: la Copa de Competencia, la Copa de Honor “Cusenier” o la Copa Aldao. De allí que, a más de cien años de consolidarse esta estructura, aparezcan antiguas consagraciones de clubes como Tiro Federal o Atlético del Rosario, hoy un participante habitual del rugby nacional que, sin embargo, fue parte constitutiva del nacimiento del football criollo, siendo el primer club rosarino de la historia en disputar el Campeonato de Primera División de la AFA, en 1894.
Sea dicho y reafirmado: desde sus orígenes, la historia oficial del fútbol nuestro designó a sus “campeones nacionales” por la Copa Campeonato que exclusivamente jugaban unas pocas -pero trascendentes y fundamentales en la memoria colectiva por su popular arraigo social y cultural- instituciones ubicadas dentro de la Capital Federal, el Área Metropolitana del Gran Buenos Aires y la capital provincial: La Plata.
Recién entre 1939 y 1948 se dio una primera apertura “efectiva” sumando a las entidades más representativas de las ciudades de Rosario y Santa Fe como afiliadas directas de la AFA. Así empezaron a competir de forma regular en los concursos porteños: primero fueron Newell’s Old Boys y Rosario Central, luego Unión y después Colón.
Pero no sería sino hasta 1967 -pese a la discontinua disputa de competencias federales e inclusivas como la citada Copa de la República ganada por San Martín de Tucumán en 1944– y la creación del Campeonato Nacional, cuando, después de siete décadas de fundada la Asociación, se organizaría un torneo evidentemente “argentino y federal” con representación regular e institucional de la mayoría de las provincias. Aunque ya no por puntos con el formato de liga clásico de todos contra todos, sino por zonas y posteriores series de eliminación directa como en las competiciones de copa. Fue cuando los “grandes” del interior empezaron a tener visibilización a nivel nacional y aparecieron los primeros títulos oficiales en Primera División de los dos grandes de Rosario, en 1971 y 1974; o los subcampeonatos de Talleres de Córdoba (1977), el Unión santafesino (1979) y el Racing de Nueva Italia cordobés (1980).
El albiazul cordobés tendría otras grandes campañas en el siglo XX: fue 4º en 1974, semifinalista en los campeonatos Nacionales de 1976 y 1978 y 3º en el campeonato regular de Primera División de 1980, cuando se ganó en la cancha el derecho a jugar anualmente el Metropolitano de los porteños gracias a la Resolución 1.309 que ascendía, vía decreto, clubes del interior a la máxima categoría.
En esta última década del siglo XXI llegaría el esplendor moderno del fútbol cordobés. La historia parecía reservarle el privilegio a Talleres con los subcampeonatos en las Copas Argentina 2021 y 2022, en finales perdidas contra Boca y Patronato, y en los torneos de la Liga Profesional 2023 y 2024 donde también terminó segundo y el grito volvió a quedar atragantado. Quiso el destino, nomás, que sea Belgrano quien escriba definitivamente en la gloria de la historia al fútbol de aquella provincia al ganar el primer campeonato de un club cordobés en más de 130 años de asociación oficial.

Los 46 campeones de torneos superiores de AFA, Conmebol y FIFA
Al Atlético del Rosario (Rosario Athletic) lo abraza el honor de haber sido el primer campeón “de tierra adentro” de un torneo de fútbol organizado por las entidades oficiales antecesoras de la hoy AFA: el primero “no porteño” en lograrlo. Ganó tres ediciones de la Copa de Competencia “Chevallier Boutell” (1902-1903-1905). Considerada la primera competición internacional del continente, era organizada entre clubes del campeonato de Buenos Aires (Argentine Football Association), la Liga Rosarina y la Liga Uruguaya.
De Rosario, también se anotan como campeones Tiro Federal (con la conquista de la Copa Ibarguren 1920), Central Córdoba (Copa Beccar Varela 1933) y, claro, Rosario Central y Newell’s Old Boys, los campeones rosarinos modernos que también se anotan con varios títulos del profesionalismo en el principal torneo de Primera División, la hoy Liga Profesional de Fútbol.
Por fuera del eje del puerto de Rosario, recién en 2021 la provincia de Santa Fe pudo anotar a un campeón de otra ciudad: Colón, de Santa Fe de la Vera Cruz, al levantar la Copa de la Liga de esa temporada con Eduardo Domínguez en el banco en la final triunfal contra Racing. El Sabalero pudo revalidar para la capital santafesina el título que se le había negado en 1979 a su archirrival Unión, cuando el “Tatengue” perdió la final del Torneo Nacional de Primera División por diferencia de gol. Se dijo: Tucumán, con San Martín; Córdoba, con Talleres y Belgrano; Entre Ríos, con Patronato; Santiago del Estero, con Central Córdoba; y Mendoza, con Independiente Rivadavia, completan el círculo de privilegio de campeones oficiales nacionales del mal llamado “interior”.
Campeonatos, copas, torneos por puntos a una y dos ruedas y por sistema de eliminación directa, títulos jugados a un partido, campeonatos rioplatenses, trofeos definidos por diferencia de gol, por córners a favor o por penales, como se estila en la era moderna desde la década de 1970: 428 títulos oficiales organizados entre 1891 y 2026, repartidos entre 46 instituciones de siete provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
De todo, como en botica.

* Unos garabatos sueltos, pensados y publicados en 90 Líneas.

sábado, 14 de febrero de 2026

100 años de clásicos platenses en el Bosque


El Gimnasia-Estudiantes veraniego de este Apertura será el clásico 103 a jugarse en avenida Iraola y 118, entre cotejos por campeonatos de AFA, copas nacionales, internacionales y amistosos. Del primero de todos, el 3 de mayo de 1925 por la 5° fecha del torneo de la disidente Asociación Amateurs, hasta la histórica semifinal con sello pincha del 8 de diciembre por el Clausura 2025

“El match tradicional para el football platense va a realizarse esta tarde en el estadio que el Club de Gimnasia y Esgrima posee en el predio del Bosque. Nuevamente se encontrarán, pues, en la palestra, los dos equipos que encarnan en nuestra ciudad el mayor poderío y el mayor prestigio, dividiendo las simpatías de los entusiastas por el popular deporte”.
Así anunciaba el diario centenario de la ciudad el tradicional duelo platense a jugarse el domingo 3 de mayo de 1925, en cabeza de página y a cuatro columnas con las novedosas piezas fotográficas de los jugadores titulares de un lado y otro. “Reina acerca del encuentro un interés extraordinario”, convocaba el matutino al recientemente inaugurado estadio del Bosque (el debut había sido en abril de 1924), al que también se identificaba, en esos tiempos fundacionales del fútbol local, como la cancha del Observatorio por su obvia cercanía con el edificio de la UNLP.
Intenso fue el tradicional pleito local, aquel de 1925 que terminó igualado. Luchado por la lluvia del sábado previo que había anegado gran parte del field de Gimnasia y que hizo que el partido se jugara, por momentos, bajo un lodazal que alteró cualquier alternativa de pelota al piso y buen pie. Y por la tangana entre varios de los players después de un encontronazo entre Juan Crocce, defensor albirrojo, y Roberto Felices, que derivó de inmediato en una arremetida del delantero Juan Irurieta contra el half tripero. Fue trompada y a la cara. Varios hinchas saltaron al campo de juego para aportar a la batalla y el clásico a punto estuvo de suspenderse. Pero siguió y los goles recién llegaron en el ST. Convirtieron Roberto Bacci, para el local, y Manuel “el Nolo” Ferreira, en la visita. Fue 1-1.
Aunque ese de 1925 por el torneo de la disidente Asociación Amateurs debió no ser el primero. Hubo uno anterior a disputarse por la 2° fecha de la Copa Competencia 1924 (un concurso similar a la Copa de la Liga actual que jugaban los clubes de Primera pero divididos en zonas de seis equipos) pautado originalmente para el 29 de mayo de 1924. Pero el partido tuvo diversas postergaciones durante el año y el Lobo fue declarado ganador, porque Estudiantes, ya sin chances de clasificar a semifinales, había licenciado a su plantel: el match jamás se jugó. Nada novedoso: una práctica usual de época cuando las competiciones oficiales se extendían hasta ya bien entrado el mes de diciembre o, incluso, enero.

El clásico 103 a jugarse en el Bosque
Tomando como inicio el clásico de 1924 definido en los escritorios por la Copa de Competencia, Gimnasia acumula 102 partidos recibiendo a Estudiantes en su histórico reducto de avenida Iraola y 118. En 100 de ellos actuó de local (hubo dos que se completaron por diversas incidencias en Quilmes: el de 1959 y el de 1969) y en dos clásicos, curiosamente, los partidos se programaron en condición neutral: fueron los disputados por el desempate de la primera fase de la Copa de Competencia 1945 (lo ganó Estudiantes 2-1 en el Bosque y pasó de ronda) y el empate 1-1 por el interzonal de la 6° fecha del Torneo Nacional 1973.
Entre partidos oficiales de campeonatos y copas jugados durante el amateurismo y el profesionalismo, el Lobo en el Bosque acumula 30 plenos contra Estudiantes, con 34 empates y 22 victorias del Pincha, sobre un total de 86 partidos jugados. A ellos se le suman los 16 encuentros amistosos en los que Gimnasia y Estudiantes hicieron duelo en el Estadio Juan Carmelo Zerillo. Allí, se da una llamativa superioridad de los albirrojos, que suman 8 triunfos, contra 4 de los albiazules y otros 4 empates, totalizando los 102 partidos en los que triperos y pinchas se enfrentaron en la cancha del Bosque entre 1925 y 2025.

Duelos para el recuerdo
En orden cronológico, desde los tiempos del fútbol amateur, Estudiantes sacó ventaja en los primeros clásicos jugados en terruño tripero. El primero en cancha fue empate (el arriba reseñado de 1925), pero después el Pincha se impuso consecutivamente en los duelos por los campeonatos de 1926 y 1927 (victorias por 3-1 y 3-0, respectivamente).
Pasarían cuatro años para que el clásico volviera a tener como escenario la cancha albiazul, hasta el inicio del profesionalismo por la 4° fecha del campeonato de la Liga Argentina de Football. Esa tarde fue empate 1-1. En 1932, Estudiantes volvería a sacar pecho en el Bosque con otra victoria (3-2) y recién en 1933, en la recordada campaña del equipo de “El Expreso”, el Lobo rompería la racha y derrotaría por primera vez a su rival de siempre ganándole 1-0 con un gol del juvenil Emilio Del Prette. ¿La particularidad de aquella invernal jornada del 16 de julio de 1933? Gimnasia presentó un once con mayoría de jugadores de división intermedia por una protesta del plantel superior, que reclamaba un premio por terminar puntero la primera rueda del campeonato. Aún con el team de Reserva, el Lobo se impuso por 1-0.
Por el lado albirrojo, ninguno como reaseguro en la memoria popular intangible del hincha como el 6-1 del 7 de julio de 1968, en lo que es, hasta ahora, la máxima goleada de Estudiantes contra Gimnasia en el Bosque. Un clásico aquel, recuerdan las misivas, sin equivalencias entre el equipo de Zubeldía que llegó al Bosque como campeón de América y obtuvo la resonante victoria con dos goles de Echecopar, otros dos del “Bocha” Flores, uno de Conigliaro y el restante de Segovia en contra.
Hubo duelos inolvidables en distintas épocas cuando los amistosos eran más regla que excepción, sobre todo en las noches de la década de 1970 con los tradicionales cruces de las Copas Rucci y Diario El Día. La revancha de la Rucci 1970 se jugó con clima espeso. En la ida, un encontronazo entre el “Narigón” Bilardo y el “Loco” Gatti había terminado con fractura en la nariz del arquero tripero, lo que encima le imposibilitó estar en la revancha del Bosque. Lo reemplazó el juvenil Juan Hutchinson, víctima de un inesperado gol desde la mitad de la cancha, de cabeza, del defensor nicoleño Rubén Pagnanini, quien tras la conquista no tuvo reparos en ir a consolar al golero junto a la “Bruja” Verón. Gestos de confraternidad y de otras épocas. El Pincha ganó esa noche 3-1.
El último amistoso en la cancha de Gimnasia se jugó hace exactamente 25 años. Un 4 de febrero de 2001 por la Copa Municipalidad de La Plata. Fue triunfo tripero con goles del uruguayo Sanguinetti y Favio Fernández. Ese día estuvo Fernando Zaniratto, el hoy DT del Lobo, que entró a los 34 minutos del segundo tiempo por el “Caio” Enría.
Más acá en el tiempo, en el Torneo Clausura 2005 se jugaría el último partido en el Bosque con las dos parcialidades en cancha. Triperos y pinchas en las gradas una misma tarde. Clásico inolvidable para el Lobo que dirigía Pedro Troglio. La última goleada de Gimnasia sobre Estudiantes, la tarde del 12 de junio de 2005, el 4-1 con los goles de Enría (2), Goux y el uruguayo Vargas.

El 4-4 de 2021, el clásico récord
El clásico del 5 de diciembre de 2021, por la fecha 24 de la Liga Profesional, selló su pertenencia en el listado de gala del tradicional duelo, de esos partidos que son excepción a la regla. Hubo cinco goles en un solo tiempo, algo que no sucedía en el clásico platense desde 1971, y ocho gritos en total en un mismo partido por primera vez en la historia de la lidia local.
El PT fue 3-2 para Gimnasia, que enseguida amplió a través de un penal del “Pulga” Rodríguez, la gran figura de aquella tarde que hizo tres de los cuatro goles triperos. Aunque el 4-4 final fue festejo albirrojo tras remontar un 2-4 y una goleada en contra que se antojaba como posible.
El que celebró, también, fue el tucumano Luis Miguel Rodríguez, que quedó en la historia grande del clásico: ese día en el Bosque, se convirtió en el primer futbolista tripero en marcarle tres goles a Estudiantes en una misma tarde.

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sábado, 31 de enero de 2026

La tangana y el último clásico con dos hinchadas


31 de enero de 2016: Gimnasia-Estudiantes en Mar del Plata, hace diez años, por la Copa Ciudad de La Plata. De cuando el resultado quedó en anécdota. Tan protagonista ayer como hoy por su transferencia a Boca, un foul a romper de un desconocido y juvenil Ascacíbar para frenar un contragolpe del Toni Medina desató una hecatombe con ínfulas boxísticas que aún se recuerda

Fue un todos contra todos que aún perdura en la memoria colectiva del futbolero platense. Una imagen icónica, sin envidias de ficción ni antecedentes en la historia moderna del clásico, en la que sobresale Mariano Andújar (buzo negro y el 21 en la espalda) en una ráfaga y a puro 1-2, entre el jab de acomodo de la mano izquierda y el extenso cross de su brazo derecho, apuntando a los rostros de Mazzola, Coronel y Licht. La secuencia es un cine continuado de esa canicular noche.
Enseguida, el arquero albirrojo pierde el equilibrio tras encabezar la golpiza. Mazzola, ahora con ayuda de Coronel (se lo ve con la camiseta 30) y algunos suplentes vestidos con los buzos azules de Penalty, aprovechan el desliz de Andújar para devolverle los golpes de frente y por atrás. El campo de juego ya es un vale todo.
El Chavo Fucks, comentarista de la transmisión de Fox en el Mundialista de Mar del Plata, detallaba la tangana con precisión de bisturí y pedía sanciones ejemplares para los futbolistas: “Enloquecido, (Andújar) le pega al número 25 de Gimnasia (Lucas Licht), pero se cae y Mazzola aprovecha para pegarle patadas en el suelo junto a otros. Si el Tribunal de Disciplina no suspende gravemente a todos estos jugadores que están acá, se tendrían que ir todos a casa o bajar la cortina y esperar hasta que aclare (…) Esto es una locura.”
Hubo otros que optaron por el modo alplax y el sedante amigable entre tanto fuego. Fueron los primeros en separar la cacería mutua de ambos planteles: se los ve en primer plano a Franco Niell (usaba la 22); al técnico del Lobo, Pedro Troglio, vestido con un pulóver suelto color crema; y a Matías Sánchez y Leandro Desábato, por Estudiantes, llegar corriendo, desesperados, para cortar de una vez el noire pugilístico. Iban 48 minutos del ST.
Fue el punto de inflexión: el partido jamás se reanudaría. Estudiantes lo ganó en cancha 1-0 hasta la suspensión del árbitro Silvio Trucco y se quedó con el trofeo que hoy luce en la sede de 53 n°620. Luego la AFA, a los días y por boletín oficial, además de las múltiples sanciones para los futbolistas de aquella noche, le daría por perdido el partido a ambos equipos. Fue, además, el último jugado con las dos parcialidades en el estadio y la última brega de confraternidad entre los clubes platenses.
De esto hace ya una década. Y nunca más.

El partido: el último clásico amistoso de la historia
Por tercer año consecutivo, Estudiantes y Gimnasia era duelo en cancha por los tradicionales torneos de verano de Mar del Plata. Ya se habían enfrentado a partido y revancha en 2014 (los primeros amistosos en 12 años, desde aquel 3-0 del 2002 victorioso para Estudiantes), 2015 y volvían a hacerlo en 2016 con la Copa Ciudad de La Plata en disputa. Nelson Vivas, el DT albirrojo, mandó a la cancha a Andújar, Sánchez, Schunke, Desábato, Pereira, Ascacíbar, Damonte, Gastón Fernández, Augusto Solari, Viatri y Auzqui. El Gimnasia de Troglio fue: Bologna, Oreja, Coronel, Mauricio Romero, Licht, Meza, Brum, Rinaudo, Mendoza, Niell y Mazzola.
Disputado en el primer tiempo, Estudiantes hizo proa en el partido con un gol tempranero de Carlos Auzqui, a los 17, después de un pifie del lateral Facundo Oreja que se queda corto en un rechazo dentro del área. Excelsa definición y 1-0. Delirio pincharrata en la tribuna de calle Canosa, que enseguida lo pudo ampliar con una jugada de la Gata Fernández, que terminó salvando de milagro Mazzola mandando la pelota al córner sobre los 23 minutos.
El segundo tiempo fue un monólogo de fricción, con más lucha que juego y mucho malevaje cizañero como el taconazo de Licht sin pelota contra Damonte o la de Auzqui contra Mauricio Romero que fue solo amarilla por ese intangible lugar común que llama a los árbitros a no desvirtuar el juego.
Pero esto nunca pudo ser aprovechado por el Lobo, que encima desde los 10 minutos ya tenía uno más en cancha por la roja y vestuario para Álvaro Pereira. Un pangruyo el uruguayo, que intentó, a metros de Trucco, una práctica inicial de karate elevando la pierna y los tapones de su botín a 90 grados sobre la cara descubierta de Oreja, en una disputa insulsa pasando la mitad de la cancha. Expulsión, Estudiantes con diez y el lateral tripero reemplazado y asistido por una ambulancia: se había desvanecido. Se jugaba al límite del filo.
El clima, además, ya estaba desmadrado en las tribunas, aunque sin incidentes, por las dos interrupciones provisorias que Trucco había dispuesto mientras la banda tripera exhibía varias banderas con los colores de Estudiantes en la tribuna de la avenida de las Olimpíadas.
Bizantino epílogo, el final mostró la primera jugada clara del Lobo recién a los 37 del ST, cuando lo pudo empatar en una solitaria patriada de Maxi Coronel, que remató de derecha y se fue apenas afuera tras una cascada de rebotes en el área de Andújar. O a dos minutos de la recordada batalla, cuando al colegiado se le ocurre expulsar al arquero Bologna por una supuesta mano afuera del área, en su intento por achicarle un mano a mano a Augusto Solari, cuando claramente la pelota le había rebotado en el pecho al golero nacido en Claypole. Fue el principio del fin: la bronca de los jugadores triperos mutó a gritos y protestas, de las gestuales y de esas indisimulables con insultos, luego de la insólita roja al arquero que solo vieron Trucco y su asistente, todavía en la era pre VAR. Troglio, además, ya había liquidado los cambios reglamentarios. Obligado por norma, fue el defensor Ezequiel Bonifacio el que se calzó de emergencia el buzo verde de Bologna. Un defensor al arco: terreno desconocido.
A los 48, ya en el adicionado, con Gimnasia jugado por el empate, llegó la corrida de contragolpe que encabezó Antonio Medina por izquierda y el patadón del pibe Ascacíbar que cortó el avance de raíz. Seco, abajo: directo a romper. Entre discusiones y estados alterados de uno y otro lado, mientras el Ruso caminaba hacia los vestuarios sabiendo que su expulsión era irremediable, la mano de Medina a la cara de Damonte prendió la mecha y desencadenó la hecatombe resumida en aquella imagen de Andújar simulando a Tyson en el ring del Minella.
Protagonista ineludible de esa noche, Santiago Ascacíbar aún no había debutado oficialmente. Promesa prematura de la categoría 1997, había dado el salto al equipo principal tras la venta de Gastón Gil Romero a Central y debutado en los amistosos de la Copa de Oro de aquel verano marplatense de 2016, contra Racing. Aunque recién se estrenaría oficialmente contra Lanús, en la fecha inicial del Torneo Transición, en la cancha de Arsenal, el 8 de febrero, una semana después de la batalla campal en La Feliz. Tenía 18 años.
Una década después, el Ruso de la “5” es el protagonista principal de la novela del mercado de pases 2026 en el fútbol argentino por su salida a Boca, con campeonatos, copas y cinco títulos oficiales ganados con la albirroja entre 2023 y 2025.

Paredón, sanción y después…
El inicio del Campeonato de Primera División 2016 tenía pauta de arranque para el viernes 5 de febrero. Justo con Gimnasia como protagonista, visitando a Banfield en el Florencio Sola. Lo que faltaba, ahora, era conocer el nivel nocivo del informe de Silvio Trucco y cuántos serían los futbolistas sancionados, de uno y otro club, que se perderían el debut oficial una semana después si eran suspendidos con cuatro o más fechas. Lo que se agravaba con la repercusión a nivel nacional que el escándalo del domingo 31 de enero había tenido en gran parte de la prensa y el nicho del fútbol, que pedía sanciones ejemplares para los jugadores cómplices de la tangana que quedaron escrachados en el pelotón mediático. Lo que pidió el Chavo Fucks, en caliente, en vivo y en directo durante la transmisión de Fox.
Lo había anticipado Guillermo Marconi, titular del SADRA, el lunes posterior: “El informe de Silvio (Trucco) va a ser muy duro”. Y lo fue: hubo doce futbolistas informados (siete de Gimnasia y cinco de Estudiantes) y la peor parte se la llevaron Mariano Andújar y Álvaro Pereira, por el Pincha, y Nico Mazzola, por el Lobo. Los tres recibieron ocho fechas de suspensión. También sancionaron a Javier Mendoza, Roberto Brum y Maxi Coronel, con cinco; e Israel Damonte, Federico Racic y Antonio Medina, con cuatro. Todos ellos, a cumplir durante los partidos del torneo oficial según el artículo 229 del reglamento de Transgresiones y Penas. Sólo “zafaron” Ascacíbar, Solari y Bologna, penados con tres fechas y solo una para el arquero, que podían cumplir la sanción en partidos amistosos y debutar sin alteraciones en el campeonato.
El final del cuento fue sin excusas: “Se equivocó el árbitro y nos equivocamos los jugadores. Es demasiado: está mal”, sintetizó Troglio, al igual que Nelson Vivas. "El árbitro se puede equivocar pero los que cometimos los errores fuimos los dos planteles”.

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